Libro VII -4,5,6-
(...) Me venía a la mente que no en vano los sabios de la remota Antigüedad habían imaginado a la Fortuna ciega y hasta sin ojos: siempre reserva sus favores a los malvados que menos lo merecen; el sano juicio nunca preside a su elección entre los mortales; al contrario, se inclina preferentemente por las compañías que debiera evitar y de las que se mantendría alejada si fuera evidente; y lo peor de todo, en fin, es que nos reparte la buena o mala fama al azar o, mejor dicho, al revés: el malo luce el título de hombre virtuoso y, al contrario, el más inocente suele recibir los palos que corresponderían a los criminales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario