5 sept 2013

La hambruna de Damasco -Saadi de Shiraz (Persia S.XI)

De el Bostán

Saadi en el Jardín de las rosas

La hambruna de Damasco

Una hambruna asolaba la ciudad de Damasco. Era tan terrible que los amantes olvidaban el amor.
Ninguna lluvia caía del cielo sobre la tierra desecada; los árboles morían en los vergeles, las fuentes se secaban, los bosques parecían de hojas y de frutos; las colinas no tenían verdor alguno, ni cantaban los pájaros.  Los hombres estaban obligados a alimentarse de saltamontes.
En medio de tanta desdicha encontré uno de mis amigos, gran personaje colmado de honores y poseedor de una inmensa fortuna.
Sin embargo, sólo tenía piel y huesos.
Le testimonié mi sorpresa.
-¿Que desgracia te ha reducido a tan lamentable estado?
Me respondió iracundo:
- ¿Acaso no ves cómo esta plaga destroza el país? La miseria llega al colmo: del cielo no cae lluvia y la queja humana no llega al cielo.
-¿Que temes? - repliqué-. Eres rico y no puedes, como otros, morir de hambre. La cerceta* no se preocupa por la inundación.
Mi amigo me miró con lástima, como se mira a los ignorantes.
-El hombre de corazón -me recriminó- no se queda en la orilla cuando sus compañeros son arrastrados por las aguas. No es el hambre lo que ahueca mis mejillas y pone en mi frente el color del marfil. Es la angustia de aquellos a los que el hambre atenaza.
El sabio siente más el sufrimiento ajeno que el suyo propio; el hombre honrado comparte el dolor de su vecino,
Viendo a mi alrededor a tantos desgraciados que se mueren de sed y hambre, tengo horror a los alimentos como se aborrece el veneno.
Un jardín lleno de luz y pájaros pierde todo su encanto para aquél cuyo amigo gime en una húmeda y negra prisión.

*cerceta: ave acuática, también llamada pato aliverde o pato serrano

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