17 may 2014

Naguib Mahfuz "Misericordia" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Misericordia

La casa era vieja, al igual que el matrimonio: él tenía sesenta y tantos y ella más de setenta. Les había unido el amor hacía treinta años, y luego les había abandonado junto con el resto de sus esperanzas.
Si no hubiera sido por su estrecha situación, el pájaro habría huido de la jaula. Siempre estaba afligido por el ansia que sentía de vida, mientras que ella sufría por exceso de timidez.
Él mantenía sus sueños despiertos comprando lotería, albergando vagas esperanzas. Cada vez que compraba un billete, murmuraba: "Misericordia, Señor". El corazón de la mujer palpitaba de terror y también murmuraba: "Misericordia, Señor".

Naguib Mahfuz "Imágenes vivas" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Imágenes vivas

En esta fotografía antigua están reunidos los miembros de mi familia y en esta otra los viejos amigos.
Las estuve mirando durante largo rato hasta sumergirme en los recuerdos. Todas las caras estaban radiantes, tranquilas y hablaban con la vida. No había la más ligera señal de lo que ocultaba lo desconocido.
Ahora todos han muerto, no queda ni uno solo.
¿Quién puede asegurar que la felicidad fue una realidad viva y no un sueño o una ilusión?

Naguib Mahfuz "Un poco antes del alba" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Ambas mujeres estaban sentadas a la turca en el sofá, charlando amistosamente. La viuda tenía setenta años y su suegra ochenta y cinco. Habían olvidado el largo periodo de tiempo en que estaban llenas de celos, rencor y odio. El difunto había logrado impartir justicia entre la gente, pero había sido incapaz de establecer justicia entre su madre y su esposa. Ni siquiera había podido mantenerse al margen.
Cuando el hombre se fue para siempre, por primera vez las dos mujeres estuvieron de acuerdo en algo: la profunda tristeza que sentían por él.
La vejez ha templado la terquedad y ha abierto las ventanas a la brisa de la sabiduría.
Ahora la suegra reza por la viuda y le desea de todo corazón salud y larga vida. La viuda por su parte, le pide a Dios que alargue la vida de la otra para que no la deje sola y desamparada.

Naguib Mahfuz "Olvido" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Olvido

¿Quien es ese anciano que sale de su casa todas las mañanas para caminar todo lo que puede?
Es el sheij, el profesor de árabe, que está jubilado desde hace más de veinte años.
Cuando se cansa, se sienta en la acera o en el muro de piedra del jardín de cualquier casa, se apoya en su bastón y se seca el sudor con el borde de su amplia galabeya.
El barrio le conoce y la gente le quiere, pero es raro que alguien lo salude, por su frágil memoria y su sensibilidad . Ha olvidado a los parientes, a los vecinos, a los alumnos y las reglas de la gramática.

16 may 2014

Naguib Mahfuz "El próximo traslado" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)


El Próximo traslado 

- He venido a verle porque usted es mi primer y mi último refugio - dijo precipitadamente.
- Eso significa que vienes a pedirme algo - respondió el anciano sonriendo.
- Han decidido trasladarme de provincia en el próximo relevo.
-¿No has permanecido aquí durante el periodo reglamentario? Ésas son las normas para este tipo de puestos.
- El traslado ahora va a ser perjudicial para mí y para mi familia -dijo con humildad.
- Ya te informé de la naturaleza de tu trabajo desde el primer día.
- La verdad es que la provincia ha llegado a ser nuestra segunda casa. No podremos acostumbrarnos.
- Eso es lo que dicen todos tus compañeros, los que te han precedido y los de tu promoción.
Sabes perfectamente que tu traslado no se puede adelantar ni atrasar.
- ¡Que experiencia tan cruel! - exclamó con pesar.
-¿Por qué no te has preparado para ello, sabiendo que era tu inevitable destino?

12 may 2014

Fábula de los dos gatos



Hallábanse dos hambrientos gatos en la orilla de un riachuelo,
acechaban a los peces que tranquilamente nadaban protegidos de su amenaza por las aguas,
en la orilla también se encontraba un sapo que contemplaba la escena.
Viendo que simplemente miraban y esperaban , el sapo les dijo:
"moriréis de hambre con vuestra actitud; los peces no saldrán del agua a echarse en vuestras garras.
Si queréis alimentaros tendréis que entrar en el río, y perseguirlos hasta darlos caza".

Los dos gatos encontraron muy sensato el consejo del sapo, así que decidieron arrojarse al agua.
Tan pronto como lo hicieron, los peces escaparon hacia donde la corriente era más profunda. los gatos intentaron seguirlos pero se vieron arrastrados por las impetuosas aguas, golpeados contra las piedras pero finalmente, maltrechos, consiguieron con mil esfuerzos volver a la orilla, de donde el sapo ya había desaparecido.
Si permanecemos quietos, -dijo uno de los gatos a su compañero- no llega nuestro sustento. Si intentamos conseguirlo, casi morimos en nuestro intento, si escuchamos consejo, no siempre es el que conviene.
Como a los dos gatos, así nos trata la fortuna en la vida cuando se muestra esquiva.
¿Y ahora, qué? decían los gatos ¿ Y ahora, qué? (decimos nosotros).

4 may 2014

La Fortuna según Apuleyo (De El Asno de Oro)

Libro VII -4,5,6-
(...) Me venía a la mente que no en vano los sabios de la remota Antigüedad habían imaginado a la Fortuna ciega y hasta sin ojos: siempre reserva sus favores a los malvados que menos lo merecen; el sano juicio nunca preside a su elección entre los mortales; al contrario, se inclina preferentemente por las compañías que debiera evitar y de las que se mantendría alejada si fuera evidente; y lo peor de todo, en fin, es que nos reparte la buena o mala fama al azar o, mejor dicho, al revés: el malo luce el título de hombre virtuoso y, al contrario, el más inocente suele recibir los palos que corresponderían a los criminales.