Este
es un sublime canto al amor y a los sentimientos, a la belleza, a la
espiritualidad y al caprichoso destino. Calificado por su autor al
principio del canto denominado “Vuelo” como “antiguo
relato de cosas místicas”, tanto Cristianismo, Islam y Judaismo
comparten el magnifico relato de José, hijo de Jacob raíz de las
doce tribus de Israel, siendo dos de las tribús Efraím y Manasés
las correspondientes a los hijos de José cuya Casa fue especialmente
bendecida. Este relato está lleno de ejemplos pero también de
misterios y de contradicciones que, como en la vida, a veces nos
hacen dudar de que en los acontecimientos del mundo exista una lógica
o bien, si somos simples juguetes de un destino caprichoso o si por
lo contrario todo lo mueve la mano de Dios, al que se reconoce pero
no se le comprende. El relato de José, acaba más que bien pero
comienza muy mal, su vida como los meandros de un rio laberíntico da
muchas vueltas hasta llegar a su desenlace final, está lleno de
metáforas y admite tantas interpretaciones, esotéricas y exotéricas
como lecturas, hay quien solo descubre en él un relato en forma de
cuento, otros por el contrario ven interpretaciones y enseñanzas por
todas partes muchas de ellas místicas, a otros les gusta investigar
sobre la numerología , ¿por qué el número “7”?, 7 vacas, 7
espigas, 7 habitaciones del palacete, otros ven en la actitud de
Zuleika una pasión terrenal, otros un amor por lo divino que se
lleva mal con la parte del desgarro de la camisa de José. Podría
ser objeto de estudio y múltiples interpretaciones la comparación
del físico de Zuleika con las letras Alef, Mim y Sim y los valores
numéricos que hay tras ellas. ¿Que simbolismo se esconde en el acto
de colocar un amuleto en forma de serpiente en el tobillo de Zuleika?
¿A que lobos se refería Jacob cuando temía que hiriesen a José?
¿Los lobos animales o “los lobos” sus propios hermanos? ¿Que la
majestad de José no cambie al serle encomendado un rebaño, no es
todo un símbolo de adaptación hacia un cambio de status? Todo el
poema se presta a dobles interpretaciones ocultas y profundas.
Zuleika podría ser la auténtica víctima. ¿Quién puso los sueños
y la pasión en su corazón? ¿Quien le inspiró tentar a José?
Según El Corán 2:217 “Tentar es más grave que matar”. José
es siempre defendido por Gabriel más ¿Quién la defiende a ella?
Por una parte ella confía en un ídolo de piedra al que siempre
adoró, pero por otra parte es Gabriel quién se le aparece para
decirle que a pesar de todo la confusión, su sueño se cumplirá ¿Es
imposición divina a través de Gabriel que José finalmente acepte a
Zuleika? ¿Nos quiere transmitir el autor que nuestro destino está
pre-determinado y que hagamos lo que hagamos se cumplirá el decreto
escrito para nosotros? ¿Todo empezó a ir bien a raíz de la
conversión de Zuleika? Esas preguntas y muchas más sugieren la
lectura de la obra cuyo contenido es muy difícil asimilar en su
totalidad. Éste es uno de los relatos que sin duda hace pensar.
Por otra parte, es muy
difícil transmitir a través de las traducciones el auténtico
espíritu de la obra de Jami, si nos atenemos a la traducción
estrictamente literal de los versos se pierde parte de su belleza,
hay cierta dificultad para traducir los pensamientos, los matices,
los conceptos con doble sentido que incluye el original árabe. No
obstante la obra tiene suficiente entidad para ofrecer poesía,
espiritualidad y moralejas a raudales, en ocasiones a través de
metáforas. Pero nada puede compararse a la obra original.
En el canto dedicado a “El
Jardín”, Jami nos lo describe de manera exquisita con
delicados versos,
“En
el jardín de la felicidad donde ninguna enfermedad podía entrar.”
Más que el Jardín de
Zuleika parece referirse al Jardín del Paraíso, y quizás se trate
de ambos. A lo largo del poema se compara a José con un ciprés,
quizá ese ciprés para Zuleika sea la tentación que le ha hecho
perder el particular paraíso en el que ella vivía, lo tenía todo,
salvo a su amor en sueños y a todo podría renunciar por
conseguirlo, incluso a ese paraíso, que al parecer todos los humanos
tenemos y al que “algo por conseguir” supone el precio de
finalmente obtenerlo.
Es espectacular la forma en
que se describe el palacio que Zuleika confía al ama que le
construya, en él se hace toda clase de insinuaciones. Algo mágico
había que construir y decorar con laberintos de estrellas, un
pabellón en Saturno y por si fuera poco representar la séptima
esfera.
El tener un conocimiento
aunque sea superficial de la obra de Jamí es motivo más que
suficiente para adentrarse en el mito de José y Zuleika.
Es muy interesante el
tratamiento que Jamí da a los sueños, sabíamos de las visiones de
José, pero Jamí, en el poema pone a la misma altura a Zuleika con
el mismo numero de sueños o visiones que no son tan claramente
interpretables como las de José; incluso siendo visitada en su
desesperación también por el ángel Gabriel. En cualquier caso.
tomando como pretexto el relato de Jami se pretende hacer una
introducción al poema, muy extenso en su versión original y
exquisitamente poético en su fondo y en su forma.
Por otra parte interesante
y muy curioso en el trato que las distintas religiones le otorgan. El
Mito de Yussuf y Zuleika o José y Zuleika
Es recogido por las tres
religiones monoteistas y en cada una de ellas constituye un
relato-fabula de gran belleza en las que se cuenta la misma historia
pero con ligeras variaciones.
Aparte de la presencia en
las religiones el relato ha cautivado a poetas sobre todo orientales
una de las versiones más
populares es la de – 1414 – 1492 otra versión persa, la de
Abul-Mansur Qasim – Firdousi 932-1020
La
Historia de José y Zuleika según las religiones
En el Islam la
Sura de Yussuf, plasmada en El Corán es como en una trenza, enlaza
con habilidad las dos historias, la de José y sus hermanos y por
otra la de José con Zuleika y es una de las Suras mas bellas y con
más carga didáctica.
José, uno de los
hijos de Jacob bendecido por Dios con el Don de la profecía,tiene un
primer sueño en el que estando en el campo recogiendo trigo, once
gavillas se inclinan hacia la suya, lo comenta con sus hermanos y
todos interpretan el sueño como una sumisión hacia él, mas tarde
tiene un segundo sueño que le comenta a su padre en el cual once
estrellas el sol y la luna se inclinan ante él y Jacob interpreta
que debe mantener en secreto esas visiones. En cualquier caso, ante
los sueños de José, y la preferencia de su padre por los dos hijos
pequeños, José y Benjamín, el resto de los hermanos por celos
deciden matarlo, pero por la intervención de uno de ellos deciden
que conserve su vida y le arrojan a un pozo del cual es rescatado por
una caravana de mercaderes que lo vende como esclavo a Putifar,
personaje de confianza de Faraón y marido de Zuleika, ésta cae
enamorada ante la belleza de José.Ese amor y atracción por José
lleva a Zuleika a no distinguir entre el bien y el mal y la lleva a
decidirse a revelarle su pasión y conquistarle mediante una
estratagema que no da los resultados previstos ya que José la
rechaza a pesar de desearla, ella despechada le rasga la camisa como
astuta defensa y le culpa a él de la agresión de la cual en
principio es absuelto pero que le lleva a la cárcel donde interpreta
dos sueños a los compañeros de celda. Uno de ellos será el que le
lleve posteriormente a Faraón para interpretar el sueño de las
espigas y el de las vacas. En agradecimiento a la interpretación
Faraón decide concederle ser el administrador de los almacenes del
reino a donde acuden sus hermanos en la época de hambruna a
conseguir trigo y donde tras un enredo con una copa de oro consigue
retener a su hermano pequeño Benjamín. Jacob decide enviar de nuevo
a Egipto a sus hijos para conseguir noticias de sus dos hijos
pequeños y es cuando José se descubre a sus hermanos sin rencor y
manda hacer traer a su padre Jacob y a todos los suyos a Egipto y es
el momento en que Israel entra en Egipto. La historia de Zuleika en
el Islam queda por tanto en suspenso tras reconocer ella misma su
culpabilidad y ya no se vuelve a mencionar al personaje. José es
considerado por el Islam como profeta.
C.40:34. Ya
antes había venido José a vosotros con las pruebas claras y siempre
dudasteis de lo que os trajo. Hasta que, cuando pereció dijisteis:
'Dios no mandará a ningún enviado después de él'. Así extravía
Dios al inmoderados al escéptico».
En cuanto al
Judaismo el relato forma parte del Genésis y por tanto del
Pentateuco y de la Midrash y en interpretación del Sefer Guilgulei
Neshamot atribuye la reencarnación de José en Yehoshuah (Josué) y
la reencarnacion de Zuleika en Rahab una de las cuatro mayores
bellezas de las Escrituras. Yehoshuah o Josué se casó con Rahab
haciendo realidad el final del relato. No obstante esto habría que
interpretarlo con precaución ya que intenta convertir un cuento de
amor en una realidad mediante una incierta reencarnación. Según el
libro de Josué, Rahab era una prostituta que vivía en Jericó en la
Tierra Prometida y ayudó a los israelitas al frente de los cuales
estaba Josué en la conquista de la ciudad. En agradecimiento Josué
la dejó a Rahab y a todos los suyos con vida, conquistando Jericó
en uno de los episodios mas violentos de la Biblia ya que solo
salvaron tras el asedio el oro y plata, no quedó nada con vida,
todo se consagró al anatema: hombres y mujeres, jóvenes y viejos,
bueyes, ovejas y asnos cayeron a filo de la espada en la conquista de
Jericó.
En el
cristianismo aparece la figura de José en el Genesis 37 cuando
con 17 años apacentaba un rebaño junto a los hijos de Bilha y a los
hijos de Zilpa, esposas de su padre en Canaán. Amaba Jacob a José
más que a ninguno de sus hijos por ser el hijo de su vejez y, junto
con Benjamín el más pequeño de todos los hermanos eran ambos hijos
de Raquel por ello le distinguió con un manto de colores que provocó
la envidia de sus hermanos, tras los dos sueños en los que se
interpretaba que su familia se inclinaría ante él, que provocaron
que la envidia de los hermanos aumentara y despertó el recelo de
Jacob sobre la seguridad de su hijo. Este un día decide enviarle
desde el valle de Hebrón a Siquem donde sus otros hermanos
pastoreaban y traerle noticias de ellos, así lo hizo encontrando a
sus hermanos en Dotán. Los hermanos viendo a su hermano fuera del
alcance del padre deciden en primera instancia matarlo pero por la
intervención de Rubén, deciden arrojarlo a un pozo tras despojarle
de la túnica de colores con la que su padre le había distinguido y
manchándola de sangre de un macho cabrío, así, deciden engañar a
Jacob diciendo que una fiera lo había matado; pero Jacob por
inspiración divina supo que aquella no era la historia real. Pasaron
por el pozo unos mercaderes madianitas, sacaron a José del pozo y se
lo vendieron a los ismaelitas por 20 piezas de plata y estos llevaron
a José a Egipto donde lo vendieron a Potifar capitán de la guardia
de Faraón, a partir de aquí la historia es la misma: acoso de la
esposa de Potifar a José mediante la misma estratagema sin conseguir
ser correspondida pero sin las figuras poéticas de la aparición de
Jacob para prevenir a su hijo y sin mayores adornos e incluso sin dar
mayor relevancia a la figura de Zuleika cuyo nombre ni se menciona en
las Escrituras refiriendose a ella como “la seductora” En las
Escrituras la historia de amor es otra muy diferente de la de Jami:
Faraón agradecido por la interpretación de los sueños se quitó el
anillo de la mano y le dió un collar de oro símbolos de poder y
autoridad y le vistió con los trajes de honor mas ricos. El Faraón
llamó a José: Safnat Penéaj y le dió por mujer a Asnat, hija de
Poti – Fera (no confundir con Potifar) sacerdote de On. Antes que
viniesen los años de hambre, le nacieron a José dos hijos que le
dio su mujer Asnat, al primogénito le llamó Manasés y al segundo
Efraím. A la muerte de José sus huesos fueron trasladados desde
Egipto a Siquem en la parcela que su padre Jacob había comprado a
los hijos de Siquem y que pasó a ser heredad de los descendientes de
José.
Resumen
del poema de Jami
Mevlana -Abd-er-Rahman
Dschami o Jami - poeta persa (Herat 1414-1492)
Jami está considerado como
el último de los grandes poetas de Persia nación en Jam una pequeña
ciudad de Jurasán cerca de Herat y de ahí toma el poetico nombre de
Jamí A los cinco años recibió el
nombre de Nuru-d - din o “Luz de la Fe” más tarde por su afán
de aprender y por la santidad de su forma de ser le otorgaron el
tratamiento de Maulaná (Nuestro maestro) estudió en Herat y en
Samarkanda y no solo se convirtió en el mejor de los alumnos sino
que sobrepasó incluso a sus maestros, su fama no sólo se extendió
por toda Persia sino que trascendió las fronteras y se le conoció
en toda Asia. Fue llamado a la corte del Sultán Timur y todos los
nobles e intelectuales se disputaban su compañía, tras su
peregrinaje a La Meca y una breve estancia en Bagdad murió en 1492
Dedicó toda su vida al estudio y a la literatura, a su muerte dejó
50 volúmenes entre poesía, gramática y teología, dieciséis de
ellos poeticos; aunque su nombre popularmente está asociado a José
y Zuleika, al Beharistán y a Salaman y Absal
que es lo último que produjo en sus últimos días. Sus siete
mejores poemas están recopilados en una obra bajo el nombre de Heft
Evrang, Tratado llamado
de Las Siete estrellas de la Osa
o también de Los Siete Tronos
que consiste en siete poemas románticos siendo los mas notables
José y Zuleika, Leila y Madschnun y el Hirednameh Iskénder
o Libro de la sabiduría de Alejandro
No obstante el nombre de Jamí está en Occidente asociado
principalmente a José y Zuleika
El poema es bastante extenso, consta de 74 cantos comenzando con toda
una serie de alabanzas al Creador al Profeta y oraciones solicitando
ayuda, cada uno de los cantos tiene un título y el contenido del
poema persa se aparta en muchas ocasiones del relato bíblico y
coránico, e incluso el poema persa, que en principio hace mención
al padre y los hermanos de Jacob, Jami lo resuelve en el canto El
Pozo, a través de una aparición de Gabriel a José en el pozo en el
que le manifiesta que a sus hermanos los volverá a ver en el futuro
pero que hasta entonces mantenga su vida y su identidad en secreto.
No parece considerar relevante el autor continuar la historia de los
hermanos ni el re-encuentro con sus padres en Egipto y por tanto dar
el final que dan las Escrituras a la historia para centrarse
solamente en la pareja y en la historia de Zuleika y José.
Las
escasas traducciones existentes van a través del persa al alemán,
al inglés, al francés, la inmensa mayoría no cubren la totalidad
del poema algunas representan las tres cuartas partes, otras quedan a
la mitad y en la mayoría de los casos no llegan ni a la mitad, por
tanto la coherencia, la poesía y por supuesto la rima se pierde de
forma que traducidas a los llamados “Blank verses” suele perder
casi toda la sensibilidad, el sentido y la delicadeza y es por tanto
una leve sombra de lo que el autor quiso transmitir, pero es todo lo
que hay y por ello el siguiente esquema es introductorio y narra sin
pretensiones el argumento principal pero sin tocar apenas la parte
sensible y poética.
José
y Zuleika
El poema comienza con el Prologo y con un precioso verso:
(…)
“Abre,
Oh Dios el capullo.
Despliega,
Oh Dios, el capullo de la esperanza,
desprende
de Tu eterno paraíso una rosa
cuyo
aliento pueda inundar mi cerebro
y
sus hojas, cual labios
hagan
sonreír a mi jardín (corazón).”
Para continuar con una Invocación a Dios: (…)
“A
Él yo invoco. Llamo al Guardián de los mundos, al Señor,
cuyas
alabanzas adornan la lengua como las gemas a la espada;
Humedecida
en la fuente de la gracia, la lengua,
encuentra
su mejor éxtasis cuando Su nombre es cantado.”
A continuación, siguen varios cantos: al Creador, otro solicitando
ayuda, otro en honor del Profeta, para llegar al Canto denominado
“Belleza” y es en éste en el que puede decirse que
comienza la trama del relato. En este capítulo hay una referencia a
los amores entre Leyla y Majnun adaptados por el también poeta
persa Nizami y también hacia otros clasicos amantes de la
literatura persa como Shirin y Kosroes, denominado Parviz o “el
victorioso” último rey persa de la dinastía sasánida, que
aparacece también en el Shanameh o Libro de los Reyes
de Firdusi y en el Farhad,
Zuleika, según el
poeta Jami era la hija de Taimús Rey de Mauritania joven de una
belleza extraordinaria, según describe el poema:
(…)
Sus ojos
semejaban los de una cierva y largas pestañas los sombreaban. Al ser
hija de rey era de natural regio; era en resumen, la mejor joya de
los tesoros de su padre, la perla de su diadema. Su cuerpo era
flexible como un ramillete y a pesar de su esbeltez no le faltaba
gracia, como una palmera, se doblaba al viento, irguiéndose al
momento, de modo que el cuerpo de Zuleika se curvaba graciosamente
cuando paseaba.
Sus dientes
eran como perlas en el estuche de terciopelo de su boca, su mentón
blanco como el marfil y unos graciosos hoyuelos ahuecaban sus
mejillas lisas y rosadas como el melocotón maduro.
Sus ojos
negros, contra su tez blanca, eran como las pepitas de una sabrosa
manzana.
Su padre le
había regalado maravillosas telas, de brocado y de seda; y no pasaba
día sin que le hicieran suntuosos obsequios, de modo que la joven
había recibido de su padre parte del botín de numerosos enemigos.
Su bondad y su
dulzura igualaban a su belleza; y así hacía tan felices a quienes
tocaban su mano consiguiendo que se olvidaran de sus males.
Sus delicados
pies tenían por uñas pétalo de rosa; su piel era tan blanca como
la leche y tierna y la carne tierna como la de un lechal. En la
cabeza lucía una corona, cada una de cuyas piedras hubiera servido
para comprar una provincia, y en las orejas unos rubíes, cada uno de
los cuales hubiera servido para adquirir una ciudad.
Pero sus
adornos, aunque magníficos en sí mismos, perdían su esplendor ante
la hermosura de la que los lucía.
Un príncipe de
sangre real no hubiese sido digno de besar uno de sus pies ni el
borde de su túnica que era la única que tenía la dicha de ceñir
su cuerpo.
Se solazaba con
las mas bellas hijas de los grandes jefes, y sus esclavas eran las
mas hermosas entre las esclavas.
Su corazón
puro ignoraba el amor y todas sus acciones eran las propias de una
niña; ignoraba el dolor y vivía en una felicidad perfecta.
Una noche en sueños se le
presentó la visión de una figura de hombre de tan extraordinaria
belleza que cayó locamente enamorada de él. El hombre tenía una
corona en la frente de majestad y gloria.
El sueño es
descrito de esta manera según el poema de Jamí:
“Todo dormía
en la noche pura; las estrellas del cielo, los pájaros en los
árboles, los peces en los lagos y las campanas. En su mansión
custodiada por muy atentos vigilantes, Zuleika descansaba en
su lecho de brocado de oro; unos narcisos blancos brillaban en sus
sueltos cabellos, sus ojos estaban cerrados, pero su corazón
palpitaba y su imaginación trabajaba; le pareció, de repente, que
un joven muy bello estaba de pie junto a su lecho. Le pareció que el
sol brillaba en la estancia, pero sólo era la radiación de su
visión; en su rostro había signos de una beldad celeste; la mirada
de sus ojos atravesaba el corazón de Zuleika, y de su boca
embalsamada de almizcle, surgían palabras dulces como el murmullo de
una fuente, cuya agua pura hubiera pasado entre guijarros de perlas y
rubíes, sus dientes y su boca.
Sus brazos eran
blancos y lisos como los brazos de las peris y las huríes, pero no
podía existir una peri o una hurí de tan gran belleza.
Así Zuleika
sintió que el amor entraba en su corazón e hinchaba sus senos.
Todos sus
pensamientos se dirigieron al amor y tan transportada se sintió que
acabó por llorar y perder por completo el sentido. Tal es el poder
de una imagen vista en sueños”.
El sueño que en
principio la cautivó, con el tiempo provocó que cayera en un
estado de profunda melancolía producido por el amor inalcanzable que
en ella nació hacia lo que creyó una especie de fantasma
inexistente, su ama viendo el deterioro le pregunta lo que le ocurre
y ella dice estar enamorada de un sueño, El ama le contesta
sabiamente que según la máxima de los sabios si el sueño es verdad
se convertirá en verdad y si es falso nunca se cumplirá. No
obstante hace saber al rey Taimús en que estado se encuentra su hija
que decae peligrosamente, su padre preocupado, convoca a los sabios a
los que comunica el estado de su hija que en su locura no atiende a
razones y para salvaguardar su cordura, vitalidad y belleza deciden
colocar en su tobillo una serpiente de oro con piedras preciosas ya
que según la tradición del lugar a la serpiente se le consideraba
la guardiana universal de los tesoros. al cabo de un año tiene lugar
la segunda visión o sueño, al que sucede un tercero y en este se
produce una conversación entre Zuleika y su amado en el que ella le
suplica que le diga quién es él y donde puede encontrarle. José
siempre en el tercer sueño responde que vive en Egipto y que es el
Gran Visír. Para Zuleika esta revelación es un retorno a la vida y
a la cordura, por ello pide a su padre que le retiren el
amuleto-serpiente de su tobillo, pues nada hay que temer ni guardar;
el padre obedeciendo abre las fauces de la serpiente de oro y libera
a Zuleika del mágico talismán y ella junto a la ilusión y
esperanza recupera toda su belleza y el encanto perdido, belleza que
trasciende las fronteras y que atrae a gran cantidad de jóvenes
pretendientes, señores de tierras lejanas para pedir su mano que
ella por sistema rechaza. Sólo tiene un amor y es el sueño del
maravilloso joven Visir de Egipto. Pero de Egipto no llega ningún
pretendiente. Cuando Taimús padre de Zuleika se entera de que el
corazón de su hija, lo ocupa el Gran Visir de Egipto, decide enviar
una embajada informándole de los sentimientos de su hija y alabando
su belleza, el mensaje lleno de palabras amables explica que los
lazos del amor deben unir a la pareja va acompañado de exquisitos
presentes. El Visir de Egipto, que en aquel momento, era eunuco de
Faraón, acoge a la embajada y entusiasmado comunica que no puede ir
personalmente a la corte de Taimús porque obligaciones le retienen
en Egipto pero que a modo de conformidad con el compromiso enviará
200 literas cargadas de oro y miles de sirvientes elegidos entre
mujeres y hombres como regalo. Con el regreso del mensajero y su
respuesta Zuleika ve próximo el cumplimiento de su sueño, su padre
está feliz con el estado de su hija y decide preparar inmediatamente
la caravana y la escolta que la llevarán a Egipto, no menos fastuosa
que la recibida de Egipto, la caravana transporta gemas de valor
incalculable, caballos y camellos, las más fabulosas perlas y
zafiros, ámbar y áloe, sirvientes y un enorme séquito de
sirvientas acompañaban a Zuleika hacia Menfis en Egipto.
El viaje
transcurre atravesando desiertos y diferentes parajes y climas, hasta
que la comitiva por fín divisa Menfis y un emisario del Gran Visir
anuncia su llegada y una escolta como no se ha visto sale al
encuentro de Zuleika con el Gran Visir Potifar que no el José de sus
sueños a la cabeza para conocer y dar la bienvenida a la futura
esposa. Mientras ella suspira de emoción viendo que se aproxima el
momento del encuentro con el que ella piensa que es el amado de sus
sueños y que en breve, esos sueños se convertirían por fin en
realidad.

Ante los gritos
de aclamación del pueblo que anunciaban la llegada de la comitiva
del futuro esposo; Zuleika, impaciente por ver en persona al hombre
que ama, pide a su ama que le ayude a adelantar el momento de verle
en persona y el ama hace un pequeño agujero en los cortinajes de la
litera. Pero lo que ve la llena de desilusión y consternación, pues
se encuentra con que su futuro marido no es el personaje de sus
sueños y pide al cielo que si no es con aquel que ella ama que la
libre del matrimonio, su clamor es escuchado y recibe la visita del
Pájaro de la Consolación que no es otro que el Ángel Gabriel que
le dice:
“Lo que crees
imposible de soportar te resultará soportable. Inconsolable,
llegarás a consolarte. Tu prometido no es el que tú amas; pero por
él llegarás a encontrar el objeto de tu amor. Cálmate, la perla
que buscas no está perdida para ti.”
No obstante hay
por parte de Zuleika una muy bella lamentación hacia el Destino ya
que no encuentra motivos para ser tratada de esa forma. Zuleika en
Egipto se va marchitando en lamentaciones sin fin y su única fuerza
es recordar lo que el ángel le dijo y solo piensa en la forma en la
que se materializará, pasaron meses y pasó un año de sufrimiento y
pena encerrada en su lujoso palacio poniendo en duda que algún día
se encontraría con su amado.
La esperanza
comienza a tomar forma al final del canto llamado “Suspirando”
y los siguientes versos nos dan la pista:
Levanta
Jamí!, levanta! (el autor a si mismo se dirige)
Aparta tu pensamiento a un lado.
Y
la luna de Canaán, desde Canaán guía,
En
el corazón de Zuleika, la dulce esperanza aún es fuerte,
como
cuando mira al camino que tantas veces ha contemplado;
Mucho
lleva esperando y esperando, soportando.
Permite
a su amado aparecer, y a su corazón ser curado.
José, por tanto
aparece en el siguiente canto llamado Envidia en el cual bellamente
se describe por un lado la pasión de su padre por él y por otro el
motivo por el que los hermanos decidieron más adelante echarle en un
pozo:
“Sabios
que guiaron la pluma de los viejos,
Así
la historia han construido y contado:
Cuando
José en estatura y belleza creció
El
corazón de su padre hacia él se volvió;
el
anciano dejó a un lado al resto (de sus hijos)
por
la manzana de sus ojos, (José) su alegría y su orgullo;
y
hacia él tanta bondad y consideración mostró,
que
los corazones de sus hermanos brillaban de envidia.
En
el patio de la casa había un viejo árbol
cuyas
ramas cubiertas de hojas daba gusto ver;
en
su vestidura verde, como ascetas los brotes
bailaban
en un rapto de alegría y alabanzas,
desde
abajo del patio creció,
y
su imponente altura larga sombra proyectó,
cada
hoja del árbol era una lengua que habla,
cantando
un himno.
Cuando las hojas se mecían,
al
cielo se elevaban las ramas de su copa,
cuyos
pájaros eran ángeles que descansaban en ella,
Cuando
Dios concedió un hijo a Jacob;
de
ese árbol que rivalizada con los árboles del cielo
una
tierna ramita brotó de nuevo,
creciendo
a la par que el niño;
y
cuando el muchacho llegó a su virilidad
recibió
un palo verde del honorable árbol,
pero
sólo para José, el primero ante los ojos de su padre,
un
palo de ese árbol significaba un premio;
una
austera vara cortada no era un premio para nadie,
de
su propio jardín del alma, para su amado hijo.
Una
noche el muchacho gritó a su padre:
“Oh
tu cuyos deseos nunca son negados,
al
Señor del Paraíso ofrece tu plegaria y
consígueme
un palo de aquel jardín
que
donde quiera que mis pies pueda desviarse,
desde
la juventud hasta la vejez pueda guiar mi camino”.
Humildemente
el padre se inclinó y rezó,
y
suplicó al Señor por la solicitud de su hijo,
entonces
Gabriel bajó desde lo alto de Gaokerena, su celestial árbol,
un
báculo de brillante topacio resplandecía en su mano,
que
nunca había sufrido herida o defecto
de
hacha, de tiempo o de alteración por la sierra,
precioso
en valor pero ligero de empuñar,
espléndido,
con los matices del campo de su origen
Y
una voz fue escuchada: “Toma el báculo que traigo,
el
cual sostendrá, como una columna, el trono de un rey”.
Así
José, fue bendecido y favorecido por el cielo;
pero
la envidia ardía fuerte en el pecho de cada hermano.
Cien
varas de madera eran una carga más ligera
para
ellos que esta vara que el Señor concedió
Cayó
un antojo en cada pecho por separado,
y
cada uno sembró la semilla del odio profundo en su corazón;
Él
cuidó del semillero con profundo cuidado,
Pero
la vergüenza era el fruto que el árbol debía producir.”
En cuanto a la
descripción de la vida de José el poema de Jami se inspira en la
versión de las Escrituras pero acentuando su belleza física
sobrenatural descrita como un don especial concedido por Dios y
recordado como haber sido tan grande que ninguna mujer podía mirarlo
sin enamorarse. José estaba siempre rodeado de un aura como de luz
celestial considerada como un logro debido también a su belleza
moral y sabiduría que desprendía su mente.
Describiéndose en
el poema de la siguiente forma:
En Canaán vivía Jacob, que poseía grandes riquezas y había tenido
doce hijos, uno de los cuales, José, habiendo perdido a su madre
cuando apenas contaba dos años de edad, era objeto de toda ternura
por parte de su padre. Éste le hizo criar y educar aparte por su
tía, que le tenía gran cariño pero cuando hubo crecido un poco,
Jacob, sintiendo añoranza por José, lo llamó a su lado. Pero el
muchacho fue objeto de una artimaña a fin de retenerle. Su tía,
(hermana de Jacob), antes de dejarle marchar, le regaló un talismán
sagrado que había heredado de Isaac que debía apartar de él toda
desdicha. Era un cinturón enriquecido de piedras preciosas, con el
que rodeó la cintura del joven sin que él se diera ni cuenta de que
lo llevaba. A continuación la tía con gran excitación denunció
que su cinturón había desaparecido. Tras emprender todos su
búsqueda fue encontrado en la cintura de José que lo portaba sin
darse cuenta, su tía le acusó de haberle robado el cinturón. Había
una antigua ley en vigor por la cual en el caso de robo si el ladrón
era descubierto como pena se le imponía ser esclavo de la persona
ofendida en este caso robada. La ley fue aplicada, José fue retenido
por su tía y no fue devuelto a Jacob en ese momento lo que produjo
en Jacob un sentimiento de añoranza mucho más fuerte por su hijo y
todos su pensamientos giraban sobre José.
El primer sueño de José en el que el sol la luna y once estrellas
se inclinan ante él, se lo comunica a Jacob su padre con una sonrisa
pero el padre lejos de sonreír le aconseja cuidado y que no se lo
cuente a nadie por no aumentar la envidia que de por sí le tienen
sus hermanos. Pero uno de ellos con quién José compartía el
secreto lo revela a todos los hermanos y la reacción de los hermanos
contra José es así:
“Contra
el inocente muchacho conspiraron
Dijo
uno:
“Nuestros
corazones por la pena han sangrado
y
su sangre debe fluir por la sangre que él ha hecho derramar”.
En principio acuerdan entre todos un complot para llevarle fuera del
control de su padre a un lejano valle donde hay lobos y zorros y que
ellos se encarguen de él, pero uno de ellos sugiere encontrar un
pozo cerca de donde pasan las caravanas de mercaderes y abandonarlo a
su suerte en este diabólico plan están todos de acuerdo y también
en el deseo de herir el corazón de su padre. Disfrazan el plan
proponiendo a Jacob que les deje llevarse a pastorear a José a
tierras que no conoce, que podrá jugar y entretenerse, el padre
manifiesta su inquietud y teme que sea víctima de algún lobo (sin
duda no se refería a los animales sino a los hermanos). Ante eso,
los hermanos alegan que siendo ellos diez (Benjamín, hijo de Raquel
como José era el más pequeño y por tanto no pastoreaba) podrían
librarle de cualquier amenaza o agresión. La explicación no deja
muy contento a Jacob, pero acaba cediendo.
El Pozo
José es arrojado por sus hermanos a un profundo pozo, en el fondo
hay agua podrida y serpientes y un aire irrespirable. Se libra de
llegar al fondo gracias a una piedra que milagrosamente, sobresale en
un lateral del mismo y de las serpientes también se libra ya que
llevaba una camisa de seda que actuó como amuleto. Esa camisa fue
regalada por Rizván el portero del Paraíso a Abraham y fue la que
le libró a él de las llamas cuando fue condenado por Nimrod a morir
en un horno. En aquella ocasión, gracias a esa camisa el fuego se
convirtió en frío. La camisa pasó a Jacob y éste se la cedió a
José. Al caer José en el pozo, por el efecto de la camisa la
tiniebla del mismo, se convierte en radiante luz, el agua pasa de
amarga a dulce y las serpientes y las alimañas desaparecen.
José recibe en el pozo la visita del ángel Gabriel quien le anuncia
que llegará el día en el que podrá presentarse de nuevo ante sus
hermanos, pero deberá mantener su identidad en secreto hasta que ese
día llegue.
Las palabras de Gabriel son un bálsamo para José que no solo
alivian su situación en el fondo del pozo sino que le llenan de
alegría.
La Caravana
Pasó tres días José en las profundidades del pozo cuando de nuevo
recibió la visita de Gabriel que le anunció que su horizonte sería
circular como la boca del pozo, en esto, una caravana que se dirigía
desde Madián a Egipto se detuvo para descansar se acercaron al pozo
y descubrieron a José en su interior, le rescataron y cuando vieron
su belleza decidieron venderlo como esclavo y sacar provecho del
rescate. Cuando salió del pozo tras su cautiverio, lejos de
deterioro José resplandecía por la gracia del Cielo.
A sus hermanos que no estaban acampados lejos del pozo se les ocurrió
ir a ver la suerte que José había corrido se asomaron y gritaron
pero no obtuvieron respuesta al ver partir a la caravana, los
hermanos se presentaron ante los mercaderes y comprobando que su
hermano estaba con ellos le reclamaron, no como hermano, sino como
esclavo pero los mercaderes que no estaban dispuestos a deshacerse de
José llegaron a un acuerdo y un mercader llamado Málik pagó unas
pocas monedas comprando a José como esclavo doméstico.
El Faraón
Málik, muy satisfecho por la compra de José no podía creer su
suerte y ordenó a la caravana dirigirse a Menfis al doble de
velocidad y por la ciudad se extendió la noticia:
“Málik regresó de su viaje esta mañana
con un esclavo nacido de la raza de los Hebreos:
una luna llena en el cenit de la belleza,
por encima de los demás un rey en el reino del amor
en toda la tierra conocida, los cielos con sus miles de ojos
nunca han visto nada igual.”
El rumor de la belleza sobrenatural de José llegó a oídos de
Faraón cuyo corazón se sintió atraído.
¿Es que no és Egipto el jardín de la belleza?
¿Donde pueden encontrarse rosas de brillo semejante?
Movido por la curiosidad Faraón ordena a su gran visir que se dirija
a Málik dueño de José y que comparezca José ante él, el noble
obedeció, localizó a los mercaderes que le presentaron a José y
quedó tan fascinado ante su presencia que el gran visir bajó la
cabeza:
“No inclines tu cabeza ante ningún ser viviente.
Sólo ante Dios que fue quién la puso sobre tu cuello”.
Le dijo José mientras le levantaba la cabeza.
El visir expuso a Malik el mercader el deseo de Faraón por conocer a
José y su dueño argumentó que debido al viaje llegaban sucios de
polvo y cansados, así solicitó tres días de plazo para presentarse
a Faraón
El Baño
Málik llevó a José a bañarse al Nilo para prepararle para la
visita a Faraón. Éste pensaba que los muchachos más bellos eran
los de Egipto y en su corte eligió para en la recepción comparar
con José a los más bellos y les cubrió con ricos ropajes con
objeto de esta manera de anular la fama que precedía a José. Una
vez bañado y preparado le presentó ante Faraón y su corte de
muchachos y según dice el poema quedaron tan deslumbrados por su
belleza que hasta el sol se eclipsó.
El reconocimiento
Mientras esto ocurría con José. Zuleika rodeada de lujos en su
jaula de oro desfallecía por su amado. Un día mientras regresaba en
su litera al palacio, escuchó el griterío de la muchedumbre. Decían
que había llegado a Menfis un muchacho de Canaán que no era esclavo
y que poseía una belleza perturbadora, por curiosidad levantó la
cortina de su litera y se encontró de repente con que aquél esclavo
al que la multitud alababa por su belleza era el personaje de sus
sueños lo que le produjo tal turbación que llamó la atención de
su ama a la que confesó, no solo el objeto de sus males sino al
causante de los mismos y de la que obtuvo complicidad y consuelo.
El Mercado de esclavos
Málik decide vender a José y al haberse extendido la fama de su
belleza miles de compradores acudieron de todo Menfis y pujaron hasta
tal punto que llegaron a ofrecer su peso en perlas y rubíes, más
Zuleika que se encontraba entre los compradores, de repente, dobló
la más generosa de las ofertas, su marido le dijo que entre todas
las riquezas no llegarían a cubrir ni la mitad de lo que Zuleika
había ofrecido por José y que además los ojos de Faraón estaban
sobre José. Zuleila ofreció todas sus joyas para hacer frente al
pago y el marido argumentó ante Faraón que al ser eunuco y no poder
tener hijos, José cumpliría ese papel y que mas que esclavo lo
tendría por hijo. El Faraón encontró la propuesta razonable y así
José pasó a formar parte de la casa del Gran Visir. Al final de
este capítulo hay unos versos en los que se hace mención a Jesús.
“¿Que provecho se obtiene por vender al bendito Jesús por
corales y conchas?
Yo me he desprendido de mis conchas y corales,
pero a Jesús el bendecido hoy he conseguido.”
Bazigha
Hasta Bazigha, princesa del reino de Ad en Arabia llegó la leyenda
de la belleza de José y ésta cayó también hechizada, pidió
precio por José y al no obtenerlo cargó cien camellos de oro, joyas
y preciosas telas y se dirigió a Menfis con los presentes para José
pero al declararle su amor no obtuvo la respuesta esperada, con gran
dignidad se despidió de José y se retiró a orillas del Nilo, donde
fundó un templo dedicado al Uno Absoluto y al amor donde
encontrarían consuelo todos aquellos que lo necesitaran, cambió sus
joyas por las cuentas de un rosario y sus preciosos ropajes por
austeros tejidos y en este estado de ascetismo se mantuvo hasta el
final de su vida.
Servicio de amor
Al contrario que Bazigha, Zuleika dedicaba su tiempo a intentar
deslumbrar y conquistar a José por todos los medios y no dudaba de
sobrecargarse en joyas, aderezos y los más ricos vestidos, desde la
llegada de José a su palacio, sólo este era el objeto de su vida,
pero nada ocurría y las noches las pasaba añorando a su amado.
Simpatía
Los días pasaban y a pesar de sus esfuerzos, sólo, dolor pena y
cansancio recogía Zuleika como fruto de sus anhelos, ante la
indiferencia de José, su paciencia se agotó. En este capítulo
existen unos versos en los que el autor Jamí habla consigo mismo
reflexionando sobre el amor puro y sobre Dios a quien califica como
supremo dador de poder y de sentido sobre todas las cosas y señalado
que la recompensa a los esfuerzos solo se encuentra en la confianza
en Dios que en reconocimiento otorgará como en el caso de José la
iluminación por medio de la belleza (espiritual). Belleza que,
exteriormente no se puede ver como la de Moisés que provenía del
Cielo.
El Pastor
“Bendecido es el amante a quien le es permitido por el destino
a su amado servir y esperar ”
Es el comienzo de este breve episodio, en el cual se le encarga a
José pastorear un rebaño; él disfruta de su tarea como pastor ya
que eso le permite vivir en libertad a su libre albedrío sin alterar
para nada la majestad de su persona en su trabajo como pastor.
Amor rechazado
“Aquél que entrega su corazón a una forma amorosa,
puede estar buscando no solo el agotamiento
sino también una vida tormentosa.”
El alma de Zuleika estaba herida de amor pero el corazón de José se
mantenía frío y duro y mientras que la imaginación de ella volaba
y se veía en brazos de su amado, nada más alejado de sus sueños
que la realidad.
“ Zuleika se marchitaba de día en día
en el frio otoño del dolor y la pena”
Al mirarse en el espejo ni se reconocía, las lagrimas volvieron a
brotar de sus ojos y su mundo pasó de ser el mundo mágico y
luminoso de la ilusión, la esperanza y el deseo al mundo negro del
dolor, la desesperación y la locura y así:
“Cuando el corazón de Zuleika se rasgó por su herida
ella se reprendió a si misma con desprecio de reina:
“Vergüenza sobre ti! Desgracia sobre tu nombre has traído
por el amor al esclavo que con tu oro has comprado,
tú una dama en un trono principesco,
te rebajarás a hacer el amor con un esclavo de tu propiedad?
La dignidad de tu amor por una aventura caprichosa.
La hija de un príncipe debería amar a un rey”.
Así Zuleika se reprendía a si misma razonando que si las damas de
la corte de Menfis se enterasen de su amor por el esclavo José,
¿donde irían a parar su prestigio y su honestidad?
Más a pesar de todos los reproches hacia sí misma el recuerdo y el
deseo por su amado José estaba por encima del razonamiento y no se
desvanecía.
Cuestionamientos
El ama de Zuleika, consciente del deterioro físico de la muchacha le
pregunta sobre la tortura que continuamente inflige a su corazón y a
su alma y Zuleika entonces le confiesa todo añadiendo que José la
sirve y la obedece pero que ni siquiera posa su mirada en ella y que
su pasión no correspondida es el objeto de su deterioro. El ama
compadece a Zuleika y le dice que mejor es la ausencia del amado que
tener que vivir en ese estado y le advierte que encuentros como ese,
de llevarse a cabo, solo provocarían aflicción.
La Mensajera
Zuleika que confiaba plenamente en su nodriza, le encarga que
transmita a José un poético mensaje lleno de amor y de admiración
a su belleza, hasta tal extremo:
“Los ángeles entronizados en las alturas del cielo,
inclinan sus cabezas hacia el suelo ante la vista de tu rostro”
Actitud, por cierto que José elige, siempre que Zuleika se dirige a
él.
En el mensaje también hace mención a su estado de sufrimiento y a
que ha gastado todo su oro en su adquisición como esclavo. José
escucha el mensaje y responde a la enviada respondiendo que está muy
agradecido por el hecho de que Zuleika haya gastado su oro para
llevarle a esa casa donde él vive agradecido y donde es tratado por
el Gran Visir (esposo de Zuleika) con el tratamiento de “mi hijo”.
Que ni el Dios (de José) ni el esposo se merecen que él que poseía
un alma pura traicionase a ambos.
“Debería yo, el pequeño pájaro a quién su cariño ha criado,
Traer la vergüenza a la casa donde ha sido alimentado.?
A todo ello añade que en su pecho reside la sabiduría de Gabriel, y
se pregunta si por ello es digno de profetizar, que lleva dentro un
decreto de Isaac, que en su pecho guarda un secreto de sus
antepasados y pide a Dios que ante todo eso, nunca le dirija a la
vergüenza, que confía plenamente en que el Dios al que sirve le
libre mantenga su vida incorrupta y pura.
Excusas
No obstante; José también directamente dio la respuesta a Zuleika
que ante él expuso un delicado y a la vez desesperado lamento de
amor. José escuchó y siendo consciente del sufrimiento de Zuleika
él también lloró lamentado ser él mismo el causante de tanto
dolor, expone ante ella también un lamento sobre su vida, desde el
momento en que su tía le acusó de ladrón, la envidia de sus
hermanos, el alejamiento de su padre y ahora esto. Zuleika continúa
no obstante exponiendole su amor y finalmente le pide que la bese a
lo que José se niega, razonando que está unido a su casa por lazos
de agradecimiento y ruega a Zuleika que no sea el motivo de su
deshonor y vergüenza, le pide que le asigne un trabajo lejos de ella
y de su casa ya que él se considera solamente un esclavo de ella y a
ella le reitera su obediencia pero sólo en el trabajo.
“Él habló con la esperanza de que un trabajo alejado
convertiría en una barrera el contacto con ella,
Él
sabía que su presencia provocaba problemas y miedo:
En la distancia se encontraba la seguridad y la aflicción en el
estar cerca
del fuego y de la tempestad se libra el paño que vuela
Es sabio volar cuando no se puede luchar contra el fuego.”
El Jardín
“En el jardín de la felicidad donde ninguna enfermedad podía
entrar”
En una delicada sucesión de versos se describe este jardín que bien
podría ser reflejo del Paraíso ya que, incluso en uno de sus versos
Jamí lo describe como lugar digno por su belleza como residencia de
el Guardián del Paraíso.
“En el jardín de la felicidad había dos fuentes adornadas
formadas con el más bello cristal, hermoso como el mármol,
las dos iguales en tamaño y forma,
situadas una junto a la otra como si se tratara de dos bellos
ojos.”
Cuando Zuleika iba al jardín en busca de paz y reposo, una de las
fuentes se llenaba de leche y la otra de miel y era acompañada por
cien doncellas.
“Y en su imaginación una falsa imagen creó.
Entre ambas fuentes un trono para José instaló
para depositar como tributo su corazón a sus pies.”
José consiente a marcharse si también es el deseo de Zuleika,
dispuesto a sufrir la amarga pena del destierro.
“Partir es tortura, pero mayor dolor
es vivir ante su presencia cuando la esperanza es vana.”
Las esclavas
Y vino la noche y José se vio rodeado de las esclavas que con el
encanto de su doncellez juguetona pretendían tenderle trampas
amorosas tentándole y prometiéndole toda clase de fantasías. Él
las miraba y veía en todas ellas si no a ídolos, a adoradoras de
ídolos y su corazón más que deseo le inspiraba dirigir sus
adoraciones no a su persona sino al lugar de donde en realidad todo
procede.
“Entonces la fe que residía en él inspiró un fuerte su
discurso,
para desvanecer todas las dudas y enseñar la verdad:
Bellas damas cuyos encantos son merecedores
del apasionado amor de los hijos de la tierra
venid a recorrer el camino de la única fe
y a despreciar los bajos placeres indignos de vosotras.
Un Dios hay sobre nosotros, A todos los que se desvían,
conducirá a un camino recto.”
Ante el emotivo discurso, las conmovidas muchachas inclinaron la
cabeza y alabaron a Dios Todopoderoso escena que fue presenciada por
Zuleika quien ante eso reaccionó recriminando a José:
“Tú eres de la cabeza a los pies
el perturbador de los corazones,
de su alegría y de su orgullo.”
Abatido José escuchó a Zuleika limitándose a bajar los ojos hacia
el suelo y ella comprobando que él se había mostrado firme ante
las tentaciones lamentó en el fondo de su corazón los reproches y
retirándose a sus habitaciones se resignó a decir Adiós a su
amado.
Un nuevo consejo
Zuleika, profundamente desesperada por el muchacho a quien cortejaba
en vano, una noche convocó a su nodriza para desahogarse y el ama
que quiere a la muchacha como una hija, llora y se duele con ella
pero también la consuela. Zuleika le dice que no solo está herida
de amor por la belleza de José sino también por su indiferencia y
rechazo que provoca que cada vez que ella le dirige la mirada, él la
suya, por costumbre, la dirige hacia el suelo. Su ama le dice que ha
forjado un plan que conseguirá que el muchacho sea suyo. Le dice que
cargue un camello con plata y una mula con oro para construir un
palacio y encargará a un reconocido pintor que decore sus muros con
pinturas amorosas cuyos protagonistas sean Zuleika y el muchacho por
lo que si él visita el palacio se contemplará asimismo formando
parte de las escenas amorosas, se incendiará de pasión su corazón
hacia Zuleika y por fín se conseguiría la unión. La muchacha se
emociona con la idea, consigue el oro y la plata y da carta blanca a
su ama para edificar el palacio.
El Palacio
El ama se puso manos a la obra:
“Tomó los servicios de un sabio maestro
con cien habilidades en cada uno de sus dedos.
Un prestigioso astrólogo trazó
a través de un laberinto de estrellas
un confiable camino.”
Y un reflejo del resultado fue:
“El
mármol más resplandeciente adornaba el suelo
y
el marfil brillaba en las puertas de ébano.
Dentro
del palacio había siete cámaras,
en
número y brillo como los siete cielos,
todo
puro limpio y agradable a la vista
cada
grabado en la piedra de tono diferente,
y
la séptima cámara tan bella como la séptima esfera,
cuarenta
columnas de oro de apoyo incrustadas de joyas,
y
animales y pájaros dibujados,
contra
cada columna un ciervo almizclero apoyado
y
almacenado en oro el precioso aroma,
y
pavos reales forjados en oro puro
extendían
sus enjoyadas plumas entre la columnata,
pero
una maravilla especial las eclipsaba a todas,
un
árbol frondoso con el tronco de plata.
Nunca
el hombre había visto algo parecido,
con
hojas de turquesa y ramas de oro;
en
cada rama reposaba un pájaro, un prodigio de arte
con
alas de esmeralda y pico de rubí.
El
pintor allí, cumpliendo órdenes,
las
formas de Zuleika y José pintó,
como
amantes,
formando
un sólo corazón y una sola mente,
emparejados,
con el brazo del uno rodeando al otro,
Como
el cielo era el techo forjado sobre ellos,
el
sol y la luna brillando en toda su gloria
en
la flor de la primavera, en los muros expuesta
a
la maravillosa visión, había una radiante cama de rosas
y
el ojo podía captar en cada pequeño espacio
las
ramas de las rosas entrelazadas en un abrazo íntimo
en
cualquier lugar del tapiz donde se posara el pie,
dos
maravillosas rosas yacían juntas.
No
había un solo punto en el palacio
que
representara otra cosa que la unión;
bajo
los pies, sobre la cabeza, y alrededor
siempre
había un símbolo de la unión de dos felices amantes.
El
amor de Zuleika crecía a la par que la obra.”
Y así, cada día visitaba con placer ese palacio idolatrado mientras
su corazón ardía en un intenso fuego, y al contemplar en pintura a
su amado, nuevos estremecimientos de amor se añadieron a los que
sentía.
En el
palacio
Una vez terminada la obra por el arquitecto. Zuleika lo embelleció
aún más:
“Zuleika
abrió su mano y engalanó
la
obra acabada del arquitecto.
Con
tejido de oro cubrió los suelos
y
un trono de oro realzaba aún más su esplendor,
lámparas
con joyas engarzadas fueron colgadas de sus muros
y
debajo de ellas aromáticas hierbas se esparcieron.
Reunió
las cosas mas bellas
y
allí desplegó la alfombra del placer.”
A pesar de rodearse de tanta belleza, ella añoraba a José; su
palacio celestial le parecía oscuro y mortecino sin la presencia de
su amado, así que ella decidió convocar a José una vez más y
desplegar todas sus armas seductoras, para la conquista,
cuidadosamente se preparó, con todos los afeites y perfumes que ella
pensaba que realzarían aún más su natural belleza, incluso un
pintor decoró sus manos con henna, se cubrió con un brillante
vestido de seda de China además de ponerse toda clase de joyas:
pendientes que representaban el sol y la luna, en clara alusión a
los dos amantes, brazaletes y collares, una diadema de oro y perlas;
todo le parecía poco con tal de lograr su objetivo. El resultado fue
tal, que ni un pavo real en todo su esplendor a Zuleika podía
compararse. Mientras atravesaba los aposentos con majestuosos pasos y
al mirarse al espejo lo que veía no era su belleza sino solo oro
común por todos lados, ella resplandecía pero, por todo lo que
llevaba encima, no obstante la imagen en conjunto le hacía feliz y
segura estaba de que esta vez conseguiría realizar todos sus
propósitos.
Así de esta forma revestida de esplendor ordenó a sus doncellas que
llamasen a José para visitar los aposentos.
“Él llegó, brillante, noble y suave como el sol
y
la luna y Mercurio fundidos en uno,
su
naturaleza original no se formó de mezcla de arcilla
y
luz sobre luz eran su frente y su rostro,
una
mirada desde sus ojos y el mundo brilla
El
habla y todas las naciones conocen su testimonio.”
Zuleika le recibe con las mas inflamadas palabras de amor y le
conduce a una primera cámara del palacio,y nada más atravesar ambos
la puerta de oro, ella, cierra con llave la estancia y una vez
encerrados le habla a José de su primer sueño, de la primera vez
que conoció su imagen, añade que dejó a su familia, a su reino por
el exilio con la sola esperanza de encontrarse con él. José escucha
y responde como en las veces anteriores: dirigiendo su cabeza al
suelo y rogando le libere del sentimiento de culpa y de vergüenza,
le dice que no puede estar con ella a solas en una cámara pues su
corazón despide fuego y la lana es seca y por tanto no puede estar
segura, pero ella no prestó atención e hizo pasar al muchacho a la
segunda cámara, y de nuevo cerró la puerta tras ellos y ella
prosiguió con su seductor discurso mientras José le reitera la
lealtad a su amo, marido de Zuleika. Y así fue conduciendo al
muchacho cámara tras cámara desarrollando en cada una distintos
métodos de seducción hasta que dejaron atrás seis. La séptima era
su última oportunidad.
Vuelo
Ya en la séptima y última cámara Zuleika ordenó a José sentarse
y cuando lo hubo hecho, cerró con llave, como en las seis ocasiones
anteriores la puerta tras ella, nadie por tanto podría ser testigo
de la escena final, ella continuó con más fuerza aún el acoso y él
respondía como siempre: ni siquiera la miraba, dirigiendo su cabeza
al suelo, pero al hacerlo, tal como Zuleika había previsto, él
muchacho se vio en pintura, en una alfombra de las que decoraban el
palacio, representado en una cama de rosas abrazando a Zuleika, no
había escapatoria: allá donde el chico dirigiera la vista
encontraba representaciones de escenas amorosas incitando a la
unión y entonces clamó al cielo dirigiendo una letanía de lamentos
pidiendo protección y juicio y parte de ellos dirigidos a Zuleika
pidiendo comprensión ante su intransigencia, pero la respuesta que
obtuvo de ella fue:
“Nunca
esperes que el sediento espere al mañana para beber,
mi
espíritu se ha precipitado a mis labios
¿y
como puedo esperar más por el gozo que anhelo ahora?
Mi
corazón ya no tiene fuerza para ver y esperar
a
la tierna felicidad que llega tan tarde,
tu
ruego es débil y no veo motivo
para
que no puedas disfrutar este momento conmigo.
Entonces
José contestó:
Dos
juicios temo el de Dios y el del Gran Visir”
Zuleika, que había pensado en todo le dice que por el Gran Visir no
tema puesto que le ha dado una copa con un bebedizo que le mantendrá
dormido durante mucho tiempo y que por su Dios no tema pues se
mostrará comprensivo y perdonará. Su temperamento se endurece y
expone a José que no tolera más evasiones, que si no consiente se
matará y de esa forma se liberará de la pasión pero que el Gran
Visir al encontrar su cuerpo le culparía a él de su muerte y
procedió a sacar una daga de debajo de la almohada y bajo la fiebre
de su pasión se la dirigió a la garganta pero José detuvo su mano
y ella acabó soltando la daga, ella rodeó su cuello con el brazo y
en la proximidad de la lucha le besó. Entonces José se dio cuenta
que en un rincón de la estancia un cortinaje se movía como si
hubiera alguien escondido. José le pregunta que es lo que se esconde
tras el cortinaje, resultando ser un ídolo de oro cargado de joyas a
quién Zuleika adoraba desde niña y al que se había encomendado
para conseguir sus fines. José horrorizado por encontrarse ante la
situación de acoso, de traición a su señor y enfrentando por otra
parte su fe y al ídolo, bruscamente se separa de los brazos de
Zuleika y escapa dirigiéndose hacia las puertas que Zuleika había
cerrado previamente, pero que ante la orden de un dedo de José se
abrían sin resistencia; pero ella, viendo que se le escapaba, se
precipitó hacia él y en un arrebato le agarró por la camisa que se
rasgó en dos partes desde el hombro. Ella en su angustia también se
rasgó sus vestiduras y cayó sobre el lecho en profundos lamentos.
La
falsa acusación
Al salir José corriendo y tras haber atravesado sin dificultad las
siete puertas cerradas, llegó al patio donde precisamente se
encontraba en ese momento el Gran Visir y marido de Zuleika y
preguntado por el motivo por el que huía, José le contó con
palabras corteses lo ocurrido y juntos se dirigieron al lugar en que
se encontraba Zuleika, que al ver a los dos hombres juntos,
dirigiéndose a su marido gritó a grandes voces:
¡Traicionado,
Traicionado! ¿Que sentencia merece aquél que ha pretendido abusar
de tu esposa?
¿Y
quién se ha atrevido? Preguntó el marido.
El
esclavo hebreo te ha pagado de esa manera correspondiendo así a
quién con su favor le convirtió en su hijo.
Él
se acercó a mi lecho cuando yo reposaba y quiso tomar lo que no le
correspondía, pero me desperté y con mi grito se sobresaltó y
corrió hacia la puerta. Le perseguí y en la persecución le rasgué
la camisa a la altura del hombro. Juzga mis palabras que son verdad.
O bien la prisión o bien el látigo será un escarmiento que cure el
deseo del chico y que ahuyente y sirva como ejemplo a quien pensara
hacer lo mismo.”
El Gran Visir al escuchar todo se sintió en realidad traicionado y
reprocha a José su desagradecimiento por el trato de favor y la
confianza que depositó siempre en él desde que lo compró como
esclavo y que nunca, por cierto, fue tratado como tal. José se
defiende alegando que el relato de Zuleika es totalmente falso y que
desde el primer momento que ella le vio, sintió hacia el una fuerte
atracción que la llevaba a estar siempre a su alrededor y referente
al momento en que estaban, con buenas palabras pero sin omitir
detalles explicó al Gran Visir la situación de acoso a la que con
artimañas le sometió ella. No obstante Zuleika no solo no reconocía
su culpa sino que puso por testigo al cielo y juró entre llantos por
todo lo que para ella era de ley que su versión era la verdadera.
Toda su farsa dio el resultado apetecido y su marido, confundido e
incapaz de juzgar cual de los dos relatos era el veraz, ordenó
poner en prisión a José hasta que la pasión de ambos se
desvaneciera.
El
niño testigo
José fue prendido y llevado a prisión y en su soledad clamó a Dios
que conoce lo verdadero y lo falso en su auxilio, rogándole que su
verdad viera la luz.
“Tu que conoces todos los corazones – José clamó-
Y cada secreto que los hombres quisieran esconder;
Que disciernes lo auténtico de lo falso
¿Quién tiene el poder salvo Tú?
Solo Tu puedes traer este secreto a la luz,
ya que Tú pusiste la lámpara de la verdad en mi corazón.”
En la corte había una dama de confianza de Zuleika, que día y noche
estaba a su lado y siempre llevaba a su bebé de tres meses con ella,
parecía que llevara con ella a su propia alma y debido a su edad e
inocencia el niño no había todavía articulado ninguna palabra, no
obstante el bebé milagrosamente se manifestó ante el Visir de esta
manera:
“Visir: Sea tu juicio más pausado
y ten cuidado con la precipitación que acabará en sufrimiento
ninguna mancha de pecado recae sobre José
Así, el merece la gracia de tus bondadosos ojos.”
El Visir quedó maravillado por esta milagrosa sentencia y se dirigió
al bebé para preguntarle quien en realidad de los dos implicados
había sido claramente el culpable, a lo que el bebé respondió que
él solo podía añadir al respecto que se dirigiera a la cárcel y
que examinara la camisa de José.Que si el desgarro había sido por
delante Zuleika habría sido inocente, pero que si la camisa de José
había sido rasgada por detrás, entonces él sería inocente de toda
culpa. Y así hizo el Visir: se presentó en prisión para examinar
la camisa en cuestión y comprobó que la camisa había sido rasgada
por detrás. Regresó a palacio lleno de ira y se enfrentó a Zuleika
a quién recriminó airadamente su malvada treta y le exige que a
partir de ese momento ponga un sello en su boca en lo relacionado con
José y que debido al deshonor de la casa; nunca cuente a nadie lo
ocurrido, que sacará a José de prisión y que éste regresará al
palacio con el mismo tratamiento que antes del suceso.
A pesar del silencio impuesto a Zuleika el rumor de su pasión por
José había trascendido los muros del palacio y las mujeres se
encargaron de alimentar todavía más los hechos atacando a Zuleika
por todos lados y difundiendo que la mujer del Visir estaba loca de
amor y pasión por su esclavo hebreo resaltando lo impropio de la
relación entre una señora y un simple esclavo y no solo eso sino
también que la rehuye y la desprecia. Esos comentarios llegaron a
oídos de Zuleika quién, para castigar esas habladurías organiza en
su palacio una fiesta digna de reyes e invita a todas las habladoras
damas. Cuando la fiesta terminó y se retiraron los manteles, Zuleika
comenzó su venganza. Entregó a cada dama una naranja y un cuchillo,
una vez que cada una de ellas tenía en una de las manos la naranja,
símbolo por cierto de la purga de la maldad de cada una de las
invitadas, y en la otra mano, el correspondiente cuchillo. Se dirigió
a ellas de esta forma:
“Damas justas y dulces,
las mas encantadoras cuando se reúnen,
¿por qué mi placer debería enojaros?
¿por qué culparme por amar a mi chico hebreo?
Si vuestros ojos se llenaran con la luz de los suyos
cada lengua que me culpa estaría callada y en calma”.
A continuación Zuleika preguntó a las damas si desearían conocer a
José a lo que respondieron ansiosamente que si, deseaban conocer al
portador de tanta gracia y belleza. Entonces Zuleika expone una
condición:
“Vamos a sostener en nuestras manos estas naranjas
que con su dorada piel nos alejan del mal humor.”
A continuación pidio a su nodriza que hiciera venir a José a la
sala donde las damas se encontraban, pero José no acudía a ellas,
así que Zuleika en persona fue a solicitar su presencia alegando que
demostrara ante las damas invitadas que no existía ni rechazo ni
desprecio por su parte y hacia ella cuyo rumor se había extendido
por todo Menfis. José se dejó convencer y decidió acompañar a
Zuleika y aparecer ante las damas preparado y enjoyado previamente
para la ocasión y la gran conmoción que causó su presencia en las
señoras, hizo que se cortaran en las manos con los cuchillos que
manejaban para cortar sus naranjas entre exclamaciones como: “¡Éste
no es mortal!” “¡Éste no está hecho de arcilla y agua!” o
“Es un ángel del cielo”; y ante la visión del muchacho todas
comprendieron la pasión de Zuleika y a su vez fueron contagiadas de
la locura del amor hacia el muchacho.
Amenazas
Así que Zuleika logró no ser solo ella la hechizada por José sino
que ahora tenía a sus damas invitadas como rivales.La brasa de su
pasión se convirtió de nuevo en viva llama y su corazón se inclinó
todavía de manera más fuerte hacia José que ahora no solo era
perseguido por su dueña sino por el resto de las damas. En esta
situación, José dirigió una oración al cielo en la que expresaba
que prefería la tranquilidad de una celda de prisión a verse
perseguido continuamente y tener que ver el rostro de todas ellas de
nuevo. Es decir: el muchacho llegó a preferir la tranquilidad y la
independencia que le brindaba la prisión a la supuesta libertad de
la que disfrutaba en el palacio del Visir rodeado, no ya por el acoso
de Zuleika sino por el resto de las damas.
Encarcelado
“ En vano le tentaron.
No tuvieron éxito las artes de las astutas idólatras
el alma pura de José permaneció impasible.”
Pero las damas de Menfis tampoco dejaron en paz a Zuleika a la que
llenaban de consejos y constantes compasiones. Ni un momento de paz
ella conocía, tanta era la presión y el resentimiento, que un día
cuando estaba en compañía de su esposo el Visir, volvió a la carga
contra José, con toda su rabia culpándole de los rumores que sobre
ella circulaban por todo Menfis y pidiéndole que le devolviera a la
prisión. Tan malas artes empleó que convenció a su marido, no solo
para que le encarcelase sino de que enviase a todas las esquinas
pregoneros que hicieran conocer publicamente el castigo al esclavo
hebreo que se atrevió a poner su ojo en la mujer de su amo. El plan
de su mujer no le pareció mal al visir pues a pesar de haberle
exculpado previamente, los comentarios sobre su mujer le afectaban,
dañaban y por tanto, también le preocupaban y zanjó el tema de la
siguiente forma:
“Tuyo es el esclavo y con ello debes tratar,
barre tú el polvo del camino que pisan tus pies”
A pesar de todo Zuleika, loca de amor, pero también de rabia vuelve
a intentar por última vez un encuentro íntimo con José,
amenazándole con la cárcel, que éste de nuevo rechaza.
“Él abrió sus labios para responder:
Bien, ya conoces mi respuesta, que no necesito repetir”
Ella entonces, llama al jefe de la guardia, ordena que despojen a
José de todo cuanto de valor pudiera llevar encima, que lo
encarcelaran y tal como tenía pensado que durante el recorrido a la
prisión voceadores fueran proclamando el falso delito de haber
pretendido tener relaciones forzadas con la mujer de su amo. Más la
multitud reunida en ambos lados de la calle no creyó lo que los
pregoneros proclamaban. Y así fue José puesto en prisión José,
para gran liberación de él y tuvo una gran acogida por parte de los
presos que sufrían pena que vieron su llegada y su presencia también
como un alivio a su condena.
Más Zuleika seguía interviniendo y ya con signos de
arrepentimiento, ordenó que le separasen del resto de los presos y
le prepararan una cámara especial donde el rigor del presidio fuera
más soportable, mientras él se alegraba por su suerte que le
permitía perder de vista tanto a las damas como a lo que
representaban, considerando su situación en presidio como una
liberación y una bendición.
Arrepentimiento
Comienza este canto con una reflexión del autor:
“Los hijos de Adán son sordos y fríos;
sus corazones no están nunca en el estado de agradecimiento,
sus pensamiento se mantienen en la ingratitud;
y desconocen el valor de lo que poseen, hasta que lo pierden”.
Así le ocurrió a Zuleika que desde el prendimiento de José su
cuerpo se deterioró y su corazón, cada día se consumía. Antes ver
a diario a José la mantenía hermosa y viva, su ausencia convirtió
a su esplendido palacio en la más oscura celda y mientras que para
José la cárcel fue su liberación, para Zuleika su ausencia se
convirtió en insoportable presidio; sus ojos se convirtieron en
fuentes de llanto, se rasgó las vestiduras y se arañó las
mejillas, arrojó cenizas y polvo sobre su cabeza y su corazón se
hizo añicos. Tarde era ya para enmendar el daño que su deseo
insatisfecho y su rabia habían provocado, toda su argucia le cayó
encima como quién escupe al cielo. Su arrepentimiento no tenía
límites pero sus lamentos eran ya en vano, su nodriza solo podía
consolarla aconsejarla paciencia ya que según ella solo la paciencia
conduce a la felicidad duradera.
La visita a la prisión
Los días de Zuleika se convirtieron en noches al faltarle la luz que
desprendía José como el sol y cuando eso ocurrió su estado
doliente se dobló y encontró ligero consuelo en pensar en como le
iría a José en la prisión, cual sería su estado, como sería
tratado y así una larga lista de preocupaciones por él llenaron su
mente y esos pensamientos contribuían a aminorar su pena y esa pena
reconvertida en el deseo de volver a ver a su amado provocó tal
estado de impaciencia que en mitad de la noche Zuleika despertó a su
ama al grito de: ¡Levántate! ¡No puedo soportarlo más, vayámonos!
Llegaron a los muros de la prisión y al reconocer el guardián a
Zuleika, permitió entrar a las dos mujeres y las condujo hasta la
celda en la que se encontraba José en su alfombra de oración, con
su cabeza inclinada como el sol cuando se oculta. José se levantó y
se sentó sin decir palabra mientras Zuleika rompía en sollozos
volviendo a culpar a José del estado de ansiedad en el que ella
vivía y haciéndole ver que la llama de su amor por él seguía
encendida. Pero el corazón de José seguía frio e inflexible.
Ante esa reacción Zuleika se levantó y se retiró de la celda
besando su umbral.
Desde el Techo del palacio
En la parte superior del palacio del Visir había una torreta desde
la cual se divisaba el techo de la prisión donde José se encontraba
y desde que amanecía allí Zuleika pasaba las horas contemplando esa
vista, solo con eso llegó a conformarse viendo en la prisión no un
penal sino un paraíso pues allá donde se encontrase su amado
cualquier lugar se convertiría sólo por su presencia en eso.
“Con la visión de esos muros y esa puerta quedaré satisfecha.
Un paraíso florece entre los más tristes muros
dondequiera que la luz de mi querida luna caiga.
Ese tejado es bendecido con un incomparable premio,
ya que el sol del mundo entre sus muros descansa.”
Tras la visita a la cárcel donde pudo comprobar la reacción de
José. Zuleika encomendó en adelante esa labor a su nodriza, a la
que al regresar hacía mil preguntas sobre el estado de su amado.
Así pasaba el tiempo y desde el tejado Zuleika construyó en su
corazón una casa para ambos y en un estado de éxtasis, del cual
solo la despertaba su ama, Zuleika vivía.
Los compañeros de prisión
Mientras la pasión y el desgarro de Zuleika cada vez era mayor. José
por su parte alegraba la prisión con su presencia, incluso las
penas de sus compañeros.
“José tomó de la riqueza una llave de oro
aliviaba al deudor y le hacía libre.
Si un hombre soñaba una pesadilla,
atrapado en un torbellino de amenazantes pensamientos;
El sueño era explicado por sus labios
con lo cual el soñador era liberado
de las profundidades de ese agitado mar.”
Dos compañeros de la prisión que un día gozaron de la proximidad
del rey y que habían caído en desgracia, ahora eran próximos a
José en su cautiverio y le consideraban fiel amigo. Una noche,cada
uno de ellos tuvo un extraño sueño y ambos se sumieron en gran
turbación, para uno de ellos el sueño era una promesa de libertad;
pero para el otro era un aviso de que sus días de vida habían
terminado. Ante la incertidumbre que les suponía no saber el
significado del sueño acudieron ambos a José, que les aclaró el
significado: uno de ellos sería colgado en la horca, mientras que el
otro volvería a la corte del rey, a éste último José le pidió
que cuando eso sucediese y volviera junto a su rey, si la fortuna le
fuese propicia, se acordase de él. Pero el tiempo pasó y aunque el
compañero presidiario gozaba de la libertad y proximidad al rey, se
olvidó por el momento, de su promesa y mientras José seguía en la
cárcel.
“Dios le aleja de Él en soledad
Y a nadie salvo a Él debe dirigirse la oración
A la voluntad de otro Él no se doblega.
Sólo en Dios debe ponerse la esperanza;
Y no en la oración a otros
Sé, solo de Dios único sirviente y prisionero.”
La visión del Rey
“Muchos consideramos a éste, un mundo cerrado,
y para abrir sus cerraduras no encontramos ninguna llave,
cuando el ingenio de los sabios no sirve de nada
y el cuidado y la atención son un intento fallido,
de repente, sin ser obra de ningún maestro,
sin ningún ingenio planeado por artesano,
debido a una causa desconocida esa cerradura vuela;
y muestra al buscador el premio tan largamente esperado.”
Y esa llave en la que José confiaba y depositaba su confianza era
Dios de quien nos viene toda la ayuda en tiempos de oscuridad y José
libre de su propia determinación puso toda su confianza en la guía
del Compasivo.
Entonces se produjo la llamada Visión del Rey en la que siete vacas
robustas y rollizas pastaban y tras ellas avanzando otras vacas,
igual en número pero débiles y delgadas que devoraron a las sanas.
Siete espigas se elevaban fuertes, sanas, sin plaga; su vista
alegraba el corazón y eran la delicia de los ojos, junto a ellas
otras siete débiles crecieron y arruinaron a las saludables.
El rey despertó sobresaltado y pidió opinión a sus consejeros y a
los sabios de Egipto acerca del sueño, pero nadie supo
interpretarlo, solo escuchó conjeturas sin sentido. Entonces el
antiguo compañero de prisión al que José pidió que le recordara
ante su señor, recordó su promesa y dirigiéndose al Rey, le
informó que en la cárcel permanecía un muchacho hebreo que
interpretaba sueños y que quizás podría serle de utilidad, el Rey
encomendó al vasallo dirigirse a la prisión y que contase a José
su sueño, y averiguar si había una interpretación para el mismo y
así lo ordenado se cumplió y una vez lo hubo escuchado José
respondió de esta manera al enviado:
“Se refiere a “Años”, son esos de vacas y espigas, puedo
decir:
Las vacas gordas y las espigas rebosantes
son símbolo y señal de la generosa naturaleza y de la esperanza;
las escasas espigas y las vacas delgadas y débiles
anuncian años de escasez y desgracia.
En los primeros siete años la amable lluvia
llenará los prados de pasto y grano,
y toda la tierra estará satisfecha y alegre.
Pero otros siete vendrán a continuación,
para arruinar los logros de los años anteriores
y los corazones de los hombres ya no estarán contentos,
ninguna nube generosa traerá la dulce lluvia,
ni una brizna de hierba del suelo brotará,
ninguna alegría podrá la riqueza del rico aportar,
y los pobres y los necesitados pasarán hambre y morirán.
Sobre la mesa del Tiempo no hay pan ni comida
es el grito de miles de seres que morirán de hambre.”
El enviado escuchó la interpretación del sueño y corrió a
informar al rey. Una vez escuchada la interpretación, el rey mandó
llamar a José, pero éste al ser llamado a la corte adujo que había
sido penado por esa misma corte inocentemente y que había pasado
largos años en prisión; que antes de comparecer debía de hacerse
público el error de su encarcelamiento y que el secreto de la
argucia para encarcelarle saliera a la luz. El soberano escuchó al
mensajero y mandó llamar a las mujeres de Menfis; una vez estuvieron
ante él las dirigió un fuerte apercibimiento por haber tramado
contra José, ellas dijeron que no tenían nada que ver en ello.
Entre ellas, callada se encontraba Zuleika hasta que su corazón se
manifestó a través de sus labios y el esplendor de la verdad brotó
de su pecho. Zuleika expuso sin vacilación que nunca hubo ninguna
ofensa ni falta en el comportamiento de José y que su amor por él
la hizo caer en esa locura y sus propios sufrimientos fueron los que
causaron a José los suyos
“De la carga de mis sufrimientos yo le di una participación.”
Una vez escuchó el rey la confesión tanto de las mujeres de Menfis
como, en particular de Zuleika, envió emisarios a prisión para que
trajeran liberado de toda culpa a José a su presencia.
Liberación
Para recibir a José en palacio con todos los honores el monarca hizo
formar en linea una guardia de honor, donde también se encontraban
los nobles de Egipto y que cubría la distancia del palacio a la
prisión y así toda la población se alineó para ver llegar a José
con el recibimiento de un príncipe y así se presentó ante el rey,
quién le hizo sentar a su lado y al escuchar de los labios de José,
no solo las interpretaciones a sus sueños sino también las medidas
necesarias para esquivar el desastre, es decir: preservar de la buena
cosecha una parte importante, suficiente para prevenir los años de
escasez. Con tal brillantez y sencillez José expuso las sabias
medidas y solicitó del monarca la tarea de supervisar él
personalmente el proceso y asumir el control de los almacenes en
adelante. El monarca no solo accedió sino que nombró a José Gran
Visir y le concedió el honor de acompañarle en el trono con lo cual
se convirtió en el hombre con mayor poder de todo Egipto, tras el
rey. Con éste nombramiento el antiguo Gran Visir y Zuleika, su
esposa, vieron oscurecerse su estrella y naufragar la fama y el honor
del que habían gozado hasta entonces. Junto al favor del rey
perdieron también su palacio y sus bienes. Este canto termina con
estos versos:
“Bendecido sea aquel que tenga juicio para aprender
como el favor de la fortuna puede cambiar y girar;
cuya cabeza no se yergue en un alto estado,
ni su corazón en la desgracia se aflige.”
La viuda ciega
En su nuevo estado Zuleika más que en la pérdida de fortuna, seguía
obsesionada con José pero en su arrepentimiento y añoranza no
dejaba de llorar. Lo había tenido todo en la vida y ahora solo vivía
para los recuerdos. Largos años de pena y añoranza transcurrieron,
su belleza se marchitó y su alegría se apagó, pasaba su vida
acurrucada con la cabeza entre las piernas.
“Ella dobló su espalda e inclinó la cabeza
como si buscara el tesoro que hacía tanto tiempo perdió,
lentos y tristes los años se sucedieron”
Y los labios de Zuleika solo se abrían para mencionar su nombre y al
mencionarlo, un aluvión de bellos recuerdos acudían a su cabeza
para acabar siempre recordando la historia que llevó a la pérdida
de todos ellos. Su cuerpo ya no vestía de tejidos en oro, ahora un
modesto manto de lana y un ceñidor rasgado eran lo que cubrían su
cuerpo. Durante todo ese tiempo no volvió a escuchar noticias de
José.
“Ah pobre infeliz y desolada alma
De cuyas manos han caído las riendas del control”
y a modo premonitorio:
“Ella se lavó la frente y los pies
porque venían desde el palacio a su solitario retiro.
Si su señor y rey por su choza pasasen,
ninguna señal en su rostro aparentaría contento
ni siquiera por el polvo despedido del camino
sobre su feliz cabeza.”
La Cabaña de cañas
“Una cabaña de cañas había ella construido,
a un lado del camino por el que José acostumbraba cabalgar;
y con cañas que emitían un sonido quejumbroso
como el sonido de una flauta;
la había vallado alrededor
cada vez que ella emitía su lamento y su llanto,
cada caña como en un concierto respondía con su quejido.”
Al enterarse Zuleika por el griterío de la gente de que José ese
día iba a pasar por delante salió de su choza acompañada por el
dolor y la angustia de su corazón y se sentó a un lado del camino.
Cuando el heraldo que precedía la comitiva se acercaba, el vocerío
de los niños, impresionados por la comitiva iba en aumento
“Mirad, es el mismo José! A quien el sol en el cielo
y la brillante luna envidian, está cerca, ya se acerca!”
Zuleika respondió: “Mis ojos están ciegos,
ninguna huella de José pueden ellos recordar.”
Así Zuleika pensaba tras pasar tantos años en la oscuridad y en la
melancolía y cuando escuchó la voz de los escoltas “¡Hagan
sitio! ¡Hagan sitio!” de su pecho salió un lamento:
“rechazada y abandonada, ya no puedo sufrir más,
un largo tiempo de ausencia mi espíritu ha sobrellevado
ya he tenido mi parte completa.
La pérdida de paciencia es ahora lo único que me queda por
perder,
mucho mejor, para siempre
excluida de la dicha,
volar de mi misma, que continuar así.”
Zuleika, tras el lamento, hundida, se desplomó inconsciente.
La Conversión
Zuleika, despertó al lado del camino y al abrir los ojos y recobrar
la conciencia dirigió una oración al ídolo, al que se dirigía
desde niña, mezcla de confesión, dudas, quejas y llanto y por tanto
sinceras. Su oración fue escuchada y de repente se escuchó
relinchar al corcel de José. Ella salió de su choza con sus ropas,
y actitud de mendiga, se acurrucó a un lado del camino y elevó su
mano hacia la comitiva bajando con humildad los ojos. José pasaba y
ni se apercibió de su presencia, se levantó triste y con su corazón
hecho pedazos regresó a su choza y se dirigió a ese ídolo de
piedra al que, desde siempre, dirigía sus oraciones, (que por
cierto, era el mismo que escondía en el palacio que se hizo
construir para conquistar a José) le increpó y acusó de su
desdicha y en su furia destrozó y convirtió al ídolo de piedra en
mil pedazos y se volvió al verdadero Dios en penitencia y oración.
Y a partir de entonces las cosas empezaron a ir bien; y otro día
cuando la comitiva de José volvió a pasar delante de la choza de
Zuleika, ésta, a su paso, exclamó una alabanza al Dios verdadero
que fue escuchada por José y al escuchar esa voz su corazón
extrañamente se conmovió y comentó con un noble de la comitiva:
“Cuando la escucho hablar,
mi espíritu se debilita.
¿Quién es esa mujer postrada?”
Dile que comparezca en la cámara de mi Consejo para que así pueda
escuchar la historia de su vida.
Juventud Restaurada
Cuando José en su palacio se retiró a sus aposentos, lejos de la
pompa y el jaleo, un chambelán anunció a la puerta:
“Oh. La mejor de las princesas,
famosa de Este a Oeste.
Esa anciana mendiga vestida de harapos
que extendió la mano hacia la rienda de tu corcel
es a quién por tu orden me mandaste traer
este día a tu presencia,
está esperándote aquí.”
José que aún no sabía que la extraña visitante era Zuleika, le
dijo al chambelán que la preguntase antes si estaba necesitada de
algo y como la respuesta fue negativa pidió que hicieran pasar a
Zuleika para tener el encuentro con ella. Él, sin reconocerla, le
preguntó su nombre y por su origen y al ver a José de nuevo regresó
la alegría y la belleza a su ser.
“Yo soy aquella que te eligió.”
Replicó Zuleika: “La que te dedicó todo su amor, aquella que por
ti lo perdió todo en la vida”.
¡Zuleika! José respondió ¿Qué infeliz destino te ha conducido a
este estado? Y ella al escuchar su nombre pronunciado por su amado
perdió el conocimiento.
“¿Donde están tu juventud, tu belleza, tu orgullo?
Se fueron al apartarme de ti – contestó ella-
¿Donde está la luz de tus ojos? -dijo él-
-Ahogados en lágrimas de sangre por tu pérdida-
¿Por qué tu, que eras erguida cual ciprés, estás encorvada y
torcida?
-Por tu ausencia y mi largo lamento-
¿Donde están tus perlas, tu plata y tu oro
y la diadema que hacía resplandecer tu cabeza?
Todo sacrificado por amor. Mi único joyero ahora es mi corazón
lleno de amor y no de joyas y ahora, por fín: Yo soy Yo -respondió
Zuleika-.
Zuleika: ¿Cual sería el mayor deseo de tu corazón hoy? - le
preguntó José -.
A lo que ella respondió que su plegaria fuera escuchada.
José le preguntó que en que consistía su plegaria, que si él
tenía poder se la concedería.
“Primero mi belleza y mi juventud restaurada
en el orgullo y esplendor que tú conociste antes
y que todo lo contemples de forma diferente.”
José empezó a mover sus labios y a medida que la plegaria avanzaba
Zuleika recibía toda la belleza y esplendor perdidos y aún mucho
más. José ante todo ello volvió a preguntarle si algún deseo
insatisfecho le quedaba en su corazón.
“El único deseo ahora de mi corazón
es estar junto a tí, sentarme a tu lado
Contemplarte de día como una visión feliz
y en la noche descansar mi mejilla en tus pies,
descansar a la sombra del ciprés
y sorber el azúcar que mana de tus labios de rubí.”
Cuando José escuchó el último deseo de Zuleika, como siempre bajó
su cabeza hacia el suelo y no dijo nada. Entonces, un sonido
irreconocible escucharon sus oídos, era el batir de alas del
arcángel Gabriel y así habló el ángel:
“ A tí, ¡Oh Rey!
Del Señor Todopoderoso te traigo este mensaje:
“Mis ojos la han contemplado en humilde
condición,
y he escuchado su plegaria cuando a ti la
dirigió.
A la vista de sus penas, sus lamentos y su
sufrimiento,
Las olas de mi piedad, como las del mar se
levantaron.
Su alma, de la espada de la desesperación,
Yo libero
Y aquí, desde Mi trono te la concedo como
prometida”.
A este desenlace siguen otros ocho cantos que completan el poema que
serán reflejados de manera más esquemática a fin de controlar la
extensión de este trabajo pero sin perder de vista el desenlace
final del mismo:
El casamiento que, por fín
se celebra con gran pompa y júbilo.
La Victoria del Amor, en la
que se describe a los amantes como en una especie de permanente luna
de miel en la que aumenta la fe de Zuleika y José contento por ello
la construye un pabellón para que pueda expresar su devoción.
Anhelando la muerte. Aquí
José vuelve a tener visiones pero en ellas se le aparecen su padre y
su madre pidiéndole que se reúna con ellos en el cielo y se
describe la oración a Dios para que le saque de este mundo.
La Doble muerte En el que a
la muerte de José le sucede la de Zuleika.
La Queja contra el Destino. Aquí
se analiza la intervención del mismo en todo el relato.
Consejos de José a su hijo Lleno de sabios
preceptos que merecen una traducción completa aparte.
Una conversación consigo mismo (del
autor).
Conclusión En la que el
autor da gracias a Dios por haber llegado al final del mismo y el
poeta concluye de esta manera:
“Tú has acabado tus palabras con una bendición,
ahora permite a tu lengua dar consejo:
(...)
Oh Jami. No oscurezcas tu obra como lo haces con tu pluma;
mantén limpio tu libro con lágrimas de ojos llenos de sangre;
pon tu pluma sólo al servicio de la bondad;
pliega tu libro contra toda pasión engañosa;
inflige a tu lengua el castigo del silencio,
porqué el silencio es preferible a algo que no se debe
pronunciar.”
Traducción y comentarios de Francisco López Martìn sobre un texto
de Trübners Oriental Series YUSÚF AND ZULAHIKA a POEM BY JAMI
traducido orignalmente del persa al inglés por Ralph T.H. Griffith
1882