¡He pasado un día y una noche en Damasco!
¡Damasco!
Su creador juró no hacer en adelante nada parecido
La noche cubre amorosamente a Damasco con sus alas,
Y cuando llega el día, tiende por encima la sombra de sus frondosos árboles.
¡El rocío en las ramas de estos árboles no es rocío, sino perlas,
perlas que caen como copos de nieve a merced de la brisa que las empuja!
¡Damasco!
En sus bosques luce la naturaleza todas sus galas:
el ave da su lectura matutina;
el agua es como una página en blanco abierta;
la brisa responde y escribe lo que dicta el ave,
y las blancas nubes derraman gotas para la escritura.
¡Damasco!
Su creador juró no hacer en adelante nada parecido
La noche cubre amorosamente a Damasco con sus alas,
Y cuando llega el día, tiende por encima la sombra de sus frondosos árboles.
¡El rocío en las ramas de estos árboles no es rocío, sino perlas,
perlas que caen como copos de nieve a merced de la brisa que las empuja!
¡Damasco!
En sus bosques luce la naturaleza todas sus galas:
el ave da su lectura matutina;
el agua es como una página en blanco abierta;
la brisa responde y escribe lo que dicta el ave,
y las blancas nubes derraman gotas para la escritura.
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