17 may 2014

El libro del Destino - Poemas árabes anónimos -

Todo esto estaba escrito en El Libro del Destino


I
Deja que el destino haga lo que quiera, y acepta lo que haga el destino.
Ni te alegres ni te entristezcas por nada, pues nada es eterno.

Hemos andado los pasos que nos estaban prescritos,
pues a quién se le prescribe que ande, anda.
A quien le está prescrito morir en un lugar,
no morirá en ningún sitio como no sea ése.

II

A veces el ciego escapa a un foso en el que cae el mas vidente.
El ignorante salva el escollo de una palabra,
y en él perece el sabio más experto.
El creyente vive en la estrechez,
mientras nadan en la abundancia el incrédulo y el libertino.
El afán del hombre no es lo que impera,
sino lo que dispone el Todopoderoso.

III

No pidas al destino que se muestre justo con aquel al que oprime.
Jamás verás, amigo, que el destino sea justo.
Coge lo que te da la suerte, y apártate a un lado,
pues algo de amargo habré en ello,
aunque parezca que no.

IV

¡Por Dios, oh tumba! ¿Se han extinguido sus bellezas?
¿Se ha transformado aquella imagen regocijante?
¡Tumba!
Careces de jardín y te faltan los cielos,
¿Como, pues, puedes reunir las ramas y la luna?



V

Cada día te trae nuevas dichas y felicidades,
a despecho del envidioso.,
¡Ojalá sean tus días claros!
¡Ojalá sean tenebrosos los de tus enemigos!

VI

Si no esperase reunirme contigo,
la vida no tendría objeto para mí.
Juro que en mi corazón sólo cabe el amor que por ti siento,
y Dios, mi Señor, conoce todos los secretos

VII

El destino había jurado que mis sufrimientos jamás terminarían.
Has roto tu juramento.
¡Oh tiempo!, paga la expiación.
Me ha llegado la felicidad; el amado está a mi lado.
¡Vayamos en busca de la alegría!

VIII

A veces el ciego escapa a un foso en el que cae el más vidente.
El ignorante salva el escollo de una palabra,
y en él perece el sabio más experto.
El creyente vive en la estrechez,
mientras nadan en la abundancia el incrédulo y el libertino.
El afán del hombre no es lo que impera,
sino lo que dispone el Todopoderoso.

VIII

¡Por Dios! Hermano digno de confianza:
no era un ladrón; ni he sido descuidero,
¡oh el mejor de los hombres!
Las vicisitudes del tiempo me han herido de repente:
mis preocupaciones aumentan al mismo tiempo que la inquietud por mi bancarrota.
No he sido yo quien se ha perdido:
Dios ha disparado una flecha, y ha hecho caer de mi cabeza la diadema del reino.

IX

Cuando Dios dispone que algo suceda a un hombre,
aunque éste piense, oiga y vea,
le tapa los oídos, le ciega el corazón y le arranca el entendimiento,
de la misma manera que se arranca un cabello.
Y cuando se ha cumplido su voluntad,
le devuelve la razón para que reflexione.

X

El tiempo me ha hecho un temblón
¡Y de qué manera!
El tiempo tiene una fuerza irresistible.
Antes andaba sin fatiga
...Y ahora me fatigo sin andar.

XI

Has pensado que el tiempo es bueno porque te ha favorecido;
no has temido la desgracia que puede traer el destino.
Te has deslumbrado porque las noches  te han sido favorables:
pero en la tranquilidad de las noches se incuba la desgracia.

XII

Obrarán según su capricho durante mucho tiempo,
pero sus acciones quedarán anuladas.

XIII

Deja hacer al tiempo lo que quiera;
quédate satisfecho con la obra del destino

XIV

No conozco ningún medio que pueda reunirme con la persona amada
y así, poder eliminar mi pena.
La pasión mantiene al rojo el fuego de mi corazón;
su llama mantiene en el tormento al amante.

¡Oh tú que me censuras por lo que me ha ocurrido!
Si he tenido paciencia ha sido porque así lo decretó el destino.
He jurado por el amor que jamás me consolaré;
los juramentos de los amantes se observan con fidelidad.

¡Noche! Cuenta mi historia a los que explican cosas de amor,
y atestigua con tu ciencia, que en tu seno no he gozado del sueño.

XV

El tiempo tiene sus flujos y reflujos;
jamás dura una de sus situaciones entre los humanos.
Todas las cosas de este mundo tienen un plazo
y a todas las gentes les llega el vencimiento.

¡Pobre de mí!
¡Cuantas penas y terrores he de soportar en esta vida!
Dios nos hizo felices en aquellos días en que me veía honrado,
pero en uno de sus repliegues estaba oculta la humillación!

Mis propósitos se han visto frustrados,
mis esperanzas destruidas,
todos los vínculos se han roto con el alejamiento.

¡Oh, tú que pasas junto a la casa en que yo moraba!
Dile que mis lágrimas corren a mares.

XVI

¿Hay piedad para una mujer tan noble que ha caído en la desgracia?
Ella llora a lágrima viva y clama:
"¿No hay modo de escapar de esta desgracia?"

XVII

El destino había jurado  que mis penas no cesarían.
¡Has faltado a tu juramento, Oh tiempo!
¡Paga la indemnización!
La felicidad es completa y el amigo está a mi lado.
¡Corre a buscar toda clase de alegría!
Jamás creí que el cuello del amado fuese un paraíso;
hasta haber encontrado el Kawtar en sus labios rojos.

XVIII

Ha ocurrido lo que yo temía que pasase:
Todos volvemos a Dios.

XIX

Lo que no ha de suceder, nunca sucederá por más argucias que se empleen.
Lo que ha de suceder, sucederá.
Lo que ha de suceder ocurre en el momento señalado,
mientras que el que esto ignora vive engañado.

XX

¡Dios proteja a quien me ha anunciado vuestra llegada!
¡Me ha traído la mejor noticia que yo pudiera oír!
Ya que él se contenta con un objeto usado,
le he de entregar un corazón que se laceró el día de la despedida.


Naguib Mahfuz "Misericordia" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Misericordia

La casa era vieja, al igual que el matrimonio: él tenía sesenta y tantos y ella más de setenta. Les había unido el amor hacía treinta años, y luego les había abandonado junto con el resto de sus esperanzas.
Si no hubiera sido por su estrecha situación, el pájaro habría huido de la jaula. Siempre estaba afligido por el ansia que sentía de vida, mientras que ella sufría por exceso de timidez.
Él mantenía sus sueños despiertos comprando lotería, albergando vagas esperanzas. Cada vez que compraba un billete, murmuraba: "Misericordia, Señor". El corazón de la mujer palpitaba de terror y también murmuraba: "Misericordia, Señor".

Naguib Mahfuz "Imágenes vivas" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Imágenes vivas

En esta fotografía antigua están reunidos los miembros de mi familia y en esta otra los viejos amigos.
Las estuve mirando durante largo rato hasta sumergirme en los recuerdos. Todas las caras estaban radiantes, tranquilas y hablaban con la vida. No había la más ligera señal de lo que ocultaba lo desconocido.
Ahora todos han muerto, no queda ni uno solo.
¿Quién puede asegurar que la felicidad fue una realidad viva y no un sueño o una ilusión?

Naguib Mahfuz "Un poco antes del alba" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Ambas mujeres estaban sentadas a la turca en el sofá, charlando amistosamente. La viuda tenía setenta años y su suegra ochenta y cinco. Habían olvidado el largo periodo de tiempo en que estaban llenas de celos, rencor y odio. El difunto había logrado impartir justicia entre la gente, pero había sido incapaz de establecer justicia entre su madre y su esposa. Ni siquiera había podido mantenerse al margen.
Cuando el hombre se fue para siempre, por primera vez las dos mujeres estuvieron de acuerdo en algo: la profunda tristeza que sentían por él.
La vejez ha templado la terquedad y ha abierto las ventanas a la brisa de la sabiduría.
Ahora la suegra reza por la viuda y le desea de todo corazón salud y larga vida. La viuda por su parte, le pide a Dios que alargue la vida de la otra para que no la deje sola y desamparada.

Naguib Mahfuz "Olvido" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Olvido

¿Quien es ese anciano que sale de su casa todas las mañanas para caminar todo lo que puede?
Es el sheij, el profesor de árabe, que está jubilado desde hace más de veinte años.
Cuando se cansa, se sienta en la acera o en el muro de piedra del jardín de cualquier casa, se apoya en su bastón y se seca el sudor con el borde de su amplia galabeya.
El barrio le conoce y la gente le quiere, pero es raro que alguien lo salude, por su frágil memoria y su sensibilidad . Ha olvidado a los parientes, a los vecinos, a los alumnos y las reglas de la gramática.

16 may 2014

Naguib Mahfuz "El próximo traslado" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)


El Próximo traslado 

- He venido a verle porque usted es mi primer y mi último refugio - dijo precipitadamente.
- Eso significa que vienes a pedirme algo - respondió el anciano sonriendo.
- Han decidido trasladarme de provincia en el próximo relevo.
-¿No has permanecido aquí durante el periodo reglamentario? Ésas son las normas para este tipo de puestos.
- El traslado ahora va a ser perjudicial para mí y para mi familia -dijo con humildad.
- Ya te informé de la naturaleza de tu trabajo desde el primer día.
- La verdad es que la provincia ha llegado a ser nuestra segunda casa. No podremos acostumbrarnos.
- Eso es lo que dicen todos tus compañeros, los que te han precedido y los de tu promoción.
Sabes perfectamente que tu traslado no se puede adelantar ni atrasar.
- ¡Que experiencia tan cruel! - exclamó con pesar.
-¿Por qué no te has preparado para ello, sabiendo que era tu inevitable destino?

12 may 2014

Fábula de los dos gatos



Hallábanse dos hambrientos gatos en la orilla de un riachuelo,
acechaban a los peces que tranquilamente nadaban protegidos de su amenaza por las aguas,
en la orilla también se encontraba un sapo que contemplaba la escena.
Viendo que simplemente miraban y esperaban , el sapo les dijo:
"moriréis de hambre con vuestra actitud; los peces no saldrán del agua a echarse en vuestras garras.
Si queréis alimentaros tendréis que entrar en el río, y perseguirlos hasta darlos caza".

Los dos gatos encontraron muy sensato el consejo del sapo, así que decidieron arrojarse al agua.
Tan pronto como lo hicieron, los peces escaparon hacia donde la corriente era más profunda. los gatos intentaron seguirlos pero se vieron arrastrados por las impetuosas aguas, golpeados contra las piedras pero finalmente, maltrechos, consiguieron con mil esfuerzos volver a la orilla, de donde el sapo ya había desaparecido.
Si permanecemos quietos, -dijo uno de los gatos a su compañero- no llega nuestro sustento. Si intentamos conseguirlo, casi morimos en nuestro intento, si escuchamos consejo, no siempre es el que conviene.
Como a los dos gatos, así nos trata la fortuna en la vida cuando se muestra esquiva.
¿Y ahora, qué? decían los gatos ¿ Y ahora, qué? (decimos nosotros).