16 jun 2017

Poemas árabes sobre la pasión y los celos

I

Evita su mirada, pues embruja:
quién ha sido herida por ella no escapa.
Los ojos negros, lánguidos, hienden a las mismas espadas,
que ya de por sí son cortantes.
No te dejes convencer por la dulzura de su lenguaje:
es igual que los vapores del vino, que se suben a la cabeza.
Sus miembros son tan delicados que la misma seda, si rozase su cuerpo,
los haría sangrar delante de tus ojos.
Es una persona alta y esbelta:
¿que mejor perfume hay que el que de ella emana?

II

¿Cuando quedará curado de tu amor mi corazón atormentado?
Las Pléyades están más cerca de ti que yo.
Lontananza y abandono,
ansia y pasión,
espera y aplazamiento:
así transcurre mi vida.
El estar junto a ti, no me devuelve la vida;
ni el estar lejos amenaza con quitármela;
este alejamiento no me permite acercarme a ti;
ni tú vienes a mí.
Ni me haces justicia ni me tienes misericordia;
no recibo de ti ningún auxilio,
pero no hay modo de escapar de ti.
Tu amor me cierra todos los caminos,
y no se hacia dónde dirigirme.

III

Para quejarme del sufrimiento de la pasión,
le he enviado una carta con letra muy fina,
pues la letra puede ser de muchos tipos.
Mi amigo ha preguntado;
¿Por qué tu escritura es así, tan fina y menuda que apenas se distingue?
He contestado:
"Ya que soy delgado y fino, tal debe ser la letra de los enamorados".

IV

Orgullosa con el amante,
viste un traje verde desabrochado y viene con los cabellos sueltos.
Le pregunto: ¿Cual es tu nombre?
y me contesta:
Soy aquella que ha cauterizado  con brasas el corazón de los amantes.
Me quejo a ella de la pasión que me atormenta,
y me contesta:
Te quejas a una roca, pero no lo sabes.
Le digo:
Si tu corazón es una roca, sabe que Dios ha hecho brotar agua purisima de un peñasco.

V

La más bella noche que he vivido
ha sido aquella en que no dí reposo a la copa.
En ella separé el sueño de mis párpados,
y uní el brazalete con la ajorca.

VI

¡Oh, tú que te arremangas los vestidos por encima de la pantorrilla
para enseñarlas a los amantes y que ellos puedan adivinar el resto!
Vas presentando la copa al amante;
nada hay que seduzca más a los hombres que la copa y la pierna.

VII

Cuando se quitó el vestido que cubría sus partes,
encontré un desfiladero que era tan angosto como mi carácter y mis recursos.
Metí la mitad, y ella suspiró.
Le pregunté:
¿Por qué suspiras?
Respondió:
Por lo que falta.

VIII

¡Oh, tú, que te pretendes presa del amor, de la aflicción y el insomnio;
de los dolores que te causan la pasión y la imaginación!
¡Deslumbrado!
¿Buscas la unión con la luna?
¿Ha obtenido alguien de la luna lo que deseaba?
Te aconsejo que desistas de lo que pretendes, pues es algo peligroso.
Si repites tales palabras, te llegará de mi parte un tormento muy doloroso.
Juro por Quién ha creado al hombre de un coágulo;
por Quién ha dado la luz al Sol y a la Luna,
que si vuelves a repetir lo que has dicho, te crucificaré en el tronco de un árbol

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