El Bostán junto con El Gulistán son los dos poemas más conocidos de Saadi. En el prefacio, el mismo autor define El Bostán como un monumento con diez puertas. Y cada una de ellas es un capítulo.
- El primero trata de la justicia.
- El segundo de los beneficios.
- El tercero describe los transportes del amor místico.
- El cuarto a la modestia.
- El quinto y el sexto a la resignación.
- El séptimo a la educación.
- El octavo es una alabanza a Dios.
- El noveno, dedicado al arrepentimiento.
- El décimo a la oración.
El poema podría decirse que consta de micro-relatos en forma de fábulas cargados de sabiduría y con una moraleja siempre muy evidente.
- El primero trata de la justicia.
- El segundo de los beneficios.
- El tercero describe los transportes del amor místico.
- El cuarto a la modestia.
- El quinto y el sexto a la resignación.
- El séptimo a la educación.
- El octavo es una alabanza a Dios.
- El noveno, dedicado al arrepentimiento.
- El décimo a la oración.
El poema podría decirse que consta de micro-relatos en forma de fábulas cargados de sabiduría y con una moraleja siempre muy evidente.
El Mercader
Un mercader apresado por unos maleantes gritó:
"Cuando los maleantes muestran tanta audacia es que los guardias son mujeres. ¿Como se establecerán en este país las personas honradas? ¡Oh, rey! Acoge con bondad a los extranjeros, lo que irá en beneficio tuyo; recibe con magnificencia a los invitados ilustres, pero guárdate de ellos; ignoras sus intenciones y las efusiones de la amistad suelen ocultar a un enemigo".
Discurso del cráneo
Un filósofo sufí que se paseaba a orillas del Tigris, pisó un cráneo que le dirigió estas palabras:
"Este hueso frontal que has pisado, llevó la corona, pues conocí los deleites de la realeza, el cielo me colmó de dicha y llevó mis ejércitos a la victoria.
Mi poder se extendía sobre varias regiones y proyectaba conquistar otras cuando mi cuerpo fue presa de los gusanos.
¿De qué me sirvió dominar a los demás, cuando un simple pie puede pisarme?"
El peregrino
Un peregrino iba a La Meca; a cada paso se paraba a rezar, y andaba con tal fervor que ni se daba cuenta de las espinas que se clavaban es sus pies.
Acabó por enorgullecerse de su conducta y se convenció de que nadie como él podía dar más muestras de piedad.
Su orgullo lo hubiera arrojado fuera de las rutas de la salvación, si Dios no hubiese acudido en su ayuda; una voz invisible le susurró al oído: << No creas que tus acciones piadosas tengan algún valor ante Dios; el menor infortunio que sufras en secreto vale más que mil rezos que hagas por el camino.>>
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