1 abr 2018

El Halcón del Rey Sindabad Una Historia (triste) sobre la fidelidad.

Este relato es uno de los más bellos incluidos en las Mil y Una Noches; es un triste encuentro entre la fidelidad de los animales hacia sus dueños y la soberbia y violencia con las que algunos pagan o recompensan esa fidelidad. 
"Cuentan – pero Dios es más sabio – que había un rey de reyes, persa, al que complacían las diversiones, los paseos y toda clase de cacerías. Un halcón, al que había adiestrado, permanecía a su lado día y noche, y dormía  durante ésta apoyado en la mano de su dueño. Cuando salía de casa lo llevaba consigo. Le había colgado en el cuello un vasito de oro, en el que le daba de beber.
Cierto día en el que el rey estaba sentado en su trono, se presentó el cetrero y le dijo: “Rey del tiempo: es ya época de empezar a cazar”.
El rey se preparó para salir, colocó el halcón en su mano y partió. Llegaron a un valle en el que extendieron la red de caza y en ella cayó, de repente, una gacela. El rey exclamó: “¡Mataré a aquél por cuyo lado escape la gacela!”
El círculo de cazadores fue estrechándose, mientras que ella, por su parte, fue acercándose al rey, hasta que, por fin, se irguió sobre sus patas y, apoyándose en sus manos, las colocó debajo del pecho como si fuese a besar la tierra ante el soberano. Este bajó la cabeza y el animal dio un brinco, huyó por encima de su testa y se dirigió campiña adentro.
El rey se volvió a mirar a los soldados y observó que se guiñaban los ojos. Preguntó “¡Visir ¿Que se están diciendo los soldados?”
“Comentan lo que dijiste: que aquel por cuyo lado escapase la gacela, sería ajusticiado”.
“¡Por mi cabeza! ¡La perseguiré hasta volver con ella!”
El rey se puso a seguir el rastro de la gacela y no se cansó de ir tras sus huellas.
El halcón iba picando en los ojos del animal fugitivo, hasta que al fin la cegó y la aturdió; entonces el rey levantó la maza y de un solo golpe la derribó. Se apeó, la degolló y la colgó del arzón de su silla. Era una hora de calor y estaba en un lugar árido; no había agua. El rey y su corcel tenían sed, por lo que el soberano dio una vuelta y divisó un árbol, del que fluía un líquido que parecía manteca. Como tenía la mano enfundada con el guante de piel, tomó el vasito del cuello del halcón, lo llenó de aquél líquido y lo colocó delante de él. Pero el halcón dio un golpe al vasito y lo vertió.
El rey cogió de nuevo el vasito, lo llenó y, creyendo que el halcón estaba sediento, se lo colocó delante, pero el animal lo derramó de nuevo. El rey se enfadó con el pájaro y, tomando el vasito por tercera vez, se lo acercó al corcel; pero el halcón, con el ala, volvió a verterlo.
El rey exclamó: “¡Dios te confunda, la mas nefasta de las aves! ¡No me has dejado beber, no has querido hacerlo tú y encima se lo has impedido al caballo!
Dicho esto, de un sablazo le cortó ambas alas.
El halcón levantó la cabeza y dijo por señas: “Mira lo que hay encima del árbol”. El rey levantó la vista y vio una serpiente, cuyo veneno era el líquido que fluía del árbol. Y se arrepintió de haberle cortado las alas al halcón.
Montó, el rey, en su caballo y llevó la gacela al lugar del que había partido. Al entregarla al cocinero, le dijo: ¡Cógela y ásala!.  Luego se sentó en su silla, sosteniendo siempre al halcón en la mano, hasta el momento en que el animal, tras un estertor murió. El rey prorrumpió en gritos de tristeza y de dolor por haber matado al halcón en recompensa de haberle salvado de la muerte.
Y esta es la historia del rey Sindabad”.


miniatura persa de la cacería de una gacela

31 mar 2018

El Lamento del Rey Loco o La Corona de Plomo (original)


Mi pesada carga. ¿Será la corona que llevo?
Obra de alquimista, no es del todo material.
No está hecha de oro o plata, sino de plomo gris y oscuros sentimientos.
Y sin embargo, es brillante,
hace alarde de algunas gemas incrustadas a su alrededor,
representan algunas cosas buenas que han sucedido a lo largo de mi vida.
Aunque yo, el coronado, no puedo ver los reflejos que esa corona emite,
sé que se ven desde lejos como los de un faro.

Mi cerebro, no obstante ahora se rebela
y mi cabeza parece latir contra el borde sólido que la oprime.

La Corona no puede ya contener esta negruzca calavera de acero mía;
que no necesitó casco en las peleas más espantosas.

Porque ahora, este rey se ha vuelto viejo,
una antigüedad enterrada en antigüedades
que se sostiene en un trono roto.
Y en esta situación:
Los "grandes dioses" (las personas que compartieron y a quienes entregué mi juventud),
se burlan ahora de este rey cautivo,
la corona y sus destellos, cayeron, desaparecieron para siempre,
y mi cabeza brilla blanca como la nieve en la cima de la montaña cuando la visita el sol.

Ahora todos mis actos son libres y por tanto sanos,
mi razón y mi objeto están locos.

Porque este viejo, aunque desarmado,
todavía escucha los ecos de muchas lejanas batallas,
y grita como el fantasma de un rey que vaga en angustia sobrenatural.
Así va dejando a la deriva las reliquias de la antigüedad.

Coro:

Sus palabras podrían parecer efímeras
pero el tono transmitía la profunda tristeza,
la impotencia que éste Rey, éste loco viejo
nunca antes había manifestado.
Eran mucho más que palabras,
era su adiós a la vida.

Original F.López

27 mar 2018

Al Mutanabbi (Kufa 915) A Sayf Al Dawla

Abu - l - Tayyib recibió el apodo de Al Mutanabbi (el que se las da de profeta) por colaborar a extender la insurrección en Siria en su tiempo. Es considerado como "El mayor de los poetas árabes".
El poema que sigue está dedicado al príncipe hamdaní Saif Al Dawla a quien prestaba servicio y a quien describe como un ideal de mecenas guerrero.

Comentario al poema

Analizando el poema se desvelan muchos matices, incluso claves de comportamiento de la época.
En aquél tiempo cada príncipe solía tener a su servicio un poeta o un bufón o ambos. Éstos servían para alimentar el ego con cantos épicos de alabanza que servirían para recordar en el futuro al príncipe o al rey mediante el conocimiento de sus cualidades y habilidades resaltadas al máximo.
En el caso de los bufones, por el contrario, enmendaban la plana a sus señores con cierta gracia y hasta cierto punto. Las alabanzas en las cortes eran bien recibidas y por tanto premiadas, las críticas un poco menos y de ello leemos una advertencia en los siguientes versos del  poema;

"Él es el mar. Bucea tú a por perlas cuando esté en calma, 
pero ¡Alerta a la tempestad!"

En lenguaje llano: por las buenas conseguirás favor y honores y por las malas...

Trocar la generosidad por la espada
es tan perjudicial como trocar la espada por la generosidad.

A veces el poeta entre los versos incluía algunos en plan "clausula de blindaje" (que diríamos hoy) en previsión del comportamiento que pudiera presentar su señor ante el poema.

Cuando honras al generoso, te lo conquistas.
Si honras al despreciable se rebela.

A pesar de todo lo anterior Al Mutanabbi caería con el tiempo en desgracia, trabajando después para otros señores pero con desigual suerte.

A Sayf al-Dawla

Cada hombre es fruto de las costumbres de su época
y la costumbre de Sayf al-Dawla es alancear al enemigo,
desmentir las falsas alarmas con su presencia
y ser feliz destruyendo las maquinaciones del enemigo.

¡Cuantos que anhelaban dañarlo, a sí mismos se dañaron!
¡Cuantos, en vez de dirigir contra él sus ejércitos, le prestaron vasallaje!
¡Cuanto orgulloso, que no reconocía a Dios ni por un momento,
al verle espada en mano se convertía!

Él es el mar. Bucea tú a por perlas cuando esté en calma,
pero ¡Alerta a la tempestad!
Cuando honras al generoso, te lo conquistas.
Si honras al despreciable se rebela.

Trocar la generosidad por la espada
es tan perjudicial como trocar la espada por la generosidad.


Sobre el comportamiento de los hombres 

Si las acciones de un hombre son malas, entonces sus pensamientos son malos.
Hace enemigos de sus amigos sobre la base de lo que le cuentan sus enemigos;
y se sumerge en una noche oscura de dudas.

23 mar 2018

Gurgán – La Leyenda (original)





Había en la antigüedad una provincia situada en el suroeste del Mar Caspio llamada Hircania. Fue importante en la época sasánida como baluarte del Imperio contra los nómadas del Norte y por ello contaba con numerosas fortalezas y una gran muralla. Los árabes la sometieron a tributo en 650 para conquistarla definitivamente en el 716. Fundaron en ella la ciudad de Gurgán, junto al río del mismo nombre, próspera en los siglos IX y X por el comercio de la seda y destruida durante la invasión de los mongoles en el siglo XIV. En la actualidad Gurgán es la capitál de Golestán provincia de Irán y esta es la leyenda que inspira esta miniatura persa de la época.


El rey de Gurgán tenía dos hijos, uno valiente y decidido, otro sensible y prudente, vivían en paz y prósperamente pues la ciudad era atravesada continuamente por caravanas de mercaderes que transportaban no solo seda sino exquisitas telas y mercancías de gran valor. Era la ruta preferida por la seguridad y la paz que ofrecía transitar por esos territorios sin sombra de bandidos y por la seguridad que gozaban nunca se preocuparon de organizar un numeroso ejército de defensa pues con las fuerzas que ya disponían garantizaban el orden y la paz en la ciudadela. No imaginaban lo vulnerables que resultaban ante la codicia de otros pueblos.
Un día recibió noticias a través de un mensajero del Khan de los mogoles instando a rendir la ciudad y someterse a él ofreciendo dos alternativas: o la destrucción o la paz sometida a tributo. Ante ello reunió a sus dos hijos quien le aconsejaron que convocase a la élite de la ciudad: sabios, escribas, notables y a los encargados de defensa a consejo. Ese consejo lo presidia el rey y sus dos hijos. Masrur llamado “el verdugo” por el rigor con el que mantenía el orden en la ciudad y a la disciplinada tropa y Fuad llamdo “El artista” amante de la música, de la espiritualidad y de la poesía.
Comenzó el consejo y mientras la mayoría opinaba que lo más acertado era someterse porqué ante el ejército de los mongoles no había alternativa de victoria. Masrur intervino opinando lo contrario y calificando de cobardes (quizás ante el peligro de ser aniquilada su familia como gobernantes) al resto y propiciando una respuesta de defensa que seguramente sería un suicidio para toda la población. Preguntado por su postura el segundo hijo Fuad, al que llamaban “el artista” este optó como el resto por la paz incluso sugiriendo que se ofreciera a los invasores la posibilidad de que su familia abandonase el territorio (quizás guiado por el instinto de supervivencia). Posición que su otro hermano consideró como decepcionante e indigna del hijo de un rey y así lo publicó ante todos.
Ante la falta de acuerdos al rey se le ocurrió consultar a los adivinos y para ello les convocó al día siguiente a consejo, pero sus dotes de adivinación no llegaban a sugerir ningún tipo de acción ante la agresión que ni ellos habían sido capaces de predecir. Solo uno llamado Qamaquim solicitó que vertieran agua sobre un cuenco de oro que llevaba siempre consigo, así lo hicieron, pronunció una fórmula mágica y se inclinó en busca de la visión. Y lo que se le reveló le produjo estupor pues vio un mar de fuego que se aproximaba a la ciudadela. Comunicó su visión al rey y produjo sorpresa, desconcierto y, a muchos, risas. Qamaquim, no obstante aconsejó que había que protegerse contra el fuego ante lo que Masrur o “El Verdugo”, le aconsejó: “Si no callas y sigues con tus locuras quién irá al fuego serás tú”. Para a continuación hacer una encendida defensa de su opinión de plantar valientemente batalla. Convenció su intervención a su padre el rey pero no al resto incluido a su hermano Fuad. Al verse cuestionado por este Masrur acusó de nuevo públicamente a su hermano como desleal y traidor por sugerir incluso el destierro de su familia. Ante esa reacción el resto claudicó, más que nada por miedo, y su padre temeroso de las palabras de su hijo, que podrían convertirse en públicas descalificaciones de las cuales no podría librarse decidió optar por la defensa de la plaza y nombró a Masrur general responsable de la ciudadela y sus murallas.
Convocó el rey al mensajero de los mongoles y le entregó una carta para el Khan en el que lamentaba el anuncio de invasión y justificaba que la opción era la defensa antes que la sumisión pues se consideraban un pueblo pacífico pero valiente y no dispuesto a entregar la ciudad sin defenderla.
Y así llegó la misiva al Khan, quién en su soberbia decidió arrasar Gurgán y no dejar piedra en pie. Así como eliminar tanto al rey como a todos los suyos tal como Masrur sospechaba.

Tomóse muy en serio Masrur la defensa de la ciudadela y sus habitantes y en consejo supuso que puesto que sus murallas eran prácticamente inexpugnables los mongoles optarían por el asedio, para lo cual amontonaron provisiones, hicieron túneles para burlar el cerco del enemigo e incluso desviaron parte del cauce del río mediante ramales y acequias que garantizaban el suministro de agua a la ciudad. Enseñó a todos los hombres el manejo del arco y amontonaron grandes cantidades de agua en depósitos en los cuatro puntos de la ciudadela para apagar incendios, reforzaron puertas bisagras y todos los accesos y puntos sensibles y día a día la defensa era organizada pero también día a día un numeroso ejercito al mando del mejor general del Khan avanzaba dirigiéndose hacia Gurgán.
Mientras Fuad el hermano artista buceaba entre libros antiguos tratando de encontrar entre la sabiduría de los antepasados alguna fórmula que contribuyese a la defensa de la ciudad y en esto encontró lo siguiente:

¿No has visto lo que tu Sustentador hizo con el Ejército del Elefante?
¿No hizo fracasar por completo su estratagema?
Pues envió contra ellos grandes bandadas de criaturas voladoras que hicieron llover sobre ellos golpes Contundentes de un castigo prescrito, dejándolos como un sembrado devorado por el ganado.
Corán 105

Y decidió Fuad centrarse y estudiar sobre ello y al encontrarse solo se encomendó a Dios, como hace la mayoría de los humanos cuando se encuentran en serios apuros que no saben ni pueden controlar. Y pidió ayuda y su llamada fue escuchada.
Y recibió Fuad la visita de unos ángeles tras la recitación, pero el Demonio, siempre atento acechaba y como una de sus atributos es la precipitación, oyó la recitación, la aprendió y salió para inspirar al enemigo la forma en la que debía de protegerse de los estudios de Fuad. Su precipitación y la intervención de Gabriel le veló de la visita de varios de sus ángeles que proveyeron a Fuad de instrumentos celestiales con los cuales acompañar la recitación que impediría en última instancia la invasión de Gurgán. Llegó el Demonio e inspiró al enemigo que le combatirían con la fe y unas pocas armas, a lo que el enemigo respondió: "a la Fe se la combate con el fuego. Ya veremos quien es más poderoso".
Entre tanto en la ciudadela Masrur ultimaba los preparativos de la defensa y una noche...
Un centinela tocó el cuerno de alarma. Detrás de las colinas se vislumbraba un gran resplandor, y un tenue sonido como de truenos que poco a poco avanzaba. En poco tiempo se podía escuchar el tremendo y amenazante ruido de los timbales y ¡Efectivamente, un mar de fuego, avanzaba hacia la ciudadela! Qamaquim el mago tenía razón, ahora su profecía cobraba sentido y como si se tratase de la lava de un volcán el fuego y el humo avanzaban en la noche, todos los mongoles portando antorchas se dirigían hacia las murallas de la ciudadela entre el estremecedor ruido de los tambores en una escena sobrecogedora que presagiaba una tormenta de muertes.
Al ser conscientes de que la amenaza se aproximaba, los hombres al mando de Masrur desconcertados por la visión y el presagio de una gran carnicería en la batalla comenzaron a tomar posiciones, mientras, la población aterrorizada corría de un lado a otro de la ciudadela como pequeñas ratas sin saber que hacer ni donde esconderse. Los arqueros tensaban sus arcos pero en la oscuridad no sabían ni donde tenían que apuntar y por tanto dirigir sus flechas y todo era caos; salvo en una de las torres, la que ocupaba Fuad que desde la altura contemplaba serenamente las escenas de pánico.
Los tambores cesaron y solo durante unos minutos pudo oírse el sonido del pánico en el interior de la ciudadela. A continuación un grupo coordinado de toques de cuerno dio lugar nuevamente al estruendo de los tambores y un tremendo griterío lanzado por los guerreros hizo estremecerse la tierra.
En ese momento Fuad tomó el instrumento acompañado de varios ángeles y comenzó la recitación, frente al estruendo del caos en el inicio de la batalla podían escucharse las armoniosas notas que procedían de lo alto de la torre fueron convirtiéndose en una ligera neblina que envolvió el ejército del enemigo para una vez llegar a su misma altura envolver a los atacantes en una densa y negruzca niebla, su humedad apagó las antorchas y el fuego guerrero y produjo en los atacantes una debilidad que les derribó solo envolviéndoles, posteriormente la tierra se abrió en un gran estruendo, tragándose a toda el ejército invasor, para volver a cerrarse y crecer en su lugar tantos árboles como soldados había.
La armoniosa música cesó, la ciudadela atónita se salvó. Masrur que había escuchado la música sabía que procedía de su hermano, corrió a su padre a comentar los hechos y también a agradecer a su hermano su secreta preocupación e intervención en la definitiva victoria y en definitiva a pedir perdón por las públicas ofensas de las que le hizo objeto. Llegados a los aposentos del hermano descubrieron montones de libros abiertos y siete instrumentos musicales que no conocían pero en los aposentos no había nadie más.
El ejército había desaparecido como obra del mal y Fuad había desaparecido como obra del bien. El Khan nunca se explicó la desaparición de su temido ejército y por tanto no se atrevió a enviar mas mensajeros a Gurgán y todavía menos, amenazas de invasión. Y la gente de Gurgán siguió siendo pacifica pero valiente y es ciudad próspera hasta nuestros días.

La realidad fue un poco distinta pero esto también esta historia podría haber ocurrido con mucha fe.

F.López


20 mar 2018

Kavafis (Alejandría 1863) - Un Anciano -

En el ruidoso interior del café,
cabeza inclinada sobre la mesa,
un anciano sentado solo,
un periódico delante de sí.

Y en la miserable banalidad de la vejez
piensa lo poco que disfrutó de los años en que tenía fuerza, talento y buen aspecto.

Ahora sabe que ya es viejo: lo ve, lo siente.
Aún parece como si fuera ayer cuando era joven.
El tiempo ha pasado tan rápido, ha pasado tan rápido...

Y piensa como la Discreción le engañó,
como solía creer, tan estúpidamente,
en aquél embuste que le decía:

"Mañana. Tienes mucho tiempo"

Recuerda impulsos reprimidos, alegrías sacrificadas.
Cada oportunidad perdida se burla ahora de su estúpida prudencia.

Pero tanto pensar, tanto recuerdo aturde al anciano.
Cae dormido, su cabeza descansa sobre la mesa del café,

19 mar 2018

El manto del Alquimista







David Rijkkaert Alquimista El Prado



Envuélvete en el manto del alquimista,
ese manto azul negruzco, encapuchado
que te transporta al mundo que tú creaste,
... sólo para tí.

F.López

15 mar 2018

AL Ramadi - Córdoba S.X - Malik El Reo

Al Ramadi fue encarcelado bajo pretexto de su trato íntimo con muchachos cristianos. En la misma celda  había un muchacho, un sirviente que tenía unas ampollas que causaban repulsión a todo el que las miraba pero lejos de repulsión, el muchacho al poeta le provocaba amor que plasmó en los siguientes versos, hay que notar la constante en los poetas árabes de tomar a la luna como símbolo máximo de belleza para ambos géneros, masculino y femenino, el vino como elemento físico embriagante en el que se convierte el amor y la comparación de los dientes con las perlas:

Tu reo es de aquellos a quienes el amor
ha hecho perder la razón.
Mi corazón arde sin brasas.
Él es la luna nueva que no sale en el cielo
y gacela que no habita en el desierto.
Al contemplar sus ojos me embarga la embriaguez
- el vino es lo mismo que sus ojos -.
Le hablo por hacerle hablar
adrede para que muestre sus perlas.
Yo soy su siervo y él, como su nombre indica, el amo*
Somos el uno al otro mitad y mitad.

*Malik significa "amo"