26 jun 2014

Poemas árabes sobre la diáspora


I
Si temes una opresión, huye con tu vida: deja que la casa solloce por quién la construyó.
Puedes encontrar una tierra que valga tanto como otra, pero jamás encontrarás una vida que equivalga a otra.
Me maravillo de quién vive en un país en el que se le veja, cuando la tierra de Dios es tan amplia.
Aquél que está predestinado a morir en un lugar no morirá en otro distinto.
...
II
¡Emprende el viaje!
¡Algo encontrarás a cambio de lo que abandonas!
¡Conságrate al trabajo!
Las dulzuras de la vida residen en él.
Él permanece fijo
en un sitio que no es motivo de vanagloria para quien es listo y cultivado;
abandona tu patria y destiérrate.
He observado que el agua estancada se descompone;
pero si se trata de agua corriente, siempre es buena;
sólo si no corre es mala.
Si la luna no se moviese, no la contemplaría en cada instante el ojo del observador.
El león, si no abandonase la guarida, no cazaría;
la flecha, si no partiese del arco, no haría blanco.
El lingote de orno no vale más que el polvo cuando está abandonado en un lugar;
el áloe, en donde crece, no es más que un leño.
Si éste cambia de lugar, aumenta de valor;
pero si se queda en su origen, no asciende de rango.

III
...
Veo sus huellas y experimento una viva emoción:
derramo lágrimas encima de sus moradas.
Ruego a Quién me ha alejado de vuestro lado,
que un día me conceda el regresar.

IV

Te conjuro a que digas al Nilo, en mi nombre, 
que no he podido aplacar mi sed ardiente con las aguas del Éufrates.
¡Cuantas personas queridas quedaron en Egipto!
Espero que ello sea un mérito.

V

¡Salva tu vida si temes perderla!
¡Deja que la casa se derrumbe sobre quien la construyó!
Puedes encontrar un país que sea tan bueno como éste,
pero no hallarás un alma distinta de la que tienes




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