Misericordia
La casa era vieja, al igual que el matrimonio: él tenía sesenta y tantos y ella más de setenta. Les había unido el amor hacía treinta años, y luego les había abandonado junto con el resto de sus esperanzas.
Si no hubiera sido por su estrecha situación, el pájaro habría huido de la jaula. Siempre estaba afligido por el ansia que sentía de vida, mientras que ella sufría por exceso de timidez.
Él mantenía sus sueños despiertos comprando lotería, albergando vagas esperanzas. Cada vez que compraba un billete, murmuraba: "Misericordia, Señor". El corazón de la mujer palpitaba de terror y también murmuraba: "Misericordia, Señor".