Al-Aʿmā al-Tuṭīlī
Lagrimas derramadas, ardiente corazón:
Agua y fuego:
Siempre opuestos, salvo en la pasión.
¡Ay, vida mía, el reproche del crítico es cruel!
mas la vida es corta, las fatigas largas.
¡Suspiros que pregonan la pasión abrasadora,
y lágrimas corredoras como la riada!
El sueño es inútil, la cita lejos;
no tengo reposo.
Si yo encontrara la rama, volaría.
Oh Ka´aba, hacia ti peregrinan los corazones,
con clamoroso anhelo contestado por el amor.
Llamaste a un arrepentido que vuelve a ti.
Aquí estoy, sordo al discurso del espía.
Déjame ir a orar,
no me des evasivas;
mi corazón es el premio, las lágrimas mi ofrenda.
Bienvenido sea aunque me muera por ella,
de cadera ufana y párpados lánguidos.
La crueldad en el amor parece dulzura,
y enseña a obrar mal al pensamiento.
Huyó de aquellas noches, cortas para mí.
Mis lágrimas desde entonces rezuman
un picor de espadas entre los párpados.
He escogido a una dueña injusta,
más no diré quién es,
pues mi justicia reluce
aunque mi amada sea cruel.
Pregúntale sobre nuestro amor y su evasión.
Regalé pasión, la convirtió en sumisión,
y también la eludió.
Después de ella, elija el gozo a quien quiera.
¡Que no se aleje de mí en ningún caso,
ama acusadora que tortura y vacila!
Me abandonó con promesas de tristeza y enfermedad,
cantando entre amorosa y coqueta:
Lagrimas derramadas, ardiente corazón:
Agua y fuego:
Siempre opuestos, salvo en la pasión.
¡Ay, vida mía, el reproche del crítico es cruel!
mas la vida es corta, las fatigas largas.
¡Suspiros que pregonan la pasión abrasadora,
y lágrimas corredoras como la riada!
El sueño es inútil, la cita lejos;
no tengo reposo.
Si yo encontrara la rama, volaría.
Oh Ka´aba, hacia ti peregrinan los corazones,
con clamoroso anhelo contestado por el amor.
Llamaste a un arrepentido que vuelve a ti.
Aquí estoy, sordo al discurso del espía.
Déjame ir a orar,
no me des evasivas;
mi corazón es el premio, las lágrimas mi ofrenda.
Bienvenido sea aunque me muera por ella,
de cadera ufana y párpados lánguidos.
La crueldad en el amor parece dulzura,
y enseña a obrar mal al pensamiento.
Huyó de aquellas noches, cortas para mí.
Mis lágrimas desde entonces rezuman
un picor de espadas entre los párpados.
He escogido a una dueña injusta,
más no diré quién es,
pues mi justicia reluce
aunque mi amada sea cruel.
Pregúntale sobre nuestro amor y su evasión.
Regalé pasión, la convirtió en sumisión,
y también la eludió.
Después de ella, elija el gozo a quien quiera.
¡Que no se aleje de mí en ningún caso,
ama acusadora que tortura y vacila!
Me abandonó con promesas de tristeza y enfermedad,
cantando entre amorosa y coqueta:
"Mi amor está enfermo de mi amar.
¿Como no lo ha de estar?
¿No ves que a mi no ha de llegar?
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