17 abr 2018

Mahmud Darwish 1941 - 2008 Soy Yusuf, padre. (Del poemario: Menos rosas (1986)

Mahmud Darwish, está considerado como el poeta nacional palestino, nacido en Palestina durante el mandato Británico murió en Houston Texas en 2008.
En el siguiente poema se narra el lamento de José ante la traición de sus hermanos por celos. No se hace mención a la segunda parte del relato en la que José es espléndidamente recompensado por la voluntad de Dios ni el traslado de Israel a Egipto por el que se cumple su sueño en el que las once estrellas, (sus hermanos) el sol y la luna (sus padres) se postran ante él por el poder adquirido como administrador de los almacenes del Rey.
Soy Yusuf, padre
Mis hermanos no me quieren,
no me desean entre ellos, padre.
Me agreden, me lanzan piedras e insultos.
Quieren que muera para hacerme un panegírico.
Me han cerrado la puerta de tu casa,
me han echado del campo,
han envenenado mis uvas
y han destrozado mis juguetes.
Cuando la brisa ha acariciado mi pelo al pasar,
me han envidiado y se han revuelto contra mí y contra ti.
¿Qué les he hecho yo, padre?
Las mariposas se han posado sobre mis hombros,
las espigas se han inclinado hacia mí
y los pájaros han volado sobre mis manos.
¿Qué he hecho yo, padre,
y por qué yo?
Tú me has llamado Yusuf
Y ellos me han arrojado al pozo y han acusado al lobo.
Y el lobo es más clemente que mis hermanos,
padre. ¿Acaso he ofendido a alguien cuando he dicho que
he visto once astros, el sol y la luna, y que los he visto
prosternados ante mí?

Al-Aʿmā al-Tuṭīlī (El Ciego de Tudela) 1092-1126

 Al-Aʿmā al-Tuṭīlī

Lagrimas derramadas, ardiente corazón:
Agua y fuego:
Siempre opuestos, salvo en la pasión.
¡Ay, vida mía, el reproche del crítico es cruel!
mas la vida es corta, las fatigas largas.
¡Suspiros que pregonan la pasión abrasadora,
y lágrimas corredoras como la riada!

El sueño es inútil, la cita lejos;
no tengo reposo.
Si yo encontrara la rama, volaría.

Oh Ka´aba, hacia ti peregrinan los corazones,
con clamoroso anhelo contestado por el amor.
Llamaste a un arrepentido que vuelve a ti.
Aquí estoy, sordo al discurso del espía.

Déjame ir a orar,
no me des evasivas;
mi corazón es el premio, las lágrimas mi ofrenda.
Bienvenido sea aunque me muera por ella,
de cadera ufana y párpados lánguidos.
La crueldad en el amor parece dulzura,
y enseña a obrar mal al pensamiento.

Huyó de aquellas noches, cortas para mí.
Mis lágrimas desde entonces rezuman
un picor de espadas entre los párpados.

He escogido a una dueña injusta,
más no diré quién es,
pues mi justicia reluce
aunque mi amada sea cruel.
Pregúntale sobre nuestro amor y su evasión.

Regalé pasión, la convirtió en sumisión,
y también la eludió.
Después de ella, elija el gozo a quien quiera.

¡Que no se aleje de mí en ningún caso,
ama acusadora que tortura y vacila!
Me abandonó con promesas de tristeza y enfermedad,
cantando entre amorosa y coqueta:

"Mi amor está enfermo de mi amar.
¿Como no lo ha de estar?
¿No ves que a mi no ha de llegar?

5 abr 2018

Wuhayb ibn al-Ward al-Makki (Mecca.770) El verdadero Bandolero y Generosidad

Wuhayb ibn al-Ward al-Makki, conocido como "Urwa de los indigentes" poeta místico al que según la leyenda  se le atribuyen incluso milagros preocupado en extremo por los más necesitados llegó incluso a fundar un hospital. Esto no impide que en sus poemas se refleje el auténtico espíritu beduino.

El Bandolero

Confunda Dios al bandolero,
que al abrigo de la oscura noche
relame los huesos frecuentando los mataderos.

Al bandolero, que cada noche cuenta el botín del día,
traicionando la hospitalidad del amigo deferente.
Que duerme de noche y se levanta luego,
sentándose a sacudirse los guijarros de su polvoriento costado.

El verdadero bandolero es aquél 
cuya faz resplandece como la llama que ilumina
a quién alza una brasa.

Generosidad

Soy un hombre que comparte su vasija
mientras tú no la compartes con nadie.
Reparto mi cuerpo en muchos cuerpos
y ofrezco sorbos de agua límpida y fresca.
¿Te burlas acaso de mí, porque engordando tú,
ves, en cambio, que en mi cuerpo ha hecho mella el buen obrar?

3 abr 2018

De Al´Gazzali (Jorasán 1058-1111 d.c.) Método para identificar tu religión

"Un espíritu liberal se guiará por esta máxima del príncipe de los creyentes, Ali, hijo de Abu Talib:

"No busques la verdad por medio de los hombres: encuentra primero la verdad y luego reconocerás a los que la siguen". 

Éste es el procedimiento que emplea un sabio. Una vez en posesión de la verdad examina la base de las diversas doctrinas que se presentan ante él y, cuando encuentra que son ciertas, las acepta sin preocuparse de que quien las enseñe sea sincero o engañoso. Es más, recordando cómo se encuentra el oro en las entrañas de la tierra, se esfuerza por cribar la verdad de los errores que la rodean".

1 abr 2018

Muñeco de Nube, Muñeco de Niebla, Muñeco de Nieve (A Gabriel) original

Muñeco de nube tomaba muchas formas, un día era tortuga, otro gato,  otro palomita de maíz. Vivía flotando en el cielo, a veces por el oriente, otras por el occidente, dependía de un ángel que, cual pastor, cuidaba a sus revoltosas nubes. 
Muñeco de nube tan solo era una nube más que desde allá arriba contemplaba el mundo, a sus habitantes, a la vida y era muy  feliz entre los suyos, pero sentía curiosidad por experimentar aquel mundo tan ajetreado. Un día pidió al ángel guardián que le permitiera acercarse a la tierra. El ángel frunció el ceño pero consintió acercarlo convirtiendo a muñeco de nube en muñeco de niebla, en su nuevo estado ya no podía tomar las formas caprichosas que mostraba en el cielo, ahora era simplemente nebulosa de claridad u oscuridad, en parte había conseguido su objetivo de aproximarse al mundo, pero… Sólo como espectador. No satisfecho quiso aproximarse aún más, incluso de formar parte de él,  por lo que volvió a pedir a su ángel si podía posarle en la tierra. El rostro del ángel guardián mostró ahora una abierta contrariedad  pero, ante la insistencia, consintió de nuevo. ¡Sea! -Dijo-. Y le formó muñeco de nieve en la tierra. Estático y asustado observó y formó parte finalmente de todo lo que desde allá arriba le atraía,  pudo sentir en su nuevo estado el frío y el desgaste por el temporal, por los vientos y comprobó, cási desde el momento de su llegada que no había gran cosa que mereciera la pena, sintió soledad y añoranza de los suyos, sintió que se había equivocado, que nada era lo que desde allá arriba, desde el cielo, parecía, que,  casi todo era humo negro y vaciedad y al muñeco de nieve se le escapó una lagrima de tristeza recordando todo lo que había dejado atrás. La lágrima convertida en vapor, niebla y nube ascendió y corrió a contar al ángel los sentimientos y el estado de muñeco de nieve.  El ángel, conmovido, decidió bajar a la tierra y cuando lo encontró apenas pudo reconocerlo, tantas lagrimas derramadas habían conseguido convertir la blanca nieve en, apenas, un montón de hielo, sucio por la hojarasca, deformado por los elementos, negro por la basura, nada quedaba de su primitiva pureza y alegría; el muñeco sólo pudo dirigir al ángel una débil y triste mirada. Compadecido, el ángel tomó los gélidos restos de muñeco de nieve en las manos y a través del espacio lo devolvió, a la proximidad del sol,  a la calidez del cielo que al verlo sonreír de nuevo le correspondió con la aparición del más maravilloso arcoíris por el día y con las pléyades por la noche.

Ya es de nuevo muñeco de nube, ya no aspira a conocer otros mundos y experiencias, lo puedes ver, cada día,  feliz con su destino,  junto al ángel  y su pequeño rebaño de Occidente a Oriente.  

Original de F.López

El Halcón del Rey Sindabad Una Historia (triste) sobre la fidelidad.

Este relato es uno de los más bellos incluidos en las Mil y Una Noches; es un triste encuentro entre la fidelidad de los animales hacia sus dueños y la soberbia y violencia con las que algunos pagan o recompensan esa fidelidad. 
"Cuentan – pero Dios es más sabio – que había un rey de reyes, persa, al que complacían las diversiones, los paseos y toda clase de cacerías. Un halcón, al que había adiestrado, permanecía a su lado día y noche, y dormía  durante ésta apoyado en la mano de su dueño. Cuando salía de casa lo llevaba consigo. Le había colgado en el cuello un vasito de oro, en el que le daba de beber.
Cierto día en el que el rey estaba sentado en su trono, se presentó el cetrero y le dijo: “Rey del tiempo: es ya época de empezar a cazar”.
El rey se preparó para salir, colocó el halcón en su mano y partió. Llegaron a un valle en el que extendieron la red de caza y en ella cayó, de repente, una gacela. El rey exclamó: “¡Mataré a aquél por cuyo lado escape la gacela!”
El círculo de cazadores fue estrechándose, mientras que ella, por su parte, fue acercándose al rey, hasta que, por fin, se irguió sobre sus patas y, apoyándose en sus manos, las colocó debajo del pecho como si fuese a besar la tierra ante el soberano. Este bajó la cabeza y el animal dio un brinco, huyó por encima de su testa y se dirigió campiña adentro.
El rey se volvió a mirar a los soldados y observó que se guiñaban los ojos. Preguntó “¡Visir ¿Que se están diciendo los soldados?”
“Comentan lo que dijiste: que aquel por cuyo lado escapase la gacela, sería ajusticiado”.
“¡Por mi cabeza! ¡La perseguiré hasta volver con ella!”
El rey se puso a seguir el rastro de la gacela y no se cansó de ir tras sus huellas.
El halcón iba picando en los ojos del animal fugitivo, hasta que al fin la cegó y la aturdió; entonces el rey levantó la maza y de un solo golpe la derribó. Se apeó, la degolló y la colgó del arzón de su silla. Era una hora de calor y estaba en un lugar árido; no había agua. El rey y su corcel tenían sed, por lo que el soberano dio una vuelta y divisó un árbol, del que fluía un líquido que parecía manteca. Como tenía la mano enfundada con el guante de piel, tomó el vasito del cuello del halcón, lo llenó de aquél líquido y lo colocó delante de él. Pero el halcón dio un golpe al vasito y lo vertió.
El rey cogió de nuevo el vasito, lo llenó y, creyendo que el halcón estaba sediento, se lo colocó delante, pero el animal lo derramó de nuevo. El rey se enfadó con el pájaro y, tomando el vasito por tercera vez, se lo acercó al corcel; pero el halcón, con el ala, volvió a verterlo.
El rey exclamó: “¡Dios te confunda, la mas nefasta de las aves! ¡No me has dejado beber, no has querido hacerlo tú y encima se lo has impedido al caballo!
Dicho esto, de un sablazo le cortó ambas alas.
El halcón levantó la cabeza y dijo por señas: “Mira lo que hay encima del árbol”. El rey levantó la vista y vio una serpiente, cuyo veneno era el líquido que fluía del árbol. Y se arrepintió de haberle cortado las alas al halcón.
Montó, el rey, en su caballo y llevó la gacela al lugar del que había partido. Al entregarla al cocinero, le dijo: ¡Cógela y ásala!.  Luego se sentó en su silla, sosteniendo siempre al halcón en la mano, hasta el momento en que el animal, tras un estertor murió. El rey prorrumpió en gritos de tristeza y de dolor por haber matado al halcón en recompensa de haberle salvado de la muerte.
Y esta es la historia del rey Sindabad”.


miniatura persa de la cacería de una gacela

31 mar 2018

El Lamento del Rey Loco o La Corona de Plomo (original)


Mi pesada carga. ¿Será la corona que llevo?
Obra de alquimista, no es del todo material.
No está hecha de oro o plata, sino de plomo gris y oscuros sentimientos.
Y sin embargo, es brillante,
hace alarde de algunas gemas incrustadas a su alrededor,
representan algunas cosas buenas que han sucedido a lo largo de mi vida.
Aunque yo, el coronado, no puedo ver los reflejos que esa corona emite,
sé que se ven desde lejos como los de un faro.

Mi cerebro, no obstante ahora se rebela
y mi cabeza parece latir contra el borde sólido que la oprime.

La Corona no puede ya contener esta negruzca calavera de acero mía;
que no necesitó casco en las peleas más espantosas.

Porque ahora, este rey se ha vuelto viejo,
una antigüedad enterrada en antigüedades
que se sostiene en un trono roto.
Y en esta situación:
Los "grandes dioses" (las personas que compartieron y a quienes entregué mi juventud),
se burlan ahora de este rey cautivo,
la corona y sus destellos, cayeron, desaparecieron para siempre,
y mi cabeza brilla blanca como la nieve en la cima de la montaña cuando la visita el sol.

Ahora todos mis actos son libres y por tanto sanos,
mi razón y mi objeto están locos.

Porque este viejo, aunque desarmado,
todavía escucha los ecos de muchas lejanas batallas,
y grita como el fantasma de un rey que vaga en angustia sobrenatural.
Así va dejando a la deriva las reliquias de la antigüedad.

Coro:

Sus palabras podrían parecer efímeras
pero el tono transmitía la profunda tristeza,
la impotencia que éste Rey, éste loco viejo
nunca antes había manifestado.
Eran mucho más que palabras,
era su adiós a la vida.

Original F.López