Había en la
antigüedad una provincia situada en el suroeste del Mar Caspio
llamada Hircania. Fue importante en la época sasánida como baluarte
del Imperio contra los nómadas del Norte y por ello contaba con
numerosas fortalezas y una gran muralla. Los árabes la sometieron a
tributo en 650 para conquistarla definitivamente en el 716. Fundaron
en ella la ciudad de Gurgán, junto al río del mismo nombre,
próspera en los siglos IX y X por el comercio de la seda y
destruida durante la invasión de los mongoles en el siglo XIV. En la
actualidad Gurgán es la capitál de Golestán provincia de Irán y
esta es la leyenda que inspira esta miniatura persa de la época.
Un día recibió
noticias a través de un mensajero del Khan de los mogoles instando a
rendir la ciudad y someterse a él ofreciendo dos alternativas: o la
destrucción o la paz sometida a tributo. Ante ello reunió a sus dos
hijos quien le aconsejaron que convocase a la élite de la ciudad:
sabios, escribas, notables y a los encargados de defensa a consejo.
Ese consejo lo presidia el rey y sus dos hijos. Masrur llamado “el
verdugo” por el rigor con el que mantenía el orden en la ciudad y
a la disciplinada tropa y Fuad llamdo “El artista” amante de la
música, de la espiritualidad y de la poesía.
Comenzó el
consejo y mientras la mayoría opinaba que lo más acertado era
someterse porqué ante el ejército de los mongoles no había
alternativa de victoria. Masrur intervino opinando lo contrario y
calificando de cobardes (quizás ante el peligro de ser aniquilada su
familia como gobernantes) al resto y propiciando una respuesta de
defensa que seguramente sería un suicidio para toda la población.
Preguntado por su postura el segundo hijo Fuad, al que llamaban “el
artista” este optó como el resto por la paz incluso sugiriendo que
se ofreciera a los invasores la posibilidad de que su familia
abandonase el territorio (quizás guiado por el instinto de
supervivencia). Posición que su otro hermano consideró como
decepcionante e indigna del hijo de un rey y así lo publicó ante
todos.
Ante la falta de
acuerdos al rey se le ocurrió consultar a los adivinos y para ello
les convocó al día siguiente a consejo, pero sus dotes de
adivinación no llegaban a sugerir ningún tipo de acción ante la
agresión que ni ellos habían sido capaces de predecir. Solo uno
llamado Qamaquim solicitó que vertieran agua sobre un cuenco de oro
que llevaba siempre consigo, así lo hicieron, pronunció una fórmula
mágica y se inclinó en busca de la visión. Y lo que se le reveló
le produjo estupor pues vio un mar de fuego que se aproximaba a la
ciudadela. Comunicó su visión al rey y produjo sorpresa,
desconcierto y, a muchos, risas. Qamaquim, no obstante aconsejó que
había que protegerse contra el fuego ante lo que Masrur o “El
Verdugo”, le aconsejó: “Si no callas y sigues con tus locuras
quién irá al fuego serás tú”. Para a continuación hacer una
encendida defensa de su opinión de plantar valientemente batalla.
Convenció su intervención a su padre el rey pero no al resto
incluido a su hermano Fuad. Al verse cuestionado por este Masrur
acusó de nuevo públicamente a su hermano como desleal y traidor por
sugerir incluso el destierro de su familia. Ante esa reacción el
resto claudicó, más que nada por miedo, y su padre temeroso de las
palabras de su hijo, que podrían convertirse en públicas
descalificaciones de las cuales no podría librarse decidió optar
por la defensa de la plaza y nombró a Masrur general responsable de
la ciudadela y sus murallas.
Convocó el rey al
mensajero de los mongoles y le entregó una carta para el Khan en el
que lamentaba el anuncio de invasión y justificaba que la opción
era la defensa antes que la sumisión pues se consideraban un pueblo
pacífico pero valiente y no dispuesto a entregar la ciudad sin
defenderla.
Y así llegó la
misiva al Khan, quién en su soberbia decidió arrasar Gurgán y no
dejar piedra en pie. Así como eliminar tanto al rey como a todos los
suyos tal como Masrur sospechaba.
Tomóse muy en
serio Masrur la defensa de la ciudadela y sus habitantes y en consejo
supuso que puesto que sus murallas eran prácticamente inexpugnables
los mongoles optarían por el asedio, para lo cual amontonaron
provisiones, hicieron túneles para burlar el cerco del enemigo e
incluso desviaron parte del cauce del río mediante ramales y
acequias que garantizaban el suministro de agua a la ciudad. Enseñó
a todos los hombres el manejo del arco y amontonaron grandes
cantidades de agua en depósitos en los cuatro puntos de la ciudadela
para apagar incendios, reforzaron puertas bisagras y todos los
accesos y puntos sensibles y día a día la defensa era organizada
pero también día a día un numeroso ejercito al mando del mejor
general del Khan avanzaba dirigiéndose hacia Gurgán.
Mientras Fuad el
hermano artista buceaba entre libros antiguos tratando de encontrar
entre la sabiduría de los antepasados alguna fórmula que
contribuyese a la defensa de la ciudad y en esto encontró lo
siguiente:
¿No has visto lo
que tu Sustentador hizo con el Ejército del Elefante?
¿No hizo fracasar
por completo su estratagema?
Pues envió contra
ellos grandes bandadas de criaturas voladoras que hicieron llover
sobre ellos golpes Contundentes de un castigo prescrito, dejándolos
como un sembrado devorado por el ganado.
Corán 105
Y decidió Fuad centrarse y estudiar sobre ello y al encontrarse
solo se encomendó a Dios, como hace la mayoría de los humanos
cuando se encuentran en serios apuros que no saben ni pueden
controlar. Y pidió ayuda y su llamada fue escuchada.
Y recibió Fuad la visita de unos ángeles tras la recitación, pero
el Demonio, siempre atento acechaba y como una de sus atributos es la
precipitación, oyó la recitación, la aprendió y salió para
inspirar al enemigo la forma en la que debía de protegerse de los
estudios de Fuad. Su precipitación y la intervención de Gabriel le
veló de la visita de varios de sus ángeles que proveyeron a Fuad de
instrumentos celestiales con los cuales acompañar la recitación que
impediría en última instancia la invasión de Gurgán. Llegó el
Demonio e inspiró al enemigo que le combatirían con la fe y unas
pocas armas, a lo que el enemigo respondió: "a la Fe se la combate
con el fuego. Ya veremos quien es más poderoso".
Entre tanto en la ciudadela Masrur ultimaba los preparativos de la
defensa y una noche...
Un centinela tocó el cuerno de alarma. Detrás de las colinas se
vislumbraba un gran resplandor, y un tenue sonido como de truenos que
poco a poco avanzaba. En poco tiempo se podía escuchar el tremendo y
amenazante ruido de los timbales y ¡Efectivamente, un mar de fuego,
avanzaba hacia la ciudadela! Qamaquim el mago tenía razón, ahora su
profecía cobraba sentido y como si se tratase de la lava de un
volcán el fuego y el humo avanzaban en la noche, todos los mongoles
portando antorchas se dirigían hacia las murallas de la ciudadela
entre el estremecedor ruido de los tambores en una escena
sobrecogedora que presagiaba una tormenta de muertes.
Al ser conscientes de que la amenaza se aproximaba, los hombres al
mando de Masrur desconcertados por la visión y el presagio de una
gran carnicería en la batalla comenzaron a tomar posiciones,
mientras, la población aterrorizada corría de un lado a otro de la
ciudadela como pequeñas ratas sin saber que hacer ni donde
esconderse. Los arqueros tensaban sus arcos pero en la oscuridad no
sabían ni donde tenían que apuntar y por tanto dirigir sus flechas
y todo era caos; salvo en una de las torres, la que ocupaba Fuad que
desde la altura contemplaba serenamente las escenas de pánico.
Los tambores cesaron y solo durante unos minutos pudo oírse el
sonido del pánico en el interior de la ciudadela. A continuación un
grupo coordinado de toques de cuerno dio lugar nuevamente al
estruendo de los tambores y un tremendo griterío lanzado por los
guerreros hizo estremecerse la tierra.
En ese momento Fuad tomó el instrumento acompañado de varios
ángeles y comenzó la recitación, frente al estruendo del caos en
el inicio de la batalla podían escucharse las armoniosas notas que
procedían de lo alto de la torre fueron convirtiéndose en una
ligera neblina que envolvió el ejército del enemigo para una vez
llegar a su misma altura envolver a los atacantes en una densa y
negruzca niebla, su humedad apagó las antorchas y el fuego guerrero
y produjo en los atacantes una debilidad que les derribó solo
envolviéndoles, posteriormente la tierra se abrió en un gran
estruendo, tragándose a toda el ejército invasor, para volver a
cerrarse y crecer en su lugar tantos árboles como soldados había.
La armoniosa música cesó, la ciudadela atónita se salvó. Masrur
que había escuchado la música sabía que procedía de su hermano,
corrió a su padre a comentar los hechos y también a agradecer a su
hermano su secreta preocupación e intervención en la definitiva
victoria y en definitiva a pedir perdón por las públicas ofensas de
las que le hizo objeto. Llegados a los aposentos del hermano
descubrieron montones de libros abiertos y siete instrumentos
musicales que no conocían pero en los aposentos no había nadie más.
El ejército había desaparecido como obra del mal y Fuad había
desaparecido como obra del bien. El Khan nunca se explicó la
desaparición de su temido ejército y por tanto no se atrevió a
enviar mas mensajeros a Gurgán y todavía menos, amenazas de
invasión. Y la gente de Gurgán siguió siendo pacifica pero
valiente y es ciudad próspera hasta nuestros días.
La realidad fue
un poco distinta pero esto también esta historia podría haber
ocurrido con mucha fe.
F.López
F.López

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