5 abr 2019

El Pescador y el Jinn

En un tiempo ya muy, muy lejano, vivía en una ciudad llamada Nínive, ciudad grande sobremanera, de tres días de recorrido* y situada en la confluencia de los ríos Tigris y Khosr un pescador junto a su mujer y a sus tres hijos. A pesar de vivir en una ciudad rica conocida como “la del palacio sin rival”, ellos vivían pobremente en una choza situada junto a las murallas, por tanto en las afueras y no lejos de un canal donde amarraba a diario su barca y que le servía de acceso al río.

El pescador despertó ese día con la extraña sensación de que algo extraordinario iba a ocurrir, y así, tras despedirse de su familia, se echó las redes al hombro, atravesó una de las puertas de la ciudad flanqueada por dos magníficos toros alados.y elevó su pensamiento a Ishtar, su diosa familiar, pidiendo un buen día y una buena pesca y así, distraído con sus plegarias y ensoñaciones llegó al borde del canal y subiendo a bordo los pertrechos embarcó hacia el río donde arrojó las redes.
Ya en el río, las horas pasaban lentamente y los peces no se dejaban ver, a pesar de varear insistentemente la corriente del río*; el pescador veía con inquietud como el fruto del día estaba siendo en vano, que el sol estaba ya en lo más alto, que los peces no entraban en la red y que el calor apretaba así que decidió orillar la barca hacia un alto cañaveral. Allí, protegido del calor decidió tomar un bocado y no obstante arrojó de nuevo las redes por si el lugar resultaba más favorable.

En ese estado de quietud se encontraba cuando sucedió que la barca se escoró súbitamente del lado en que las redes colgaban. El pescador no cabía en sí de gozo pues pensaba que la captura sería importante, así que izó las redes impacientemente y en principio se sintió desilusionado pues no había ningún pez a la vista, sin embargo, entre un revoltijo de algas y limo se apreciaba un objeto parecido a una pequeña ánfora de color cobrizo oxidado. Limpió el pescador de barro la vasija que resultó ser ligera de peso y rodeada de enigmáticos signos o bien de alguna escritura desconocida para él y su ancha boca sellada por un sello en forma de estrella. El pescador maravillado pensó en principio llevar la vasija a su choza y abrirla con su familia pero, la impaciencia le venció, retiró cuidadosamente el sello y con una piedra de río de un solo golpe hizo saltar en pedazos el tapón de plomo que sellaba el ánfora.

Tan pronto el sello quedó roto, comenzó a fluir desde el interior de la vasija una especie de humo negro que, dirigiéndose hacia el cielo se transformó en una columna de nube tan enorme que eclipsaba la luz del sol. Ese humo en su parte superior comenzó a tomar forma de un ser humano oscuro y de grandes proporciones del que empezó a distinguirse progresivamente: una cabeza brillante y rapada de cuya nuca nacía una coleta negra que asemejaba una catarata, un rostro de gesto amenazante le contemplaba desde lo alto y, a ambos lados de la cara, dos grandes orejas de las que pendían sendos aros de gran tamaño; sus brazos eran como troncos de árbol con amplios brazaletes cuyos dedos y uñas semejantes a tremendas y retorcidas ramas estaban repletos de anillos cuajados de toda clase de piedras preciosas que brillaban como estrellas en la noche. Una vez que la imponente imagen se hubo formado en su totalidad, al pescador no le cupo ninguna duda. Se trataba de un Jinn*.


Desde lo alto, el Jinn fijando su amenazadora mirada en el pescador, preguntó en un tono parecido más a un trueno que a una voz:
  • -¿Quién eres tú?
  • Solo un pobre pescador trabajando por su sustento diario - contestó asustado -.
  • ¿Sabes que esa preocupación puede que se te acabe hoy?
  • ¿Y como será eso? ¿Es que acaso está en tu mano?
  • Pues sí, yo lo puedo todo y además no tengo otro remedio que acabar con tu vida.
  • Solo soy un pobre pescador que no ha hecho nada malo; en mi vida, sólo conozco el trabajo, el cuidado de mi familia y de lo poco que poseemos.
  • La Historia está escrita y no la podemos cambiar. Aunque quisiera, no puedo dejarte con vida.Se trata de la tuya o la mía, ambos no tenemos cabida en este mundo; el por qué de esto viene explicado por las inscripciones de la vasija, tú no puedes entenderlos porque no están en tu lengua pero en ellas se advierte a quien me liberase que sería asimismo la única persona mediante cuyo poder regresaría a mi antigua cautividad. Como comprenderás, está claro; tengo que hacerte desaparecer para siempre si quiero conservar mi libertad.
  • Ya veo que tu existencia es simple comparada con la mía pescador, así que no se perderá con tu desaparición gran cosa.
  • Sobre mí, - continúo el genio - debes saber que pertenezco a una estirpe tan antigua como el mundo. Vivía en la Corte de Suleyman, yo, junto con otros compañeros trabajamos en todo lo que nos solicitaba, le construimos maravillosos palacios cuyos suelos eran de cristal y los techos de maderas preciosas incrustadas de piedras preciosas que recordaban al firmamento por su esplendor, calderos de oro y complacimos todos sus deseos. És, todavía hoy, un rey sabio y magnífico. Yo, le envidiaba con todas mis fuerzas secretamente. Siempre quise ser como él en sabiduría y poder. Suleyman tenía un sello; yo sospechaba que gran parte de su poder se encontraba en ese sello. cuya forma es por cierto la misma que el que mantenía cerrada mi prisión, me consumía la envidia y tramé robarle el anillo con su sello, y, no sólo lo conseguí, sino que conservo parte del poder del anillo y ahora lo tendré hasta el final de los tiempos.
El pescador escuchaba anonadado las explicaciones del genio y al mismo tiempo pensaba la forma en que podría escapar de su difícil situación.
  • Según dices, tienes mucho poder, pero para mí son sólo palabras de charlatán – dijo el pescador-. 
  • Puedo a tus ojos enrollar la noche en el día y el día en la noche, puedo hacer que el sol salga por Occidente y se ponga por Oriente, puedo cambiar el sentido de los vientos y tu sombra de dirección, puedo hacer cualquier cosa.
  • Puedo, puedo puedo... Me cansas, y yo no veo ninguna muestra de tu poder -dijo el pescador-. De hecho yo dudo que en realidad seas un genio y no un simple fenómeno de la naturaleza; quizás mi mente me esté engañando al verte como algo que no eres y solo seas un espejismo o una alucinación causada por efecto del calor. He visto cosas parecidas a tu forma en las tormentas del desierto; remolinos y otros fenómenos, en realidad, eres vulgar, no me impresionas.
El genio, sorprendido por la reacción del pescador cambió la expresión de su rostro que pasó de fiereza a sorpresa y curiosidad por el personaje desafiante pues nunca nadie se atrevió a cuestionar sus poderes y menos un insignificante pescador.
  • Explicame, si eres tan poderoso, ¿Como has llegado a parar al fondo del río en el interior de una vasija oxidada y sellada?
  • Satisfaré tu curiosidad como un último favor que te concedo antes de hacerte desaparecer para siempre -dijo el genio-
Y continuó: Una vez que robé el anillo a Suleyman, éste, enfurecido inició su búsqueda y yo cometí la torpeza de decírselo a una de las esclavas de su harén, de la cual yo estaba enamorado y a la que, en secreto, pretendía raptar para vivir con ella en una isla lejana. La esclava me engañó con sus promesas y después me delató. Suleyman congregó a su ejército de genios, entre todos me redujeron y me introdujeron en la vasija de cobre, la taparon primero con el plomo que tu rompiste y a continuación con el sello que tú retiraste.

  • ¿Y las inscripciones en lengua extranjera? ¿que dicen? - Manifestó el pescador -
  • No debería revelarlo, pero ya que estás próximo a desaparecer consentiré en ello. Una vez que los genios me redujeron y me introdujeron en la vasija. Suleyman decidió advertir en su lengua de la peligrosidad que suponía romper el sello, advirtió que quién lo hiciera perecería ya que su vida (ahora mismo, la tuya) estaría en peligro. También las inscripciones manifiestan que sólo el que me hubiera liberado podría devolverme al cautiverio, pero ese no es tu caso. Luego, entregó la vasija a una caravana de mercaderes con el encargo de que la arrojaran al fondo del río más lejano por el que pasara la Caravana, por ello la escritura de la vasija no puedes entenderla ya que es distinta de la que se muestra en vuestras tablillas. Los mercaderes me arrojaron al Tígris donde la corriente me ha traído hasta nuestro mutuo destino.
Escuchado atentamente el relato por el pescador, éste encontró la clave para salvarse, era difícil, pero no imposible. Y en estos términos se dirigió al genio:
  • No me convences, seas lo que seas, genio, alucinación o remolino de viento. Tu relato me parece tonto y sin sentido (así comenzó a provocar al genio) y siguió: en realidad no vales nada y no creo que fueras capaz ni de construir palacios con techos de gemas ni pavimentos de cristal. No eres más que un charlatán.
El genio encendido por las provocaciones del pescador le dijo:
  • ¡Basta de charlas! Si no me crees te daré una prueba, una solo. Dime la que deseas y te la concederé, pero después morirás.
Entonces el pescador viendo próxima su liberación se dirigió al genio en estos términos:
  • Genio o lo que seas. Si de verdad lo eres, usa el poder del que presumes. yo no creo que seas capaz por tu tamaño de haber salido de esta vasija tan pequeña. Demuéstrame que en realidad estabas dentro.
Sea, dijo el genio, y convirtiéndose en un veloz y negro torbellino se introdujo en la vasija diciendo ¿Ves, pescador? ¡En realidad puedo hacer cualquier cosa!

Entonces el pescador rápidamente tomó un puñado de limo del río, tapó la vasija y colocó de nuevo el sello de Suleyman sobre la boca quedando de nuevo herméticamente sellada y con el genio en su interior. Grandes alaridos pudo escuchar el pescador, la vasija vibraba y se agitaba y parecía que iba a reventar de un momento a otro, pero el genio había regresado a su antiguo estado de cautiverio.

Rápidamente el pescador dirigió su barca hacia el lugar donde la corriente del río era más fuerte y allí arrojó la vasija que se sumergió hasta lo mas hondo, cumpliendo de esta manera la voluntad de Suleyman y por tanto lo indicado en las inscripciones de la misma.

El pescador aliviado regresó a la orilla y sin más se dirigió al templo de Ishtar para agradecer a su protectora la inspiración y la ayuda que le había prestado para salir del aprieto y a continuación a su choza donde le esperaba la reprimenda de su mujer al verle llegar con las manos (y las redes vacías) quejas, que el pescador aguantó con una sonrisa de felicidad ya que a nadie manifestó jamás su aventura que guardó para sí mismo.


Y ahora es tiempo de que el autor diga “Colorín Colorado”
Y el lector responda: “Este Cuento ha terminado”.


  • * Según el Libro de Jonás
  • *Según costumbre de los pescadores en el Nilo
  • *Genio según la mitología árabe
A GAbriel

Original de Francisco López

12 mar 2019

KAFKA. Chacales y Árabes

Relato incluído en su obra Un Médico Rural nos invita a descubrir quienes son los chacales y quien el hombre del Norte.  Solo cada uno de nosotros podrá descubrirlo.

Tarde, casi noche en Chaouen Marruecos

Acampábamos en el oasis. Mis compañeros dormían. Un árabe alto y blanco pasó a mi lado, había estado ocupándose de los camellos y se dirigía a su hogar de reposo.
Me eché de espaldas en el pasto, traté de dormir, no podía; un chacal aullaba a lo lejos; volví a sentarme.Y lo que antes estaba tan lejos, de pronto estuvo cerca. Me rodeaba una multitud de chacales; ojos que destellaban como oro mate y volvían a apagarse; cuerpos esbeltos que se movían ágil y rítmicamente, como bajo un látigo.
Por detrás de mí, uno de los chacales  se acercó, pasó bajo mi brazo y se apretó contra mí, como si buscara mi calor; luego se colocó frente a mí y me habló, con los ojos casi en los míos:

-Soy con mucho el chacal más viejo. Me alegra mucho poder saludarte por fin . Ya casi había perdido toda esperanza; hace tanto que te esperábamos; mi madre te esperó, y su madre, y una tras otra todas sus madres, hasta llegar a la madre de los chacales. ¡Créelo!

- Me asombra- dije, y me olvidé de encender la pila de leños preparada para ahuyentar con el humo a los chacales-, me asombra mucho lo que dices. Sólo por casualidad he venido del lejano Norte y estoy de paso por vuestro país. ¿Que queréis de mí, chacales?

Y como alentados por estas palabras, tal vez demasiado amistosas, estrecharon el cerco en torno a mí;
todos jadeaban con la boca abierta.

-Sabemos -comenzó el decano- que vienes del Norte; en eso basamos nuestras esperanzas. Allá existe la comprensión que no encontramos entre los árabes. De esta fría arrogancia, bien lo sabes, no se puede arrancar la menor chispa de comprensión. Matan animales para comérselos y desprecian la carroña.

-No hables tan alto - dije -; hay árabes que duermen aquí cerca.

- Realmente, eres un extranjero -dijo el chacal-; si no, sabrías que ni una sola vez en la historia del mundo un chacal ha temido a un árabe. ¿Por qué habríamos de temerles? ¿No es ya bastante desdicha que debamos vivir exiliados entre semejante gente?

-Puede ser, puede ser -dije-; no quiero juzgar asuntos que están tan lejos de mi competencia; parece una enemistad muy antigua, debe estar en la sangre, tal vez solo termine con la sangre.

-Eres muy perspicaz- dijo el viejo chacal; y todos jadearon más ansiosamente; agitados, a pesar de estar inmóviles; un olor a rancio, que a veces me obligaba a apretar los dientes, emanaba de sus fauces abiertas-. Eres muy perspicaz; eso que has dicho concuerda con nuestra antigua tradición. Así es; haremos correr su sangre y terminaremos la lucha.

-¡Oh! - dije con demasiada vehemencia quizá-;  ellos se defenderán; con sus armas de fuego os matarán a miles.

-No nos comprendes -dijo él-; una condición bien humana que, según veo, también existe en el Norte. No queremos matarlos. No habría bastante agua en el Nilo para purificarnos. Nos basta ver sus cuerpos vivientes para salir corriendo hacia el aire puro, hacia el desierto, que por eso es nuestra morada.
Y todos los chacales del círculo, a los que se habían agregado mientras tanto muchos otros que venían de más lejos, hundieron los hocicos entre las patas delanteras y se los frotaron para limpiarse; parecían querer ocultar una repugnancia tan espantosa que sentí deseos de dar un gran salto sobre sus cabezas y escapar.

-Entonces, ¿que os proponéis hacer?- pregunté tratando de ponerme de pie; pero no pude; dos jóvenes bestias me habían aferrado con los dientes la chaqueta y la camisa, por detrás: tuve que quedarme sentado.

-Te sostienen la cola - explicó con serenidad el chacal viejo - ; una prueba de respeto.

-¡Soltadme! - Exclamé, volviéndome alternativamente hacia el viejo y hacia los jóvenes.

- Naturalmente, te soltarán - dijo el viejo-, ya que lo deseas. Pero tardarán un poco, porque han mordido profundamente, como es su costumbre, y ahora deben aflojar lentamente los dientes. Mientras tanto atiende nuestro pedido.

-Vuestra conducta no me ha predispuesto demasiado a atenderlo- dije.

No nos eches en cara nuestra torpeza -dijo él, y por primera vez recurrió al tono lastimero de su voz natural-; somos unas pobres bestias, sólo tenemos nuestros dientes; para todo lo que queremos hacer, lo malo y lo bueno, solo disponemos de nuestros dientes.

-Bueno, ¿que quieres? - le pregunté no muy reconciliado-.

- Señor- exclamó, y todos los chacales aullaron; lejanamente, remotamente, me pareció una melodía-.
Señor, tú debes poner fin a esta lucha que divide el mundo en dos bandos. Exactamente como eres tú, nuestros antepasados nos describieron al hombre que llevaría a cabo la empresa. Queremos que los árabes nos dejen en paz; aire respirable; que la mirada se pierda en un horizonte purificado de su presencia; no oír el quejido de la oveja que el árabe degüella; que todos los animales mueran en paz; para ser purificados por nosotros, sin interferencia ajena, hasta que hayamos vaciado sus osamentas y pelado sus huesos. Pureza, queremos sólo pureza - y aquí lloraban, sollozaban todos- .¿Como soportas este mundo, noble corazón y dulce entraña? Porquería es su blancura; porquería es su negrura; un horror son sus barbas; basta ver la órbita de sus ojos para escupir; y cuando alzan el brazo, vemos en sus axilas la entrada del infierno. Por eso, señor; por eso, ¡oh amado señor!, con la ayuda de tus manos todopoderosas, degüéllalos con estas tijeras.
Y, respondiendo a un movimiento de su cabeza, apareció un chacal, de uno de cuyos colmillos colgaba un pequeño par de tijeras de costura, cubierto de antiguo orín.

- Bueno, ya aparecieron las tijeras,  ¡y ahora basta! - Exclamó el guía árabe de nuestra caravana, que se había deslizado hacia nosotros con el viento en contra y hacía silbar ahora su enorme látigo.
Todos huyeron rápidamente, pero a cierta distancia se detuvieron, estrechamente  apretados entre sí;
todas esas bestias se reunieron en un grupo tan rígido y apiñado que parecía un pequeño hato acorralado por fuegos fatuos.

-Así que tú también. señor, has contemplado y oído esta comedia -dijo el árabe-, y rió tan alegremente como le permitía la reserva de su raza.

-¿Tú también sabes lo que quieren esas bestias? -  pregunté.
-Naturalmente, señor -dijo él- ; todo el mundo lo sabe; mientras existan árabes, esas tijeras se pasearán por el desierto y seguirán vagando con nosotros hasta el último día. A todo europeo se las ofrecen para que lleve a cabo la gran empresa; todo europeo es justamente aquél que ellos creen enviado por el destino. Esos animales alimentan una loca esperanza; bobos, son verdaderos bobos. Por eso los queremos; son nuestros perros, más hermosos que los vuestros. Fijáte; esta noche murió un camello; lo hice traer aquí.

Aparecieron cuatro mozos que arrojaron ante nosotros el pesado cadáver. Apenas lo depositaron, los chacales elevaron sus voces. Como arrastrados por otras tantas cuerdas irresistibles, se acercaron titubeantes, frotando el suelo con el cuerpo. Se habían olvidado de los árabes, olvidado de su odio; la presencia del hediondo cadáver los hechizaba, borraba todo lo demás. Ya uno se prendía del cuello y con el primer mordisco llegaba hasta la aorta. Como una diminuta y vehemente bomba aspirante que quisiera con tanta decisión como pocas probabilidades de éxito apagar algún enorme incendio, cada músculo de su cuerpo se estremecía y se esforzaba en su tarea.
Y pronto se entregaron todos a la misma tarea, amontonados sobre el cadáver como una montaña.
Entonces el guía los fustigó una y otra vez con su cortante látigo, vigorosamente. Alzaron la cabeza en una especie de paroxismo extasiado, vieron ante ellos a los árabes, sintieron el látigo en los hocicos, dieron un salto hacia atrás y retrocedieron corriendo hasta cierta distancia. Pero la sangre del camello ya había formado charcos en el suelo, humeaba; el cuerpo estaba abierto en varios sitios; volvieron; nuevamente alzó el guía su látigo; detuve su brazo.

-Tienes razón, señor - me dijo -; dejémoslos seguir con su tarea; además, ya es hora de levantar el campamento. Lo has visto. Maravillosas bestias, ¿no es verdad? ¡Y como nos odian!

7 mar 2019

GURGAN, PERSIA. UNA LEYENDA IMAGINADA



Había en la antigüedad una provincia situada en el suroeste del Mar Caspio llamada Hircania. Fue importante en la época sasánida como baluarte del Imperio contra los nómadas del Norte y por ello contaba con numerosas fortalezas y una gran muralla. Los árabes la sometieron a tributo en 650 para conquistarla definitivamente en el 716. Fundaron en ella la ciudad de Gurgán, junto al río del mismo nombre, próspera en los siglos IX y X por el comercio de la seda y destruida durante la invasión de los mogoles en el siglo XIV. En la actualidad Gurgán es la capital de Golestán provincia de Irán y esta es la leyenda que refleja esta miniatura Persa del Siglo XVI




El Rey de Gurgán en Persia tenía dos hijos, uno valiente y decidido, y el otro sensible y prudente, todos en el reino vivían en paz y prósperamente pues la ciudad, en plena Ruta de la Seda, era atravesada continuamente por caravanas de mercaderes que transportaban no solo seda sino exquisitas telas y otras mercancías de gran valor y, por tanto, dejaban una buena parte de sus beneficios en la ciudad. 

Sin ningún genero de dudas era la ruta preferida por la seguridad que ofrecía atravesar esos territorios.

Los habitantes de Gurgán vivían una continua paz, sin sombra de bandidos ni  de amenaza de ninguna clase, nunca se preocuparon por tanto de organizar un numeroso ejército de defensa pues con las fuerzas que ya disponían garantizaban el orden y la paz en la ciudadela. No imaginaban lo vulnerables que resultaban ante la codicia de otros pueblos no muy lejos del suyo.
Un día, el rey recibió noticias a través de un mensajero del Khan de los mogoles ofreciendo dos alternativas: o la destrucción total del reino o la paz sometida a tributo. Ante ello reunió a sus dos hijos quienes le aconsejaron que convocase a la élite de la ciudad: sabios, escribas, notables y encargados de su defensa fueron llamados a consejo. Ese consejo lo presidian el rey y sus dos hijos: Masrur llamado “El Verdugo” por el rigor con el que mantenía el orden en la ciudad y a la disciplinada tropa y Fuad llamado “El poseído por el buen espíritu” amante de la música, de la espiritualidad y de la poesía.
Comenzó el consejo en el que se expuso la propuesta del Gran Khan y, mientras la mayoría opinaba que lo más acertado era someterse porqué pensaban que ante el ejército de los mogoles no había alternativa de victoria. Masrur, el valiente hijo del Rey intervino opinando lo contrario y calificando de cobardes (quizás ante el peligro de ser aniquilada su familia como gobernantes) a los que defendían la claudicación y defendiendo una propuesta de defensa que seguramente sería un suicidio para todos los habitantes de la ciudadela.
Preguntado por su postura, el segundo hijo Fuad,  “el espiritual” éste optó como la mayoría por la paz incluso sugiriendo que se ofreciera a los invasores la posibilidad de que su familia abandonase el territorio mediante una salida digna y negociada (quizás guiado por el instinto de supervivencia). Posición que su otro hermano consideró como decepcionante e indigna del hijo de un Rey y así lo proclamó ante todos.
Ante la falta de acuerdo al Rey se le ocurrió consultar también a los adivinos y para ello les convocó al día siguiente a consejo, pero sus dotes de adivinación, posiblemente influidas por el miedo a las represalias por sus augurios, no llegaban a sugerir ningún tipo de acción ante la amenaza que ni ellos habían sido capaces de predecir. Solo uno llamado Qamaquím solicitó que vertieran agua sobre un cuenco de oro que llevaba siempre consigo, así lo hicieron, pronunció una fórmula mágica y se inclinó en busca de la visión. Y lo que se le reveló en el cuenco le produjo estupor pues vio un mar de fuego que se aproximaba a la ciudadela. Comunicó su visión al rey y esta produjo sorpresa, desconcierto, y, en general risas. Qamaquim, no obstante aconsejó que había que protegerse contra "un bosque de fuego en movimiento" ante lo que Masrur o “El Verdugo”, le aconsejó: “Si no callas y sigues con tus locuras quién irá al fuego serás tú”.  Ante esa reacción de los poderosos, el resto de los adivinos enmudecieron definitivamente y ante ello Masrur construyó una encendida defensa de su opinión, reiterándose en plantar valientemente batalla. 
Convenció con su intervención a su padre el Rey pero no al resto incluido a su hermano Fuad. Al verse cuestionado por éste Masrur acusó de nuevo públicamente a su hermano de desleal y traidor por sugerir incluso el destierro de su familia y el abandono de sus súbditos a la cruel suerte de los mogoles. Ante esa posibilidad prácticamente la totalidad del consejo se inclinó por la defensa de la ciudadela. El Rey, por su parte también se inclinó por no contradecir a su hijo ante la posibilidad en caso contrario de quedar como cobarde ante su pueblo, temeroso, por otra parte de los reproches públicos de su hijo y las seguras descalificaciones hacia la cobarde postura tanto de su padre y hermano como de todo aquél que les apoyase, ante las cuales  no podrían librarse ni defenderse, y, que posiblemente Masrur utilizaría para usurpar el puesto como Rey a su padre enviándole junto con su hermano al exilio. Ante todas esas elucubraciones, el Rey decidió definitivamente optar por la defensa de la plaza y nombró a Masrur general responsable de la ciudadela y sus murallas.
Convocó el rey al mensajero de los mogoles y le entregó una carta para el Khan en el que lamentaba el anuncio de invasión y justificaba que la opción era la defensa antes que la sumisión pues se consideraban un pueblo pacífico pero valiente y no dispuesto a entregar la ciudad sin defenderla.
Y así llegó la misiva al Khan, quién en su soberbia decidió arrasar Gurgán y no dejar piedra en pie. Así como eliminar tanto al rey como a todos los suyos tal como en Gurgán sospechaban.
Tomóse muy en serio Masrur la defensa de la ciudadela y sus habitantes y en consejo supuso que puesto que sus murallas eran prácticamente inexpugnables los mogoles optarían por el asedio, para lo cual amontonaron provisiones, hicieron túneles para burlar el cerco del enemigo e incluso desviaron parte del cauce del río cercano mediante ramales y acequias que garantizaban el suministro de agua a la ciudad. Enseñó a todos los hombres disponibles el manejo del arco y almacenaron, (sin perder de vista la visión del mago Qamaquim sobre "el bosque de fuego en movimiento") grandes cantidades de agua en depósitos en los cuatro puntos de la ciudadela para apagar incendios; reforzaron puertas bisagras y todos los accesos y puntos sensibles y así, día a día la defensa era organizada pero también día a día un numeroso ejercito al mando del mejor general del Khan avanzaba dirigiéndose hacia Gurgán.
Mientras Fuad "el poseído por el buen espíritu" se perdía entre libros antiguos tratando de encontrar entre la sabiduría de los antepasados alguna fórmula que contribuyese a la defensa de la ciudad y en esto encontró lo siguiente:
"¿No has visto lo que tu Sustentador hizo con el Ejército del Elefante?
¿No hizo fracasar por completo su estratagema?
Pues envió contra ellos grandes bandadas de criaturas voladoras que hicieron llover sobre ellos golpes Contundentes de un castigo prescrito, dejándolos como un sembrado devorado por el ganado".
Corán 105
Y decidió Fuad centrarse y estudiar sobre ello y al encontrarse sólo se encomendó a Dios, como hace la mayoría de los humanos cuando se encuentran en serios apuros que ni saben ni pueden controlar. Y pidió ayuda y su llamada fue escuchada y atendida.
Y recibió Fuad la visita de unos ángeles tras la recitación, pero el Demonio, siempre atento acechaba y, como uno de sus atributos es la precipitación, oyó la recitación, la aprendió y salió para inspirar al enemigo la forma en la que debía de protegerse de los estudios de Fuad. Su precipitación y la intervención de Gabriel le veló de la visita de varios de sus ángeles que pusieron en manos de Fuad unos  instrumentos celestiales con los cuales acompañar la recitación que impediría en última instancia la invasión de Gurgán.
Llegó el Demonio e inspiró al enemigo que en Gurgán le combatirían, sólo con la fe y unas pocas armas, a lo que el enemigo respondió: "A la Fe se la combate con el fuego". ¡Ya veremos quien es el más poderoso!
Entre tanto en la ciudadela Masrur ultimaba los preparativos de la defensa y una noche...
Un centinela tocó el cuerno de alarma. Detrás de las colinas se vislumbraba un gran resplandor, y un tenue sonido como de truenos que poco a poco avanzaba. En poco tiempo se podía escuchar el tremendo y amenazante ruido de los timbales y ¡Efectivamente, "un bosque de fuego", avanzaba hacia la ciudadela! ¡Qamaquim el mago tenía razón! Ahora su profecía cobraba sentido y como si se tratase de la lava de un volcán el fuego y el humo avanzaban en la noche derramándose por las laderas de las cercanas colinas; todos los mogoles portando antorchas se dirigían hacia las murallas de la ciudadela entre el estremecedor redoble de los tambores en una escena sobrecogedora que presagiaba una tormenta de muerte. Pero la tormenta de muerte iba a transcurrir de otra manera muy diferente.
Al ser conscientes de que la amenaza se aproximaba, los hombres en el interior de la ciudadela al mando de Masrur desconcertados por la visión del fuego y del humo, ensordecidos por el siniestro estruendo de los tambores y el presagio de una inminente gran masacre en la batalla, comenzaron a tomar posiciones en las murallas, mientras, la población aterrorizada corría de un lado a otro de la ciudadela como pequeñas ratas sin saber que hacer ni donde esconderse. Los arqueros tensaban ya sus arcos pero tanto por  la oscuridad de la noche como por el resplandor de las antorchas de las tropas del Khan, no podían determinar hacia donde tenían que apuntar y por tanto  dirigir sus flechas.  Todo era griterío, pánico y caos; salvo en una de las torres, la que ocupaba Fuad, "el poseído por el buen espíritu", que desde la altura contemplaba serenamente las escenas de pánico.
Los tambores invasores callaron de pronto y solo durante unos minutos pudo oírse solamente los gritos de desesperación que delataban el  pánico en el interior de la ciudadela. A continuación un grupo coordinado de toques de cuerno dio lugar nuevamente al estruendo de los tambores y un tremendo griterío lanzado por los guerreros del Khan hizo estremecerse la tierra.
En ese momento Fuad tomó el instrumento acompañado de varios ángeles y comenzó la recitación, frente al estruendo del caos en el inicio de la batalla podían escucharse las armoniosas notas que procedían de lo alto de la torre, estas fueron convirtiéndose en una ligera neblina que envolvió al ejército enemigo para una vez llegar a su misma altura ocultar a los atacantes en una densa y negruzca niebla, que derivó en una torrencial lluvia que se abría paso entre el resplandor de los relámpagos y el fragor de los rayos y que anuló por completo el estruendo de los tambores y apagó tanto las antorchas como el ardor de los guerreros del Khan, minando su confianza, anulando su poder y enterrándoles para siempre en el fango. La  tierra se abrió en un gran estruendo, engullendo a todo el ejército, a toda la maquinaria de guerra y a sus generales, para volver a cerrarse inmediatamente y crecer en su lugar de la noche a la mañana tantos cedros  como soldados había en el ejército invasor y hoy en día a este lugar todavía se le conoce como "El bosque de los cedros de Dios".
La armoniosa música cesó, la ciudadela atónita se salvó. Masrur, el guerrero que había escuchado también la música sabía que procedía de la intervención de su hermano, corrió a contar a su padre todos los maravillosos hechos y también a agradecer a su hermano tanto su secreta preocupación por la liberación de la Ciudadela  como su intervención en la definitiva victoria y en definitiva a pedir perdón por las públicas ofensas de las que les hizo objeto.
Masrur y su padre el Rey se dirigieron a los aposentos de Fuad, y allí descubrieron montones de libros abiertos y siete instrumentos musicales abandonados que no conocían pero en los aposentos no había nadie ni rastro del muchacho. Una vez terminada la batalla partió en compañía de los ángeles para no regresar.
El ejército invasor había desaparecido como obra del mal y Fuad había desaparecido como obra del bien. El Khan nunca se explicó la desaparición de su temido ejército y por tanto no se atrevió a enviar mas mensajeros con amenazas de invasión a Gurgán y por tanto sus gentes continuaron viviendo en paz sin ninguna amenaza y es ciudad próspera hasta nuestros días habitada por ciudadanos valientes, nobles y buenos.
La realidad fue un poco distinta ya que en la realidad Gurgán fue completamente destruída en el siglo XIII por los mogoles desplazándose el centro de la región hasta Astarabad que es la actual Gorgan pero este relato también podría haber ocurrido con mucha fe.



12 feb 2019

Breve apunte sobre Inmigración y Convivencia


Si hay un pueblo pionero que refleja en si mismo las reacciones del comportamiento humano ante los fenómenos migratorios, creo que podríamos referirnos a Israel. Desde su llegada a Egipto hasta el destierro en Babilonia y su posterior dispersión por todo el mundo podría considerarse el pueblo pionero en habitar territorios y convivir con culturas que, en principio le son extrañas. Ante eso enfrentamos unos comportamientos muy dispares de las poblaciones autóctonas  ante su presencia en los territorios en los que progresiva e históricamente se han ido asentando,y a los que no voy a referirme, por ya conocidos pero que, en gran parte son una muestra extrapolable hasta hoy del comportamiento de la sociedad ante la presencia de seres humanos que la sociedad considera “diferentes” pero que, de hecho, no lo son y en esa diferenciación incluiría también a los musulmanes. No se puede juzgar por el aspecto, la vestimenta o las costumbres. Nadie es "diferente" a nadie Y me van a permitir esa palabra porque solo en ella creo que es donde radican los problemas de acogida.“El ser humano fue creado en conflicto” Tal como nos dicen las Escrituras. Tan en conflicto, añado, que llegó a aburrir al Creador, que pretendió rectificar su obra a base del diluvio y otras destrucciones, para luego, reconocer divinamente que se le había ido la mano y no lo volvería a hacer. 
El ser humano, en general lleva mal todo lo que no es como él mismo, lo que es “diferente”. Puede tolerarlo, pero su comportamiento ante la diversidad es de conflicto y, por cierto, no lo trata de la misma manera individual que colectivamente. Este matiz comprende desde el extranjero al vecino de escalera, e incluso hasta tu mismo hermano. Tenemos rechazo emocional ante lo desconocido, ante la diversidad.o lo que no es como yo. El "Yo" es la referencia comparativa para todo. La leyenda de la convivencia pacífica de las tres culturas en Toledo, demostrado, que no lo fue tanto, si no, no hubiese terminado en expulsión. La inmigración es algo con lo que hay que convivir pero su total asimilación y tolerancia llevará tiempo, es una cuestión de evolución del mismo ser humano, y por tanto del comportamiento de la sociedad ante ello. Es la asunción por cada uno de nosotros de que quien viene a nuestro país debería ser para convivir en paz, trabajar y contribuir a su progreso y a cambio, no solo se puede recibir un salario, sino también un reconocimiento de sus culturas, costumbres, de su religión de su “ser humano” hasta su total integración.

12 nov 2018

The Dwell of Minos (original)


This is The Dwell of Minos,
noble Castle of human wit and learning.
Minos, the King of Crete, so renowned for justice,
symbol of the noble soul.
Here, hidden stands The Temple
where The Sixfold Hexagon in two divides,
and grow smaller and smaller
as they descend
into a place mute of all light.

6 nov 2018

This Month

"This month shall be to you the beginning of months"—Exodus 12:2.

29 oct 2018

La Muerte es un Espejo (original)




La muerte se te presentará,
en la forma que te la imaginas.
Es el espejo de tu propia mente;
si la crees dulce e inocente, como la niñez, así la encontrarás;
si por el contrario, trágica y violenta, así será.
A quienes la imaginan oscura segando con su guadaña,
o por el contrario, colorida y divertida no les defraudará.
Para quienes vean en ella su meta y liberación.
siempre amable se les mostrará.
Nadie debe dudar,
que a todos complacerá.