23 mar 2018

Gurgán – La Leyenda (original)





Había en la antigüedad una provincia situada en el suroeste del Mar Caspio llamada Hircania. Fue importante en la época sasánida como baluarte del Imperio contra los nómadas del Norte y por ello contaba con numerosas fortalezas y una gran muralla. Los árabes la sometieron a tributo en 650 para conquistarla definitivamente en el 716. Fundaron en ella la ciudad de Gurgán, junto al río del mismo nombre, próspera en los siglos IX y X por el comercio de la seda y destruida durante la invasión de los mongoles en el siglo XIV. En la actualidad Gurgán es la capitál de Golestán provincia de Irán y esta es la leyenda que inspira esta miniatura persa de la época.


El rey de Gurgán tenía dos hijos, uno valiente y decidido, otro sensible y prudente, vivían en paz y prósperamente pues la ciudad era atravesada continuamente por caravanas de mercaderes que transportaban no solo seda sino exquisitas telas y mercancías de gran valor. Era la ruta preferida por la seguridad y la paz que ofrecía transitar por esos territorios sin sombra de bandidos y por la seguridad que gozaban nunca se preocuparon de organizar un numeroso ejército de defensa pues con las fuerzas que ya disponían garantizaban el orden y la paz en la ciudadela. No imaginaban lo vulnerables que resultaban ante la codicia de otros pueblos.
Un día recibió noticias a través de un mensajero del Khan de los mogoles instando a rendir la ciudad y someterse a él ofreciendo dos alternativas: o la destrucción o la paz sometida a tributo. Ante ello reunió a sus dos hijos quien le aconsejaron que convocase a la élite de la ciudad: sabios, escribas, notables y a los encargados de defensa a consejo. Ese consejo lo presidia el rey y sus dos hijos. Masrur llamado “el verdugo” por el rigor con el que mantenía el orden en la ciudad y a la disciplinada tropa y Fuad llamdo “El artista” amante de la música, de la espiritualidad y de la poesía.
Comenzó el consejo y mientras la mayoría opinaba que lo más acertado era someterse porqué ante el ejército de los mongoles no había alternativa de victoria. Masrur intervino opinando lo contrario y calificando de cobardes (quizás ante el peligro de ser aniquilada su familia como gobernantes) al resto y propiciando una respuesta de defensa que seguramente sería un suicidio para toda la población. Preguntado por su postura el segundo hijo Fuad, al que llamaban “el artista” este optó como el resto por la paz incluso sugiriendo que se ofreciera a los invasores la posibilidad de que su familia abandonase el territorio (quizás guiado por el instinto de supervivencia). Posición que su otro hermano consideró como decepcionante e indigna del hijo de un rey y así lo publicó ante todos.
Ante la falta de acuerdos al rey se le ocurrió consultar a los adivinos y para ello les convocó al día siguiente a consejo, pero sus dotes de adivinación no llegaban a sugerir ningún tipo de acción ante la agresión que ni ellos habían sido capaces de predecir. Solo uno llamado Qamaquim solicitó que vertieran agua sobre un cuenco de oro que llevaba siempre consigo, así lo hicieron, pronunció una fórmula mágica y se inclinó en busca de la visión. Y lo que se le reveló le produjo estupor pues vio un mar de fuego que se aproximaba a la ciudadela. Comunicó su visión al rey y produjo sorpresa, desconcierto y, a muchos, risas. Qamaquim, no obstante aconsejó que había que protegerse contra el fuego ante lo que Masrur o “El Verdugo”, le aconsejó: “Si no callas y sigues con tus locuras quién irá al fuego serás tú”. Para a continuación hacer una encendida defensa de su opinión de plantar valientemente batalla. Convenció su intervención a su padre el rey pero no al resto incluido a su hermano Fuad. Al verse cuestionado por este Masrur acusó de nuevo públicamente a su hermano como desleal y traidor por sugerir incluso el destierro de su familia. Ante esa reacción el resto claudicó, más que nada por miedo, y su padre temeroso de las palabras de su hijo, que podrían convertirse en públicas descalificaciones de las cuales no podría librarse decidió optar por la defensa de la plaza y nombró a Masrur general responsable de la ciudadela y sus murallas.
Convocó el rey al mensajero de los mongoles y le entregó una carta para el Khan en el que lamentaba el anuncio de invasión y justificaba que la opción era la defensa antes que la sumisión pues se consideraban un pueblo pacífico pero valiente y no dispuesto a entregar la ciudad sin defenderla.
Y así llegó la misiva al Khan, quién en su soberbia decidió arrasar Gurgán y no dejar piedra en pie. Así como eliminar tanto al rey como a todos los suyos tal como Masrur sospechaba.

Tomóse muy en serio Masrur la defensa de la ciudadela y sus habitantes y en consejo supuso que puesto que sus murallas eran prácticamente inexpugnables los mongoles optarían por el asedio, para lo cual amontonaron provisiones, hicieron túneles para burlar el cerco del enemigo e incluso desviaron parte del cauce del río mediante ramales y acequias que garantizaban el suministro de agua a la ciudad. Enseñó a todos los hombres el manejo del arco y amontonaron grandes cantidades de agua en depósitos en los cuatro puntos de la ciudadela para apagar incendios, reforzaron puertas bisagras y todos los accesos y puntos sensibles y día a día la defensa era organizada pero también día a día un numeroso ejercito al mando del mejor general del Khan avanzaba dirigiéndose hacia Gurgán.
Mientras Fuad el hermano artista buceaba entre libros antiguos tratando de encontrar entre la sabiduría de los antepasados alguna fórmula que contribuyese a la defensa de la ciudad y en esto encontró lo siguiente:

¿No has visto lo que tu Sustentador hizo con el Ejército del Elefante?
¿No hizo fracasar por completo su estratagema?
Pues envió contra ellos grandes bandadas de criaturas voladoras que hicieron llover sobre ellos golpes Contundentes de un castigo prescrito, dejándolos como un sembrado devorado por el ganado.
Corán 105

Y decidió Fuad centrarse y estudiar sobre ello y al encontrarse solo se encomendó a Dios, como hace la mayoría de los humanos cuando se encuentran en serios apuros que no saben ni pueden controlar. Y pidió ayuda y su llamada fue escuchada.
Y recibió Fuad la visita de unos ángeles tras la recitación, pero el Demonio, siempre atento acechaba y como una de sus atributos es la precipitación, oyó la recitación, la aprendió y salió para inspirar al enemigo la forma en la que debía de protegerse de los estudios de Fuad. Su precipitación y la intervención de Gabriel le veló de la visita de varios de sus ángeles que proveyeron a Fuad de instrumentos celestiales con los cuales acompañar la recitación que impediría en última instancia la invasión de Gurgán. Llegó el Demonio e inspiró al enemigo que le combatirían con la fe y unas pocas armas, a lo que el enemigo respondió: "a la Fe se la combate con el fuego. Ya veremos quien es más poderoso".
Entre tanto en la ciudadela Masrur ultimaba los preparativos de la defensa y una noche...
Un centinela tocó el cuerno de alarma. Detrás de las colinas se vislumbraba un gran resplandor, y un tenue sonido como de truenos que poco a poco avanzaba. En poco tiempo se podía escuchar el tremendo y amenazante ruido de los timbales y ¡Efectivamente, un mar de fuego, avanzaba hacia la ciudadela! Qamaquim el mago tenía razón, ahora su profecía cobraba sentido y como si se tratase de la lava de un volcán el fuego y el humo avanzaban en la noche, todos los mongoles portando antorchas se dirigían hacia las murallas de la ciudadela entre el estremecedor ruido de los tambores en una escena sobrecogedora que presagiaba una tormenta de muertes.
Al ser conscientes de que la amenaza se aproximaba, los hombres al mando de Masrur desconcertados por la visión y el presagio de una gran carnicería en la batalla comenzaron a tomar posiciones, mientras, la población aterrorizada corría de un lado a otro de la ciudadela como pequeñas ratas sin saber que hacer ni donde esconderse. Los arqueros tensaban sus arcos pero en la oscuridad no sabían ni donde tenían que apuntar y por tanto dirigir sus flechas y todo era caos; salvo en una de las torres, la que ocupaba Fuad que desde la altura contemplaba serenamente las escenas de pánico.
Los tambores cesaron y solo durante unos minutos pudo oírse el sonido del pánico en el interior de la ciudadela. A continuación un grupo coordinado de toques de cuerno dio lugar nuevamente al estruendo de los tambores y un tremendo griterío lanzado por los guerreros hizo estremecerse la tierra.
En ese momento Fuad tomó el instrumento acompañado de varios ángeles y comenzó la recitación, frente al estruendo del caos en el inicio de la batalla podían escucharse las armoniosas notas que procedían de lo alto de la torre fueron convirtiéndose en una ligera neblina que envolvió el ejército del enemigo para una vez llegar a su misma altura envolver a los atacantes en una densa y negruzca niebla, su humedad apagó las antorchas y el fuego guerrero y produjo en los atacantes una debilidad que les derribó solo envolviéndoles, posteriormente la tierra se abrió en un gran estruendo, tragándose a toda el ejército invasor, para volver a cerrarse y crecer en su lugar tantos árboles como soldados había.
La armoniosa música cesó, la ciudadela atónita se salvó. Masrur que había escuchado la música sabía que procedía de su hermano, corrió a su padre a comentar los hechos y también a agradecer a su hermano su secreta preocupación e intervención en la definitiva victoria y en definitiva a pedir perdón por las públicas ofensas de las que le hizo objeto. Llegados a los aposentos del hermano descubrieron montones de libros abiertos y siete instrumentos musicales que no conocían pero en los aposentos no había nadie más.
El ejército había desaparecido como obra del mal y Fuad había desaparecido como obra del bien. El Khan nunca se explicó la desaparición de su temido ejército y por tanto no se atrevió a enviar mas mensajeros a Gurgán y todavía menos, amenazas de invasión. Y la gente de Gurgán siguió siendo pacifica pero valiente y es ciudad próspera hasta nuestros días.

La realidad fue un poco distinta pero esto también esta historia podría haber ocurrido con mucha fe.

F.López


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