De su obra Diván, tres poemas en prosa que por su delicadeza podrían perfectamente, el primero ser una descripción del Paraíso, el segundo una pequeña obra maestra contenida en un poético relato sobre la sucesión de las estaciones, y el tercero una rubrica de los dos anteriores. Es muy difícil encontrar una tan alta sensibilidad y maestría en la descripción de la primavera en la poesía árabe clásica.
I
Ha llegado la primavera que nos trae la alegría en su manto verde. Gracias a ella, la tierra toma un nuevo adorno. En primavera el hombre siempre está alegre, pues los jardines están llenos de rosas y se muestran contentos de que haya desaparecido el invierno.
Cuando cae la lluvia de la nube ligera, miles de tulipanes surgen de la tierra. La llanura queda cubierta de ligeras brumas, el viento del este desgarra este ropaje diáfano y la tierra aparece brillante bajo el sol, como la seda.
Las montañas y los llanos están rojos y blancos de tulipanes y violetas; la violeta levanta su falda para que no roce el suelo y se pone en la cabeza un velo malva. El narciso se abre en el jardín; loco de amor, despliega los pétalos de plata que rodean su corazón de oro. El lirio blanco es también un ramillete de plata y oro. Lleva una camisa de tela de seda cuyo ribete es de marfil; expande un perfume delicioso y se parece a un leve abanico. El pétalo de rosa es blanco o de dos colores; el pétalo de la rosa es rosa como el rostro de mi amada. Cada flor tiene oro brillante en su corazón.
Los tulipanes se abren bajo la lluvia como copas de cornalina donde el cielo rezuma almizcle.
Cuando el ruiseñor contempla todas estas flores perfumadas en medio del frescor de la verdura, canta a pleno pulmón la serie de sus poemas.
Las flores colocan en la noche velos en su cabeza; por la noche, los pájaros callan o pían plañideros; las aves de los estanques lloran para que salga el día.
Los jardines se llenan de flores y pájaros. Es el momento de tomar el laúd y beber el vino que alegra.
Cuando el viento haya arrugado la superficie del agua, cuando los rayos del primer sol hayan retirado el manto de plata de los llanos, cuando los jardines se cubran de flores de mil colores, entonces los enamorados irán en medio de las rosas y beberán el vino puro del amor de las bellas semejantes a las hadas.
¡Que dulce es la nueva primavera! Es dulce como un beso de la amada. Oh amiga de mi amante corazón, trae vino y apriétame contra tu seno, y vivamos alegremente durante esta primavera llena de música y flores.
II
La Primavera resolvió atacar al Invierno y librar batalla contra él.
Estas lomas y estos jardines eran los dominios de la Primavera.
Se fue de viaje y en su ausencia el Invierno se apoderó de sus tierras y saqueó todo.
Quitó la corona de jazmines; cortó los racimos de plátanos; arrancó los turbantes de todos los árboles, y las cajas de oro de los árboles frutales.
En los jardines y en las lomas estableció a todos sus soldados; aquí los guerreros ataviados con algodón blanco; allí otros más, tan oscuros como los negros.
El viento del norte emprendió la carrera y fue a contárselo todo a la Primavera, añadiendo:
"El Invierno lo ha saqueado todo en tu casa, tus perlas y todos los ornamentos dorados.
Ha arrancado los brazaletes y los pendientes de las rosas, tus grandes amadas.
Ha roto la flauta de los ruiseñores, tus músicos"
Entonces la Primavera exclamó:
"¡Me vengaré del impío Invierno!"
Reuniré mis tropas, vestidas con brocado verde; mis soldados de cabellos rizados, esbeltos como cipreses.
Los olmos serán mi caballería, y de éstos, los más jóvenes mi infantería.
El arco iris será mi arco, y las ramas del sauce serán mis flechas; los pétalos de los tulipanes serán mis estandartes; las nubes serán mis elefantes de combate, y el trueno los revistará."
La primavera envió su vanguardia al Invierno, para encender en el mismo un fuego resplandeciente como la aurora, y le hizo decir:
"Gran monarca, dentro de cincuenta días has de verme en tu casa, con riquezas renovadas, con cien mil copas de vino; los ruiseñores de cabeza roja cantarán de nuevo y los jazmines de mejillas de coral llorarán lágrimas perfumadas, para que cautivo bajo el verdor permanezcas escuchando a mis músicos.
III
Jardinero ¿qué sucede en el jardín? ¿Por qué todos esos alegres juegos con borrachos?
¿Que le cuenta el ruiseñor con tanta volubilidad a la rosa?
La puerta del bosquecillo de cipreses está abierta. ¿Qué ocurre?
Nuevamente llega la primavera y todo lo pone en movimiento.
Gira la cabeza de la violeta,
llena con una sombra amarillenta la boca de los jazmines
y cava un hoyuelo rosado en su mentón;
dora la cabeza del narciso, reviste al ciprés con una túnica verde.
Cubre los olmos con una delicada seda;
expande pedrerías sobre los sauces;
acuden las palomas torcaces y entonan sus poemas,
los ruiseñores charlan bajo las rosas.
El gallo de brezal se agita y le han brotado plumas nuevas listadas de marrón,
la urraca se viste agradablemente.
Las alondras llevan ya un gorrito en la cabeza y los cuervos han abandonado el jardín.
La perdiz está grave, y, como un estudiante; se ha puesto gorgera y túnica negras,
ha metido sus patitas en botas de marroquín.
La abubilla parece un correo que atraviesa el país de las nubes.
Como los mensajeros, coloca la carta ya sobre su cabeza, ya bajo el ala y cuando se detiene
araña el suelo como si quiera esconderla.
El jardín es la amante y la nube el amante.
La amante estaba sumida en el sueño y su amante estaba lejos.
Al regresar, el amante contempló de lejos a su amada.
Exhaló un grito que resonó en todos sus oídos.
Su corazón ardía, con su mano desgarró su túnica,
para que su amada viera el fuego que había consumido a su amante durante la ausencia.
El agua fertilizante se escapó de los ojos de la nube,
se vertió en abundancia
y la hierba creció en el corazón de la amante.