Mi pesada carga. ¿Será la corona que llevo?
Obra de alquimista, no es del todo material.
No está hecha de oro o plata, sino de plomo gris y oscuros sentimientos.
Y sin embargo, es brillante,
hace alarde de algunas gemas incrustadas a su alrededor,
representan algunas cosas buenas que han sucedido a lo largo de mi vida.
Aunque yo, el coronado, no puedo ver los reflejos que esa corona emite,
sé que se ven desde lejos como los de un faro.
Mi cerebro, no obstante ahora se rebela
y mi cabeza parece latir contra el borde sólido que la oprime.
La Corona no puede ya contener esta negruzca calavera de acero mía;
que no necesitó casco en las peleas más espantosas.
Porque ahora, este rey se ha vuelto viejo,
una antigüedad enterrada en antigüedades
que se sostiene en un trono roto.
Y en esta situación:
Los "grandes dioses" (las personas que compartieron y a quienes entregué mi juventud),
se burlan ahora de este rey cautivo,
la corona y sus destellos, cayeron, desaparecieron para siempre,
y mi cabeza brilla blanca como la nieve en la cima de la montaña cuando la visita el sol.
Ahora todos mis actos son libres y por tanto sanos,
mi razón y mi objeto están locos.
Porque este viejo, aunque desarmado,
todavía escucha los ecos de muchas lejanas batallas,
y grita como el fantasma de un rey que vaga en angustia sobrenatural.
Así va dejando a la deriva las reliquias de la antigüedad.
Coro:
Sus palabras podrían parecer efímeras
pero el tono transmitía la profunda tristeza,
la impotencia que éste Rey, éste loco viejo
nunca antes había manifestado.
Eran mucho más que palabras,
era su adiós a la vida.
Original F.López
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