El corazón de los místicos, tiene por morada un jardín,
un jardín celeste,
protegido por los velos de Dios
de la vista de los demás mortales.
Cuando beben en él el vino puro,
perciben con su aroma el céfiro de la familiaridad con Dios.
Su secreto queda entre ellos y el Amado;
está oculto a todo el mundo.
Excepto para el corazón del místico.
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