27 ene 2015

El Ermitaño y las palomas

Se cuenta que un ermitaño sufí  vivía adorando al Señor en un monte, en el cual se habían refugiado también una pareja de palomas, El ermitaño dividía en dos partes su comida; guardaba la mitad para sí, y la otra mitad para los palomos. El asceta (que tenía el don de hablar con los pájaros, así como el de la predicción) les auguró una numerosa descendencia, y así ocurrió, pues no tardaron en acudir todas las palomas a refugiarse en el monte en el cual estaba el ermitaño.
La causa de que las aves corrieran a reunirse con el  sufí asceta  está en la creencia de lo mucho que también loan los palomos al Señor y en la forma:
 "¡Gloria al Creador de las criaturas, al Repartidor del alimento, al Constructor de los cielos y a Quien ha extendido la Tierra!" 
Aquella pareja de palomos, su descendencia y todas las aves que acudieron junto al sufí siguieron en la más dulce de las vidas hasta que murió; entonces los palomos al carecer de guía se dispersaron y se repartieron por ciudades, pueblos y montes.
Se cuenta que en su dispersión cantaban:
"El día de la separación ha destrozado mi corazón.
¡Destruya Dios el corazón del día de la separación!

Desearía que volviese el día de la reunión,
para referirle lo que hacen sufrir las penas de la separación.

Cuando cae una calamidad sobre una tierra, sus habitantes no tienen más remedio que marchar.

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