Hallábanse dos hambrientos gatos en la orilla de un riachuelo,
acechaban a los peces que tranquilamente nadaban protegidos de su amenaza por las aguas,
en la orilla también se encontraba un sapo que contemplaba la escena.
Viendo que simplemente miraban y esperaban , el sapo les dijo:
"moriréis de hambre con vuestra actitud; los peces no saldrán del agua a echarse en vuestras garras.
Si queréis alimentaros tendréis que entrar en el río, y perseguirlos hasta darlos caza".
Los dos gatos encontraron muy sensato el consejo del sapo, así que decidieron arrojarse al agua.
Tan pronto como lo hicieron, los peces escaparon hacia donde la corriente era más profunda. los gatos intentaron seguirlos pero se vieron arrastrados por las impetuosas aguas, golpeados contra las piedras pero finalmente, maltrechos, consiguieron con mil esfuerzos volver a la orilla, de donde el sapo ya había desaparecido.
Si permanecemos quietos, -dijo uno de los gatos a su compañero- no llega nuestro sustento. Si intentamos conseguirlo, casi morimos en nuestro intento, si escuchamos consejo, no siempre es el que conviene.
Como a los dos gatos, así nos trata la fortuna en la vida cuando se muestra esquiva.
¿Y ahora, qué? decían los gatos ¿ Y ahora, qué? (decimos nosotros).