En un tiempo ya muy, muy lejano, vivía en una ciudad llamada Nínive, ciudad grande sobremanera, de tres días de recorrido* y situada en la confluencia de los ríos Tigris y Khosr un pescador junto a su mujer y a sus tres hijos. A pesar de vivir en una ciudad rica conocida como “la del palacio sin rival”, ellos vivían pobremente en una choza situada junto a las murallas, por tanto en las afueras y no lejos de un canal donde amarraba a diario su barca y que le servía de acceso al río.
El pescador despertó ese día con la extraña sensación de que algo extraordinario iba a ocurrir, y así, tras despedirse de su familia, se echó las redes al hombro, atravesó una de las puertas de la ciudad flanqueada por dos magníficos toros alados.y elevó su pensamiento a Ishtar, su diosa familiar, pidiendo un buen día y una buena pesca y así, distraído con sus plegarias y ensoñaciones llegó al borde del canal y subiendo a bordo los pertrechos embarcó hacia el río donde arrojó las redes.
Ya en el río, las horas pasaban lentamente y los peces no se dejaban ver, a pesar de varear insistentemente la corriente del río*; el pescador veía con inquietud como el fruto del día estaba siendo en vano, que el sol estaba ya en lo más alto, que los peces no entraban en la red y que el calor apretaba así que decidió orillar la barca hacia un alto cañaveral. Allí, protegido del calor decidió tomar un bocado y no obstante arrojó de nuevo las redes por si el lugar resultaba más favorable.
En ese estado de quietud se encontraba cuando sucedió que la barca se escoró súbitamente del lado en que las redes colgaban. El pescador no cabía en sí de gozo pues pensaba que la captura sería importante, así que izó las redes impacientemente y en principio se sintió desilusionado pues no había ningún pez a la vista, sin embargo, entre un revoltijo de algas y limo se apreciaba un objeto parecido a una pequeña ánfora de color cobrizo oxidado. Limpió el pescador de barro la vasija que resultó ser ligera de peso y rodeada de enigmáticos signos o bien de alguna escritura desconocida para él y su ancha boca sellada por un sello en forma de estrella. El pescador maravillado pensó en principio llevar la vasija a su choza y abrirla con su familia pero, la impaciencia le venció, retiró cuidadosamente el sello y con una piedra de río de un solo golpe hizo saltar en pedazos el tapón de plomo que sellaba el ánfora.
Tan pronto el sello quedó roto, comenzó a fluir desde el interior de la vasija una especie de humo negro que, dirigiéndose hacia el cielo se transformó en una columna de nube tan enorme que eclipsaba la luz del sol. Ese humo en su parte superior comenzó a tomar forma de un ser humano oscuro y de grandes proporciones del que empezó a distinguirse progresivamente: una cabeza brillante y rapada de cuya nuca nacía una coleta negra que asemejaba una catarata, un rostro de gesto amenazante le contemplaba desde lo alto y, a ambos lados de la cara, dos grandes orejas de las que pendían sendos aros de gran tamaño; sus brazos eran como troncos de árbol con amplios brazaletes cuyos dedos y uñas semejantes a tremendas y retorcidas ramas estaban repletos de anillos cuajados de toda clase de piedras preciosas que brillaban como estrellas en la noche. Una vez que la imponente imagen se hubo formado en su totalidad, al pescador no le cupo ninguna duda. Se trataba de un Jinn*.
Desde lo alto, el Jinn fijando su amenazadora mirada en el pescador, preguntó en un tono parecido más a un trueno que a una voz:
- -¿Quién eres tú?
- Solo un pobre pescador trabajando por su sustento diario - contestó asustado -.
- ¿Sabes que esa preocupación puede que se te acabe hoy?
- ¿Y como será eso? ¿Es que acaso está en tu mano?
- Pues sí, yo lo puedo todo y además no tengo otro remedio que acabar con tu vida.
- Solo soy un pobre pescador que no ha hecho nada malo; en mi vida, sólo conozco el trabajo, el cuidado de mi familia y de lo poco que poseemos.
- La Historia está escrita y no la podemos cambiar. Aunque quisiera, no puedo dejarte con vida.Se trata de la tuya o la mía, ambos no tenemos cabida en este mundo; el por qué de esto viene explicado por las inscripciones de la vasija, tú no puedes entenderlos porque no están en tu lengua pero en ellas se advierte a quien me liberase que sería asimismo la única persona mediante cuyo poder regresaría a mi antigua cautividad. Como comprenderás, está claro; tengo que hacerte desaparecer para siempre si quiero conservar mi libertad.
- Ya veo que tu existencia es simple comparada con la mía pescador, así que no se perderá con tu desaparición gran cosa.
- Sobre mí, - continúo el genio - debes saber que pertenezco a una estirpe tan antigua como el mundo. Vivía en la Corte de Suleyman, yo, junto con otros compañeros trabajamos en todo lo que nos solicitaba, le construimos maravillosos palacios cuyos suelos eran de cristal y los techos de maderas preciosas incrustadas de piedras preciosas que recordaban al firmamento por su esplendor, calderos de oro y complacimos todos sus deseos. És, todavía hoy, un rey sabio y magnífico. Yo, le envidiaba con todas mis fuerzas secretamente. Siempre quise ser como él en sabiduría y poder. Suleyman tenía un sello; yo sospechaba que gran parte de su poder se encontraba en ese sello. cuya forma es por cierto la misma que el que mantenía cerrada mi prisión, me consumía la envidia y tramé robarle el anillo con su sello, y, no sólo lo conseguí, sino que conservo parte del poder del anillo y ahora lo tendré hasta el final de los tiempos.
El pescador escuchaba anonadado las explicaciones del genio y al mismo tiempo pensaba la forma en que podría escapar de su difícil situación.
- Según dices, tienes mucho poder, pero para mí son sólo palabras de charlatán – dijo el pescador-.
- Puedo a tus ojos enrollar la noche en el día y el día en la noche, puedo hacer que el sol salga por Occidente y se ponga por Oriente, puedo cambiar el sentido de los vientos y tu sombra de dirección, puedo hacer cualquier cosa.
- Puedo, puedo puedo... Me cansas, y yo no veo ninguna muestra de tu poder -dijo el pescador-. De hecho yo dudo que en realidad seas un genio y no un simple fenómeno de la naturaleza; quizás mi mente me esté engañando al verte como algo que no eres y solo seas un espejismo o una alucinación causada por efecto del calor. He visto cosas parecidas a tu forma en las tormentas del desierto; remolinos y otros fenómenos, en realidad, eres vulgar, no me impresionas.
El genio, sorprendido por la reacción del pescador cambió la expresión de su rostro que pasó de fiereza a sorpresa y curiosidad por el personaje desafiante pues nunca nadie se atrevió a cuestionar sus poderes y menos un insignificante pescador.
- Explicame, si eres tan poderoso, ¿Como has llegado a parar al fondo del río en el interior de una vasija oxidada y sellada?
- Satisfaré tu curiosidad como un último favor que te concedo antes de hacerte desaparecer para siempre -dijo el genio-
Y continuó: Una vez que robé el anillo a Suleyman, éste, enfurecido inició su búsqueda y yo cometí la torpeza de decírselo a una de las esclavas de su harén, de la cual yo estaba enamorado y a la que, en secreto, pretendía raptar para vivir con ella en una isla lejana. La esclava me engañó con sus promesas y después me delató. Suleyman congregó a su ejército de genios, entre todos me redujeron y me introdujeron en la vasija de cobre, la taparon primero con el plomo que tu rompiste y a continuación con el sello que tú retiraste.
- ¿Y las inscripciones en lengua extranjera? ¿que dicen? - Manifestó el pescador -
- No debería revelarlo, pero ya que estás próximo a desaparecer consentiré en ello. Una vez que los genios me redujeron y me introdujeron en la vasija. Suleyman decidió advertir en su lengua de la peligrosidad que suponía romper el sello, advirtió que quién lo hiciera perecería ya que su vida (ahora mismo, la tuya) estaría en peligro. También las inscripciones manifiestan que sólo el que me hubiera liberado podría devolverme al cautiverio, pero ese no es tu caso. Luego, entregó la vasija a una caravana de mercaderes con el encargo de que la arrojaran al fondo del río más lejano por el que pasara la Caravana, por ello la escritura de la vasija no puedes entenderla ya que es distinta de la que se muestra en vuestras tablillas. Los mercaderes me arrojaron al Tígris donde la corriente me ha traído hasta nuestro mutuo destino.
Escuchado atentamente el relato por el pescador, éste encontró la clave para salvarse, era difícil, pero no imposible. Y en estos términos se dirigió al genio:
- No me convences, seas lo que seas, genio, alucinación o remolino de viento. Tu relato me parece tonto y sin sentido (así comenzó a provocar al genio) y siguió: en realidad no vales nada y no creo que fueras capaz ni de construir palacios con techos de gemas ni pavimentos de cristal. No eres más que un charlatán.
El genio encendido por las provocaciones del pescador le dijo:
- ¡Basta de charlas! Si no me crees te daré una prueba, una solo. Dime la que deseas y te la concederé, pero después morirás.
Entonces el pescador viendo próxima su liberación se dirigió al genio en estos términos:
- Genio o lo que seas. Si de verdad lo eres, usa el poder del que presumes. yo no creo que seas capaz por tu tamaño de haber salido de esta vasija tan pequeña. Demuéstrame que en realidad estabas dentro.
Sea, dijo el genio, y convirtiéndose en un veloz y negro torbellino se introdujo en la vasija diciendo ¿Ves, pescador? ¡En realidad puedo hacer cualquier cosa!
Entonces el pescador rápidamente tomó un puñado de limo del río, tapó la vasija y colocó de nuevo el sello de Suleyman sobre la boca quedando de nuevo herméticamente sellada y con el genio en su interior. Grandes alaridos pudo escuchar el pescador, la vasija vibraba y se agitaba y parecía que iba a reventar de un momento a otro, pero el genio había regresado a su antiguo estado de cautiverio.
Rápidamente el pescador dirigió su barca hacia el lugar donde la corriente del río era más fuerte y allí arrojó la vasija que se sumergió hasta lo mas hondo, cumpliendo de esta manera la voluntad de Suleyman y por tanto lo indicado en las inscripciones de la misma.
El pescador aliviado regresó a la orilla y sin más se dirigió al templo de Ishtar para agradecer a su protectora la inspiración y la ayuda que le había prestado para salir del aprieto y a continuación a su choza donde le esperaba la reprimenda de su mujer al verle llegar con las manos (y las redes vacías) quejas, que el pescador aguantó con una sonrisa de felicidad ya que a nadie manifestó jamás su aventura que guardó para sí mismo.
Y ahora es tiempo de que el autor diga “Colorín Colorado”
Y el lector responda: “Este Cuento ha terminado”.
- * Según el Libro de Jonás
- *Según costumbre de los pescadores en el Nilo
- *Genio según la mitología árabe
A GAbriel
Original de Francisco López