I
Me dicen que, gracias a mi saber, soy, entre los hombres,
como una noche de plenilunio.
Pido que dejen de hablar de mí:
nada vale la ciencia si no va acompañada del poder.
Si quisiese empeñar todos mis conocimientos, todos mis libros
y mi cálamo
por el sustento de un día,
no encontraría a nadie dispuesto a admitir tal prenda hasta el fin del mundo.
El pobre, la condición del pobre, la vida del pobre,
¡cuan dolorosos son!
En verano no consigue satisfacer sus necesidades,
y en invierno carece de abrigo.
Los perros le siguen cuando anda;
vilipendiado y despreciado,
siempre es un miserable.
Si se lamenta a alguien de su estado y quiere excusarse,
aquél nunca le perdonará.
Siendo ésta la vida del pobre,
lo mejor de ella lo disfruta en la tumba.
II
La pobreza del hombre hace desaparecer su generosidad de la misma manera que el sol palidece en el momento de la puesta.
Si se oculta, la humanidad no lo recuerda;
si reaparece, en nada interviene.
Recorre los zocos procurando esconderse,
y a solas llora desconsolado.
¡Por Dios! cuando la miseria aflige al hombre,
este es un extraño para su propia familia.

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