11 oct 2013

El Halcón del Rey Sindabad


El Rey Sindabad y el halcón

 Cuentan – pero Dios es mas sabio – que había un Rey de Reyes, persa, al que complacían las diversiones, los paseos y toda clase de cacerías. Un halcón, al que había adiestrado, permanecía a su lado día y noche, y dormía  durante ésta apoyado en la mano de su dueño. Cuando salía de casa lo llevaba consigo. Le había colgado en el cuello un vasito de oro, en el que le daba de beber.
Cierto día en el que el rey estaba sentado en su trono, se presentó el cetrero y le dijo: “Rey del tiempo: es ya época de empezar a cazar”.
El rey se preparó para salir, colocó el halcón en su mano y partió. Llegaron a un valle en el que extendieron la red de caza y en ella cayó, de repente, una gacela. El rey exclamó: “¡Mataré a aquél por cuyo lado escape la gacela!”
El círculo de cazadores fue estrechándose, mientras que ella, por su parte, fue acercándose al rey, hasta que, por fin, se irguió sobre sus patas y, apoyándose en sus manos, las colocó debajo del pecho como si fuese a besar la tierra ante el soberano. Este bajó la cabeza y el animal dio un brinco, huyó por encima de su testa y se dirigió campiña adentro.
El rey se volvió a mirar a los soldados y observó que se guiñaban los ojos. Preguntó “¡Visir ¿Que se están diciendo los soldados?”
“Comentan lo que dijiste: que aquel por cuyo lado escapase la gacela, sería ajusticiado”.
“¡Por mi cabeza! ¡La perseguiré hasta volver con ella!”
El rey se puso a seguir el rastro de la gacela y no se cansó de ir tras sus huellas.
El halcón iba picando en los ojos del animal fugitivo, hasta que al fin la cegó y la aturdió; entonces el rey levantó la maza y de un solo golpe la derribó. Se apeó, la degolló y la colgó del arzón de su silla. Era una hora de calor y estaba en un lugar árido; no había agua. El rey y su corcel tenían sed, por lo que el soberano dio una vuelta y divisó un árbol, del que fluía un líquido que parecía manteca. Como tenía la mano enfundada con el guante de piel, tomó el vasito del cuello del halcón, lo llenó de aquél líquido y lo colocó delante de él. Pero el halcón dio un golpe al vasito y lo vertió.
El rey cogió de nuevo el vasito, lo llenó y, creyendo que el halcón estaba sediento, se lo colocó delante, pero el animal lo derramó de nuevo. El rey se enfadó con el pájaro y, tomando el vasito por tercera vez, se lo acercó al corcel; pero el halcón, con el ala, volvió a verterlo.
El rey exclamó: “¡Dios te confunda, la mas nefasta de las aves! ¡No me has dejado beber, no has querido hacerlo tú y encima se lo has impedido al caballo!
Dicho esto, de un sablazo le cortó ambas alas.
El halcón levantó la cabeza y dijo por señas: “Mira lo que hay encima del árbol”. El rey levantó la vista y vio una serpiente, cuyo veneno era el líquido que fluía del árbol. Y se arrepintió de haberle cortado las alas al halcón.
Montó, el rey, en su caballo y llevó la gacela al lugar del que había partido. Al entregarla al cocinero, le dijo: ¡Cógela y ásala!.  Luego se sentó en su silla, sosteniendo siempre al halcón en la mano, hasta el momento en que el animal, tras un estertor murió. El rey prorrumpió en gritos de tristeza y de dolor por haber matado al halcón en recompensa de haberle salvado de la muerte.
Y esta es la historia del rey Sindabad”.

Lo mejor del Universo

Cerré los ojos tratando de buscar lo mejor del Universo, pero no pude hallarlo.

29 sept 2013

El puesto de las especias




El puesto de las especias

I
Como pequeñas montañas multicolores
rojas, amarillas, verdes, azafranadas,
por otra parte
dulces o amargas, estimulantes o tranquilizantes, aromáticas
se ofrecen las especias a los compradores,
les llaman desde sus recipientes
¡Llévame contigo! si no me tomas, yo sin ti, aquí soy nada.
Y los compradores jugando a ser Dios.
Fingen que no escuchan.

II
Mi Religión

Me preguntó cual era mi Religión.
Y contesté: la de Dios.
Si, ¿pero cual? -Insistió-
Pregúntale a Él lo mismo, y la que te diga;
pues esa misma.




III
La Acequia

Entre sol y sombra discurría placentera,
repartía sus sonrisas
a los olivos, a las palmeras, a las higueras…

IV
Lavanderas

¡Quien volviera al tiempo de las lavanderas!
Tiempo de agua fresca,
de coplas y de risas,
de ropa limpia al sol y al viento.
Tiempo desvanecido.

V
El Sonido del dolor

El lenguaje de los pájaros no me es desconocido
ni el susurro del viento entre los árboles
ni el rumor de los arroyos.

Me sobrecoge el estruendo de la tempestad,
no tanto como el dolor de la viuda y el huérfano
al escuchar tañer la campana.

Entre todos los sonidos,
prefiero el de la esperanza
pero ese sonido, es mudo.

VI
En la mañana Turca

¿Recuerdas aquella brillante mañana de Julio?
El cántaro de barro a la puerta
el vaso junto a la fuente,
en una alberca de agua fresca
entre el sol y sombra de la higuera
lentamente se refrescaban
las verdes y jugosas sandías,
como cabezas de niños
disfrutando de su baño,
como fruto maduro,
esperando su momento.

VII
Las Norias de Hama

Nunca olvidaré el particular sonido de sus norias,
como tosco violoncelo,
transforman el caudal del Orontes en continua sinfonía.
Hoy lamento.

VIII
Aquí hubo vida

Cegaron el pozo del Oasis,
casi todo pereció.
y en aquél lugar
nada volvió a ser igual;
la vida huyó.
En la vida de las personas, a veces
ocurre igual.

IX
Rezar

Y decidí rezar con menos palabras

para no tener que culparte
de falta de respuesta.
Y cargué sobre mis hombros
indolencia, falta de juicio
de fe o devoción
que me sirvieran de justificación
a Tu ausencia.

X
El mejor Pastor

Será siempre aquel que lleva sus ovejas al prado mas verde.

XI
Desesperado (Lamento)

Ya no hago preguntas, porque no me interesan las respuestas.
Ya no pido explicaciones, porque tampoco me interesan las explicaciones.
A veces me gustaría gritar con todas mis fuerzas.
¡No entiendo nada!

XII
La serpiente reidora

Del linaje de la del Paraíso,
a todos encantaba,
cara de mujer en cuerpo animal.

Aquellos hombres de su hechizo se libraron,
frente a su rostro, espejo de plata colocaron,
desde entonces, solo ríe de si misma.

XIII
Un ángel se fue

Una especie de ángel se marchó, 
sin dejar ninguna huella,
desapareció en dirección al cielo,
a través de un agujero, curiosamente redondo en las nubes
por el que los rayos del sol penetraban en todo su esplendor
como indicando: Es por aquí....

XIV
Paraíso

El hombre se cansa hasta de vivir en el paraíso.
Es insatisfecho por naturaleza..


26 sept 2013

Mantic Uttair -Farid Uddin Attar- Persia (1199-1230)



Mohammed ben Ibrahim (1199-1230) Nishapur (Persia) tenía como sobrenombre Nischapuri Farid-Uddin Attar. Era perfumista de profesión, pero abandonó su profesión e ingresó en una orden de derviches vagabundos lo que le permitió conocer a los sufíes mas eminentes de la época. Filósofo y poeta de mentalidad. Su obra es considerable en calidad y cantidad; pero su poema más célebre es el Mantic-Uttair o “Lenguaje de los pájaros” La tradición hace morir a Attar asesinado en su ciudad natal por los mogoles de Gengis Khan.

El Mantic Uttair es un poema alegórico, escrito en persa y lleno de simbolismos que derivan en la búsqueda y unión mística con el Uno Divino. Comienza con una maravillosa invocación que en su brevedad es todo un universo espiritual. Ante la misma, toda palabra sobre el libro resulta tosca, grosera y el que escribe sobre él, tan insignificante como la mas humilde hormiga. Uno se pregunta al comenzar la lectura ¿Si este efecto produce,sólo la invocación, que efecto producirá la lectura total? Pues sencillamente, el avance de muchos pasos en la comprensión y búsqueda de Dios y de si mismo.


“No has podido hacer nada, no busques, pues, nada; todo lo que tú dices no es lo que hace falta, no digas, pues, nada. Lo que dices y lo que sabes, es lo que eres. Conocerse a sí mismo, es existir cien veces. Pero tú debes conocer a Dios por él mismo y no por ti”


Comprendido y asimilado lo anterior, esto que sigue, simplemente es una superficial información sobre el argumento del libro, lo que hay en su interior y la obra del autor en sí, es para descubrirla por uno mismo. Esto, posiblemente, acarreará terribles efectos secundarios: la calidad humana del lector se habrá multiplicado hasta el infinito positivamente.


“Cuando el hombre tuvo sus facultades, confesó su impotencia y se sumergió en la admiración”


La trama


Los pájaros experimentan la necesidad de tener un rey. Es la abubilla la que se erige en líder de los pájaros por haber servido de mensajera entre Salomón y la Reina de Saba . Ver Corán:27: 16 a 28


“Los pájaros se reunieron y dijeron: “No hay en el mundo un país sin rey. Y la nación de los pájaros no tiene ninguno. Esto no puede continuar; unámonos y busquemos uno”


La abubilla propone a los pájaros como rey al ave Simurgh (criatura mitológica de los antiguos persas compuesta por partes de ave, de pez, patas para andar y que suelta fuego, comprende en si mismo los cuatro elementos de la naturaleza) y les habló:


“Conozco un rey, pero no puedo ir sola a verle. Venid y os llevaré a su corte. No temáis, el que exponga su vida en esta aventura quedará libre de todo mal. Seguid mi camino y llegaremos a la puerta del palacio de Simurgh, rey de los pájaros”


La abubilla argumenta que Simurgh será el rey perfecto por creer, a su juicio, que reúne las mejores cualidades:


“Está en todas partes, y no obstante, lejos de nosotros. Ninguna alabanza puede celebrarle. En ambos mundos, nadie puede disputarle el imperio. Es rey ante todo. No se revela entero, pues ni la ciencia ni la inteligencia llegan a su lugar de descanso.”


Pero éste vive en las montañas del Caúcaso y la abubilla procede a describir a los pájaros el viaje: Para llegar al castillo de Simurgh tendrán que atravesar siete valles y les anuncia que el viaje será muy largo y penoso:


El primer valle es el de la fatiga y para atravesarlo hay que despojarse del corazón
El segundo valle es el del amor. Hay que hundirse en el fuego y ser fuego.
El tercero es el valle de la suficiencia
El cuarto, el de la unidad, en el que el ojo no percibe nada sensible a los sentidos
El quinto el de la manifestación , en el que el Ser único se manifiesta
El sexto es el del asombro, en el que un enorme fuego lo consume todo,
El séptimo, es el Valle de la muerte, en el que todo es mudo olvido y desmayo.


Tras escuchar tal descripción los pájaros están tan aterrados que muchos mueren tras el relato y otros alegan excusas y pretextos para no acompañar a la abubilla:
El ruiseñor alega que si está lejos de su amada se pone triste y no canta. El pavo real, que fue amigo de la serpiente en el paraíso y le echaron de allí, por tanto un ser tan despreciable no puede llegar hasta un ser tan excelso. El águila, que su ambición es elevada, que él, que extiende sus alas sobre los reyes, no puede obedecer a un rey, y así sucesivamente...


No obstante la abubilla está decidida a viajar y convence al resto. Lo hacen durante años y muy pocos alcanzan el palacio de Simurgh unos mueren de frío, agotamiento, otros, devorados por fieras. Los pájaros que iniciaron el viaje llenaban el mundo pero finalmente alcanzan su objetivo sólo 30, curiosamente Simurgh en persa significa “30” lo que los pájaros interpretan como buena señal y acertadamente como una fusión total de los supervivientes en el esplendor de su nuevo rey. Cuando le conocen, le perciben tan majestuoso y brillante que no cabe descripción. Para ellos es el sol. Los pájaros están plenos de admiración, se descubren a si mismos tan brillantes y maravillosos como su rey y que en realidad ellos y él forman un solo ser, al no comprender ellos mismos ni su propia luz ni su nuevo estado interrogan a Simurgh sobre ello, obteniendo la siguiente respuesta:


“Mi sol es un espejo. El que me contemple en él, en él estará. Fundíos en mí y os hallareis a vosotros mismos”.



Es, en resumen un maravilloso poema sufí que toda persona “en el camino” debería leer, y cuyo final es tan evidente que no necesita mayor explicación.

24 sept 2013

La lucha de Isfendiar con el Simurgh Sha-Nameh Firdusi


El Simurghr es un ave mitológica de los antiguos persas compuesta de partes de ave, partes de pez, arroja fuego como el dragón y tiene patas para andar por tierra. Representa una síntesis de los cuatro elementos.

El Combate
Isfendiar entra en el palacio de Guschtasp y le reclama el trono y la corona, pero Guschtasp no desea abandonar el poder y envía a Isfendiar a luchar con el viejo Rustem.
Rustem reconoce que Isfendiar es "el heroe de bronce invencible" como el Aquiles de los griegos e igual que Aquiles solo era vulnerable por el talón, a Isfendiar no se le puede matar más que si una flecha le entra en el ojo.
Rustem se aconseja con Simurgh el pájaro divino, al que encontró tras buscarle, en lo alto de un sendero secreto de la montaña.
El poderoso pájaro le dijo a Rustem después de frotarle la cabeza con un ala:
"Elige la rama más recta, la mas larga y la mas delgada de este tamarindo. A ella está unido el destino de Isfendiar. Enderézala y endurécela ante el fuego; escoge un buen hierro viejo de flecha, átale a la madera unas plumas y este hierro, y podrás matar a Isfendiar.
Si Isfendiar viene a provocarte a combate, háblale con dulzura y rectitud; si se niega a tratarte con dulzura coloca esta flecha en tu arco, dirige la linea de tus manos hacia los ojos de tu enemigo y el destino llevará la flecha directamente a su ojo, pues es ahí donde es vulnerable."






22 sept 2013

Mi Religión

Me preguntó cual era mi Religión
Y contesté: la de Dios.
Si, ¿pero cual? -Insistió-
Pregúntale a Él lo mismo, y la que te diga,
pues esa misma.


20 sept 2013

Una especie de ángel

Una especie de ángel se fue, 
sin dejar ninguna huella,
desapareció en dirección al cielo,
a través de un agujero, curiosamente redondo en las nubes
por el que los rayos del sol  penetraban en todo su esplendor.