I
Si me tratases con justicia no me matarías,
la sentencia de separación no es justa.
Me has cargado con el peso de la pasión
cuando soy tan débil que no puedo soportar ni el de la camisa.
No me asombra el hecho de morir,
pero si me extraña de cómo mi cuerpo,
después de vos, puede reconocerse aún.
II
Me habéis abandonado al preferir la compañía de otro;
lo habéis demostrado al alejaros.
Nos no hemos obrado así.
Os abandonaremos como vos nos habéis abandonado;
nos consolaremos de vuestra falta
de la misma manera que vos lo habéis hecho de la nuestra.
Volveremos a amar, ya que vos os habéis inclinado por otros;
sois los responsables de la ruptura del vínculo
y no nos.
III
Despertaron el amor en mi seno y se fueron;
su morada se fijó lejos de mí.
El día en que se marcharon, mi razón también se fue.
El sueño y la resignación me abandonaron.
Se alejaron y la alegría me abandonó;
carezco de tranquilidad y de reposo.
Al separarse hicieron correr las lágrimas de mis ojos,
tan copiosas que podrían llenar los mares.
El día en que se apodera de mí la nostalgia de volverlo a ver,
el día en que aumenta mi deseo por él y el ansia de la espera,
en ese día su imagen está representada en lo más recóndito de mi corazón
por la pasión, la nostalgia y el recuerdo.
¡Oh, tú, cuya mención me es habitual!
¡Oh, tú, cuyo amor es la razón de mi vida!
¡Amado mío! ¿Hasta cuando esta tardanza sin fin?
¿Cuanto durará aún esta separación y este desvío?
IV
Después de haber permanecido un día con su noche en Damasco,
el tiempo juró que no la olvidaría.
Pasamos la noche mientras el ala de la tiniebla nocturna holgazaneaba,
y la aurora avanzaba cual un haz de cabellos grises.
El rocío, sobre las ramas, semejaba perlas
hechas caer por un soplo del céfiro.
Los pájaros leían,
la alberca era el papel,
el viento escribía
y las nubes puntuaban.
V
Pasó por el lado de la casa, la casa de Layla,
y besó sus paredes aquí y allá.
No es el cariño que siento por la casa el que apena mi corazón,
sino el de aquél que la habitó.
VI
Pido noticias de vos al sol en cuanto sale;
interrogo al relámpago en cuanto brilla.
El deseo de veros me estruja una y otra vez entre sus manos,
pero no me lamento por el sufrimiento.
¡Amigos! Ha pasado mucho tiempo,
y mi corazón ha quedado hecho pedazos.
Si se realizase mi deseo de volverlo a ver,
ocurrirían entre ambos las mejores cosas.
No creáis que me he distraído con otros,
porque el corazón es incapaz de albergar el cariño de los demás.
VII
¡Oh, tú que buscas la separación!
¡Ten paciencia con tu argucia!
¡Basta con la pasión!
Ten paciencia, pues el tiempo hace de traidor
y el fín de toda buena compañía consiste en la separación.
VIII
Veo sus huellas y experimento una viva emoción:
derramo lagrimas encima de sus moradas.
Ruego a Quién me ha alejado de vuestro lado,
que un día me conceda el regresar.
IX
Pido noticias de vos al sol en cuanto sale;
interrogo al relámpago en cuanto brilla.
El deseo de veros me oprime una y otra vez entre sus manos,
pero no me lamento por el sufrimiento.
¡Amigos! Ha pasado mucho tiempo,
y mi corazón ha quedado hecho pedazos.
Si se realizase mi deseo de volverlo a ver,
ocurrirían entre ambos las mejores cosas.
No creáis que me he distraído con otros,
porque mi corazón es incapaz de albergar el cariño de los demás.
X
¡Por Dios, oh tumba!
¿Se han extinguido tus bellezas?
¿Se ha transformado aquella imagen regocijante?
¡Tumba! Careces de jardín y te faltan los cielos.
¿Como, pues, puedes reunir las ramas y la luna?
XI
¡Cuán buen nuncio me ha advertido de su llegada,
trayéndome la mejor de las noticias!
Si le gustase la ropa usada,
le regalaría un corazón que quedó hecho pedazos en el momento de la despedida.
He llorado mucho tiempo a causa de nuestra separación.
Las lagrimas han brotado copiosamente de mis párpados.
Hice voto de que si el Señor me reunía con mi amado,
no volvería a pronunciar la palabra "separación".
La alegría me ha embargado hasta tal extremo,
que el exceso de regocijo me ha hecho llorar.
¡ Deteneos un momento antes de partir !
¡ Miradme una vez más para consolar a un corazón
al que la separación va a matar!
Si el concederme eso os causa dolor,
dejadme con mi pasión
y no os preocupéis.
Estamos separados en vez de estar juntos.
Os separasteis y nos separamos.
El amor que por vos sentimos nos ha impedido recuperar la salud;
nuestros ojos no se han secado.
El enemigo, enojado porque nos escanciábamos la copa del amor,
ha procurado romperla y el destino ha dicho: Así sea.
No tememos que nos mate en vuestra mansión;
tememos que nos difamen.
XV
Las penas del amor han abrumado con exceso mis fuerzas;
por eso me encuentro agotado.
¡Emigrantes! ¡ Tened compasión de mi pena !
Después de vuestra partida se han apiadado de mí hasta los maldicientes.
No me impidáis que dirija una sola mirada que me ayude a soportar mi pena y mi pasión.
He pedido a mi corazón que tuviera paciencia por vuestro alejamiento.
Y me ha contestado:
" Tú eres quien la ha de tener, pues la paciencia no está entre mis costumbres.
¿Que he de decir para quejarme de las penas del alejamiento?
Si morimos de deseo ¿Cual es el remedio?
¿Encontraríamos un mensajero capaz de hablar en nuestro lugar?
Las quejas del amante no admiten mensajero.
Podríamos tener paciencia, pero ya no nos queda.
Después de tanto tiempo lejos de los amados.
Marcharon y desaparecieron de mi vista,
pero siempre tendrán un lugar en mi corazón.
Su belleza se ha alejado de mí;
mi vida no encuentra más dulzuras y la pasión me extenúa.
Si Dios dispone que nos volvamos a reunír,
he de referir las penas del amor en un largo relato.
Dios te proteja donde quiera que te encuentres,
¡Oh viajero que siempre estás presente en mi corazón!
Dios esté contigo donde quiera que vayas
y te proteja de las vicisitudes del tiempo y de la desgracia.
Te has marchado y mis ojos se han enturbiado tan pronto te perdí de vista;
mis lágrimas han resbalado en gran cantidad.
¡Ojalá supiera en qué región, en qué tierra, en qué casa y con qué gentes estás!
Si bebes el agua de la vida, fresca y pura, las lágrimas constituyen mi bebida.
Si tú consigues conciliar el sueño, yo tengo una brasa de insomnio entre el lecho y mi costado.
Todo me es fácil de soportar, excepto tu alejamiento;
lo demás no tiene importancia.
¿Por qué el sueño ha abandonado mis ojos?
¿Has sido tú quién ha enseñado el insomnio a mi vista?
¿Por qué tu recuerdo alimenta el fuego en mi corazón?
¿Todos los enamorados han de recordar así el amor?
¡Que bellos fueron nuestros días!
Han pasado y no he podido gozar de las dulzuras como me prometía.
Imploro al viento (el viento es el que de nuevo reúne a los enamorados);
"A tí se queja un amante que tiene pocos valedores;
las penas de la separación son capaces de hender las piedras."
El amor ha consumido mi cuerpo de tristeza desde el día de la separación.
El estar medio moribundo basta para mi cuerpo extenuado;
si note dirigiese la palabra, no me reconocerías
XII
He llorado mucho tiempo a causa de nuestra separación.
Las lagrimas han brotado copiosamente de mis párpados.
Hice voto de que si el Señor me reunía con mi amado,
no volvería a pronunciar la palabra "separación".
La alegría me ha embargado hasta tal extremo,
que el exceso de regocijo me ha hecho llorar.
XIII
¡ Deteneos un momento antes de partir !
¡ Miradme una vez más para consolar a un corazón
al que la separación va a matar!
Si el concederme eso os causa dolor,
dejadme con mi pasión
y no os preocupéis.
XIV
Estamos separados en vez de estar juntos.
Os separasteis y nos separamos.
El amor que por vos sentimos nos ha impedido recuperar la salud;
nuestros ojos no se han secado.
El enemigo, enojado porque nos escanciábamos la copa del amor,
ha procurado romperla y el destino ha dicho: Así sea.
No tememos que nos mate en vuestra mansión;
tememos que nos difamen.
XV
Si os apartáis de mí,
sabed que vuestro puesto está en mi corazón,
entre las costillas y las entrañas.
Pido al Clemente que nos vuelva a reunir.
Éste es un favor que Dios concede a quién quiere.
XVI
El día de la separación se despidió de mí llorando del dolor que le causaba la partida.
Preguntó:
"¿Que harás cuando yo esté lejos?"
Respondí:
"Pregúntalo al Eterno".
XVII
¡Amigos míos!
He perdido el sueño;
mis penas han aumentado al alejarme de la patria.
Tenía un padre que me quería,
pero me abandonó para irse a vivir a la tumba.
Después me han ocurrido cosas que me han desgarrado el corazón.
El alejamiento de la amada me ha debilitado y me ha dejado inerme;
las vicisitudes del tiempo han transformado en enemigos a los que antes eran amigos.
¡Gentes!
¿No hay entre vosotros un alma piadosa que tenga compasión de mí y atienda mi llamada?
La agonía y la muerte me parecen soportables,
puesto que he apartado de mí toda esperanza de vida.
¡Dios mío!
En nombre del que está en la vía recta,
del albriciador, del elegido, del que es un mar de generosidad y el mejor de los intercesores:
Te pido que me salves, que perdones mis errores y pongas fin a mis penas y tormentos.
El corazón del enamorado está a punto de despedazarse.
¿Hasta cuándo durará este desvío?
¿Hasta cuándo?
¡Oh, tú, que te apartas de mí sin que yo haya faltado!
Las gacelas acostumbran escuchar.
Separación, desvío creciente y pasión
son tres cosas que no puede soportar el amante.
No te dejes llevar por la separación, pues esta tiene un sabor amargo.
El sol está amarillo en el momento de la puesta, por el dolor que la separación le produce.
Me despedí de ella:
Con la mano derecha enjugaba mis lágrimas
y con la izquierda la estrechaba y la abrazaba.
Me preguntó:
"¿No te avergüenzas?"
Contesté:
El día de la separación es el del deshonor de los amantes.
XVIII
El alejamiento de la amada me ha debilitado y me ha dejado inerme;
las vicisitudes del tiempo han transformado en enemigos a los que antes eran amigos.
¡Gentes!
¿No hay entre vosotros un alma piadosa que tenga compasión de mí y atienda mi llamada?
La agonía y la muerte me parecen soportables,
puesto que he apartado de mí toda esperanza de vida.
¡Dios mío!
En nombre del que está en la vía recta,
del albriciador, del elegido, del que es un mar de generosidad y el mejor de los intercesores:
Te pido que me salves, que perdones mis errores y pongas fin a mis penas y tormentos.
XVIII
El corazón del enamorado está a punto de despedazarse.
¿Hasta cuándo durará este desvío?
¿Hasta cuándo?
¡Oh, tú, que te apartas de mí sin que yo haya faltado!
Las gacelas acostumbran escuchar.
Separación, desvío creciente y pasión
son tres cosas que no puede soportar el amante.
XIX
No te dejes llevar por la separación, pues esta tiene un sabor amargo.
El sol está amarillo en el momento de la puesta, por el dolor que la separación le produce.
XX
Me despedí de ella:
Con la mano derecha enjugaba mis lágrimas
y con la izquierda la estrechaba y la abrazaba.
Me preguntó:
"¿No te avergüenzas?"
Contesté:
El día de la separación es el del deshonor de los amantes.
XXI
Las penas del amor han abrumado con exceso mis fuerzas;
por eso me encuentro agotado.
¡Emigrantes! ¡ Tened compasión de mi pena !
Después de vuestra partida se han apiadado de mí hasta los maldicientes.
No me impidáis que dirija una sola mirada que me ayude a soportar mi pena y mi pasión.
He pedido a mi corazón que tuviera paciencia por vuestro alejamiento.
Y me ha contestado:
" Tú eres quien la ha de tener, pues la paciencia no está entre mis costumbres.
XXII
¿Que he de decir para quejarme de las penas del alejamiento?
Si morimos de deseo ¿Cual es el remedio?
¿Encontraríamos un mensajero capaz de hablar en nuestro lugar?
Las quejas del amante no admiten mensajero.
Podríamos tener paciencia, pero ya no nos queda.
Después de tanto tiempo lejos de los amados.
XXIII
Marcharon y desaparecieron de mi vista,
pero siempre tendrán un lugar en mi corazón.
Su belleza se ha alejado de mí;
mi vida no encuentra más dulzuras y la pasión me extenúa.
Si Dios dispone que nos volvamos a reunír,
he de referir las penas del amor en un largo relato.
XXIV
Dios te proteja donde quiera que te encuentres,
¡Oh viajero que siempre estás presente en mi corazón!
Dios esté contigo donde quiera que vayas
y te proteja de las vicisitudes del tiempo y de la desgracia.
Te has marchado y mis ojos se han enturbiado tan pronto te perdí de vista;
mis lágrimas han resbalado en gran cantidad.
¡Ojalá supiera en qué región, en qué tierra, en qué casa y con qué gentes estás!
Si bebes el agua de la vida, fresca y pura, las lágrimas constituyen mi bebida.
Si tú consigues conciliar el sueño, yo tengo una brasa de insomnio entre el lecho y mi costado.
Todo me es fácil de soportar, excepto tu alejamiento;
lo demás no tiene importancia.
XXV
¿Por qué el sueño ha abandonado mis ojos?
¿Has sido tú quién ha enseñado el insomnio a mi vista?
¿Por qué tu recuerdo alimenta el fuego en mi corazón?
¿Todos los enamorados han de recordar así el amor?
¡Que bellos fueron nuestros días!
Han pasado y no he podido gozar de las dulzuras como me prometía.
Imploro al viento (el viento es el que de nuevo reúne a los enamorados);
"A tí se queja un amante que tiene pocos valedores;
las penas de la separación son capaces de hender las piedras."
XXVI
El amor ha consumido mi cuerpo de tristeza desde el día de la separación.
El estar medio moribundo basta para mi cuerpo extenuado;
si note dirigiese la palabra, no me reconocerías
XXVII
Su imagen está siempre conmigo, nunca se ausenta.
Le he concedido el lugar de honor en mi corazón.
Si no fuese porque espero su retorno, no viviría ni un instante más;
si no fuese por su imagen que se me aparece en sueños, no pegaría ojo.
XXIX
¡Amigo mio! ¡Cuanto tardas!
Yo aguardo con impaciencia aunque ningún mensajero me trae noticias
Los días de la unión son breves
¡ojalá los breves fuesen los días de la separación!
Cogedme de la mano y tened piedad por la pasión que ha consumido mi cuerpo
a pesar de haber tenido paciencia.
Si me pedís que me consuele os respondo:
¡Por Dios! No me he de consolar hasta el momento de la resurrección!
XXX - Ibn Zaydún- de la qasida muniyya
Al tiempo delicioso de las citas
la desunión durísima sucede.
Nos separó la suerte,
y no hay rocío, que humedezca,
resecas de deseo, mis ardientes entrañas;
pero, en cambio, de llanto mis pupilas se saturan.
Al vernos escanciar copa de amores despechados,
los émulos hacían votos por nuestro mal,
y la fortuna, (así se cumpla) decretó impasible.
Quién decirle podrá,
que aquellas horas que me hacían reír alegremente,
ahora me hacen llorar porqué está lejos.
¡Oh, eterno paraíso, cuyo río,
cuyo loto dulcísimo he trocado
por fruta del infierno y pus hediondo!
XXXI
Las lágrimas han inundado mis párpados
de tanto como he sentido nuestra separación.
He hecho voto de que si el tiempo volvía a reunirnos,
no volvería a pronunciar mi lengua la palabra "separación".
La alegría me embarga hasta el extremo de que,
por lo mucha que es, me hace llorar.
¡Oh, ojos! Las lágrimas ya son para vosotros una costumbre tal
que lloráis de alegría y de tristeza.
XXXII
La separación es larga, y la pena del sufrimiento son constantes.
Las lagrimas ¡Oh, amado!, llenan mis pupilas.
Me despedí del corazón el día de la partida;
me he quedado solo; sin corazón y sin esperanza.
¡Amigo mio! quédate a mi lado para que yo me despida de aquel
cuya palabra cura las enfermedades.
XXXIII
No hay por qué censurar al amigo:
la censura sólo lo excita.
Has dicho una cosa justa, pero él no la escucha.
A Dios recomiendo la protección en el valle,
de una luna que me pertenece y que escapa de las esferas.
Me he despedido de ella,
pero hubiera preferido que todas las alegrías de la vida se hubiesen despedido de mí,
a tener que apartarme de su lado.
Sólo ha intercedido por mí una mañana,
en el día de la separación, cuando nuestras lagrimas corrían a mares.
Digo la verdad cuando afirmo,
que el vestido de la disculpa se ha roto al separarme de ella,
por más que yo procuro remendarlo.
Mi cuerpo no consigue el descanso ni tan siquiera en la cama.
Lo mismo le pasa a ella, después de mi marcha.
Ojalá estés seguro doquiera que te encuentres,
¡oh tú, que has emprendido el viaje quedándote en mi corazón!
¡Protéjate Dios doquiera que te instales!
¡Sálvete de las vicisitudes del destino y de las desdichas!
Te marchaste, y al alejarte, mis ojos han quedado desconsolados;
mis lágrimas fluyen a borbotones.
¡Ojalá supiera en que tierra, en que morada te has instalado,
junto a qué y en que familia!
Si tú bebes agua pura y límpida,
yo abrevo en las lagrimas de mis ojos.
Todo me es soportable, salvo estar separado de ti.
Se ha levantado un viento cálido que atiza la pasión con su soplo.
¡Oh, céfiro! ¡Acércate a nosotros!
Todo el que ama tiene su suerte y su parte.
Si pudiéramos, te abrazaríamos como el amante estrecha el cuerpo de su amada.
Dios me ha privado, al arrebatarme la faz de mi amado, de la vida y el bienestar.
¡Ojalá supiera si su corazón es igual al mio, que se licua con la llama y el calor de la pasión?
¡Oh, tú que buscas la separación!
¡Poco a poco!
No te dejes engañar por los abrazos.
¡Poco a poco!
Porque el tiempo, es, por naturaleza traidor,
y toda amistad acaba con la separación.
¡Quién supiera si después de nuestra separación va a llegar la unión!
¿Me quejaría ante vosotros de mis penas de amor?
Os recuerdo mientras la noche transcurre,
y me hacéis velar mientras las gentes duermen
Te escribo, ¡Oh mi deseo!, explicándote los dolores que me causa la separación
El primero que anoto es el fuego de mi corazón.
El segundo, mi pasión y mi deseo.
El tercero, el transcurso de mi vida y mi paciencia;
El cuarto, toda la pasión que resta.
El quinto: ¿Cuando te verán mis ojos?
Y el sexto: ¿Cual será el día del encuentro?
Te escribo mientras las lágrimas corren; el llanto no tiene fin.
No desesperes del favor divino; tal vez algún día me reúna contigo.
XXXIV
Ojalá estés seguro doquiera que te encuentres,
¡oh tú, que has emprendido el viaje quedándote en mi corazón!
¡Protéjate Dios doquiera que te instales!
¡Sálvete de las vicisitudes del destino y de las desdichas!
Te marchaste, y al alejarte, mis ojos han quedado desconsolados;
mis lágrimas fluyen a borbotones.
¡Ojalá supiera en que tierra, en que morada te has instalado,
junto a qué y en que familia!
Si tú bebes agua pura y límpida,
yo abrevo en las lagrimas de mis ojos.
Todo me es soportable, salvo estar separado de ti.
XXXV
Se ha levantado un viento cálido que atiza la pasión con su soplo.
¡Oh, céfiro! ¡Acércate a nosotros!
Todo el que ama tiene su suerte y su parte.
Si pudiéramos, te abrazaríamos como el amante estrecha el cuerpo de su amada.
Dios me ha privado, al arrebatarme la faz de mi amado, de la vida y el bienestar.
¡Ojalá supiera si su corazón es igual al mio, que se licua con la llama y el calor de la pasión?
XXXVI
¡Oh, tú que buscas la separación!
¡Poco a poco!
No te dejes engañar por los abrazos.
¡Poco a poco!
Porque el tiempo, es, por naturaleza traidor,
y toda amistad acaba con la separación.
XXXVII
¡Quién supiera si después de nuestra separación va a llegar la unión!
¿Me quejaría ante vosotros de mis penas de amor?
Os recuerdo mientras la noche transcurre,
y me hacéis velar mientras las gentes duermen
XXXVIII
Te escribo, ¡Oh mi deseo!, explicándote los dolores que me causa la separación
El primero que anoto es el fuego de mi corazón.
El segundo, mi pasión y mi deseo.
El tercero, el transcurso de mi vida y mi paciencia;
El cuarto, toda la pasión que resta.
El quinto: ¿Cuando te verán mis ojos?
Y el sexto: ¿Cual será el día del encuentro?
Te escribo mientras las lágrimas corren; el llanto no tiene fin.
No desesperes del favor divino; tal vez algún día me reúna contigo.

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