20 feb 2016

Poemas Anónimos árabes sobre la muerte (S.X)

I

Quién hoy escapa de la muerte, no escapará mañana.
Todos hemos de beber en su abrevadero.
Ésta alcanza al rico y al pobre;
ninguno de los humanos escapa sea cual sea su rango.
Ni rey, ni reinos ni profeta viven eternamente.

II

Dije al hombre que debía lavarlo:
¿Por qué no habrá obedecido si fue buen consejero?
Deja de lado el agua y lávalo con lagrimas
con las lágrimas que han derramado los ojos de la gloria,
pues ésta ha llorado.

Prescinde de todos los bálsamos, 
apártalos de él
y perfúmalo con el aroma de su loa.
Manda que lo lleven, en muestra de honor los ángeles más nobles:
¿no ves que están delante?

No fatigues el cuello de los hombres con su transporte;
basta con que soporten el peso de sus beneficios.

III

Quien sobrevive a su enemigo,
aunque sea un solo día,
ha conseguido su máximo objetivo.

IV

He de vivir un tiempo prefijado;
si mis días han terminado, moriré.
Pero mientras me queden, viviré;
aunque los leones me lleven a su guarida.

V

¿No hay entre vosotros un amigo verdadero capaz de ayudarme?
Pido, por Dios, que me conteste.
Termina el plazo de mi vida y llega el momento de la muerte;
¡recompense Dios a quien, entre vosotros, sienta compasión por mí!

¿Quién se fijará en mi situación,
descubrirá mi pena y me dará un poco de agua para aliviar mi tormento?

VI

Toma tu provisión de este mundo, pues eres un viajero;
ten por seguro y no lo dudes: la muerte llegará.
Penas y desvaríos constituyen toda tu felicidad en este mundo;
tu vida en este mundo es absurda y vana.
El mundo se asemeja a las etapas del viajero;
acampa por la noche y reemprende el camino por la mañana

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