La primavera es Cristo
La casa está vacía.
Salimos al jardín para que la manzana se encuentre con el melocotón,
para transmitir mensajes entre la rosa y el jazmín.
La primavera es Cristo
levantando de sus sudarios a plantas martirizadas.
Repletas de gratitud, se les abre la boca en busca de un beso.
El resplandor de la rosa y el tulipán significa que dentro hay una lámpara.
Tiembla una hoja. Yo tiemblo en el viento de la belleza
como seda del Turquestán,
y la llama prende en el incensario.
El viento es el Espíritu Santo.
Los árboles son María.
Observa a marido y mujer haciendo juegos sutiles con las manos.
Se lanzan perlas turbias de Adén sobre los amantes,
como dicta la tradición nupcial.
El aroma de la camisa de José llega hasta Jacob.
Una cornalina roja llega de Yemen
hasta los oídos de Muhammad en la Meca.
Hablamos de esto y de aquello.
No hay descanso
excepto en estas ramificaciones de momentos.
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