9 jun 2017

Poemas anónimos árabes sobre el valor y el ardor guerrero

Tengo un caballo alazán
ágil  y dócil a la rienda que te dejará satisfecho de su valor.
Una lanza bien recta en la cual cabalga la muerte.
Y una espada afilada que cuando la desenvaino suelta relámpago
. . .
El noble corcél compite con otro como si quisiera dar alcance al destino.
La cubierta es de color completamente negro,
como si fuese la noche más oscura.
Su relincho asusta a quien lo oye;
parece el trueno, cuando retumba.
Si compite con el viento, vence;
el relámpago no lo alcanza cuando brilla.

. . .
La cabellera no es hermosa si, en el día de la batalla, no se extiende por los dos lados.
. . .
Cuando ciñó la espada le dijo:
"Te basta con la espada de tu mirada,
puedes prescindir de la de acero".
Y él respondió:
"La espada de mirar la reservo para el enamorado
y la otra es para aquél que nunca ha conocido la alegría del amor"
. . .
Sufro una injusticia y mi pecho está lleno de angustia
que ha invadido como un mar mi corazón.
Si no ha de llegar pronto la liberación, venga presto la muerte
que es más amable que las desgracias.

¡Oh, relámpago! ¡Ojalá vinieses a casa trayendo con tu luz albricias!

¿Cual debe ser el camino para llegar al lugar de la cita,
si para llegar hasta mí hay que afrontar guerras y una fortísima puerta cerrada?

Lleva a nuestros amigos un saludo y diles que estoy prisionero
en un remoto convento de cristianos.
. . .


El bien mejor consiste en combatir a los enemigos
y ser llevado a lomos del corcel.
 . . .

Si viviere largo tiempo tendría por madre a la guerra,
por hermano a la espada y por padre a la lanza;
como todo valiente que, sonriendo, espera a la muerte como si él,
a través de ésta, alcanzase el mejor de los fines.

. . . 

La fortaleza es el monte Sinaí y se ha encendido la guerra.
Tú eres Moisés y esta era la época fijada.
Arroja el bastón que engulle todo lo que hacen;
y no temas, ya que los lazos de las gentes no son serpientes.
En el día de la batalla, lee las filas de los enemigos como si se tratase de azoras,
pues tu espada al caer sobre la nuca de los enemigos, forma las aleyas.

. . .

Haga Dios de él un león en el bosque de la virtud;
un astro en los horizontes del poder.
Lanzas, tronos, consejos, ejércitos y gacelas se han alegrado de su aparición.
No le coloquéis en los pechos de las nodrizas,
pues el prefiere cabalgar sobre un corcél.
Destetadlo, pues la sangre de los enemigos le parece más dulce que la leche.

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