I
versión A.Por la noche observó los astros y se le presentó aquél joven que se cimbreaba en sus vestidos.
Saturno le había dado sus negras trenzas; el almizcle había adornado sus mejillas con un lunar.
Marte las había coloreado de rojo,
mientras Sagitario lanzaba flechas desde sus cejas.
Mercurio le había dado ingenio en exceso,
mientras que Suhá rechazaba las miradas que le dirigían los censores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal horóscopo y la luna llena besó la tierra delante de aquella beldad.
versión B.
El astrólogo empezó a escrutar la noche
y encontró la figura de aquél esbelto joven que se balanceaba con sus vestidos.
Géminis había esparcido en él granos de perlas que lucían en sus costados.
Marte le había dado el rojo de la mejilla,
mientras que Sagitario disparaba flechas desde sus pestañas.
De Mercurio le venía la agudeza de ingenio,
y Suha rechazaba las miradas indiscretas de sus detractores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal tema,
mientras que la luna llena besaba la tierra ante tanta beldad.
II
Si la casa hubiese sabido quién era el que la visitó,se hubiese alegrado, hubiese sacado buenos auspicios
y hubiese besado el lugar en que puso el pie.
Diría en su lenguaje: "¡Bien venidas las gentes nobles y generosas!"
III
Sobresale en él la hermosura.
Bendígalo Dios (¡Ensalzado Sea!),
que es quien le ha modelado y dado forma.
Atesora en sí toda la belleza dispersa;
todo el género humano ha perdido la cabeza ante su hermosura.
La lozanía se ha inscrito en sus mejillas:
Doy fe de que, prescindiendo de él, la belleza no existe.
IV
Es un joven esbelto,
por cuya saliva desprecia el comensal la copa repleta y el porrón.
El efecto del vino, su color y su gusto están respectivamente:
en sus pupilas, en sus mejillas y en su saliva.
...
V
Si la propia belleza se presentase a competir con él,
bajaría avergonzada la cabeza.
Si se le preguntase:
"Belleza, ¿has visto algo parecido?"
Contestaría:
"Igual a éste, ninguno"
VI
Es una luna que ha alcanzado el límite de su belleza,
y el sol sale por las anémonas de sus mejillas.
Encierra en sí toda la hermosura, tanto,
que parece como si toda la belleza que existe en el mundo procediera de él.
VII
El astrólogo empezó a escrutar la noche
y encontró la figura de aquel esbelto joven que se balanceaba e sus vestidos.
Géminis había esparcido en él granos de perlas rutilantes que lucían en sus costados.
Marte le había dado el rojo de la mejilla,
mientras que Sagitario disparaba flechas desde sus pestañas.
De Mercurio le venía la agudeza de ingenio,
y Suha rechazaba las miradas indiscretas de sus detractores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal tema,
mientras que la luna llena besaba la tierra ante tanta beldad.
VIII
Un pensamiento oculto, que no se divulga,
permanece guardado en el corazón,
sin darse a conocer.
¡Oh, tú, que haces palidecer a la radiante luna con tu belleza,
cuya faz supera la luminosidad de la mañana!
Tu esplendor es para mí una señal que nunca se extingue;
es un punto fijo que crece y se multiplica.
El ardor me consume
al mismo tiempo que tu faz es para mí el paraíso;
me muero de sed cuando tu saliva es el Kawtar.
IX
La luna y el sol se reunieron en el mismo signo:
ambos estaban en su mayor apogeo y esplendor.
Su beldad encendió el amor en todos los que les observaban.
¡Que belleza cuando se desató la alegría!
Por su hermosura y por su gracia se completan:
alma y corazón se sienten atraídos hacia ellos.
¡Bendito sea Dios!
Sus criaturas son una maravilla.
Dios al crearlas, hace lo que quiere.
X
¿Quién presumirá de poder coger la rosa de sus mejillas
si está protegida por la punta de las lanzas?
No extiendas las manos hacia ellas,
pues frecuentemente se desencadena la guerra
y sólo por dirigir a él los ojos.
Tiene duro el corazón y delicado el talle;
¿Por qué no cambian entre sí estas cualidades?
Si la delicadeza de su talle residiese en su corazón,
jamás sería duro con el amante ni le maltrataría.
Tú que me censuras por mi amor,
ponte al lado de quien me excusa.
¿Quién ayudará a mi cuerpo que se consume?
La culpa la tienen mi corazón y mi vista;
si no fuera por ellos no estaría en esta situación.
XI
Le abracé y quedé embriagado de su aroma,
¡Cuán hermosa es esa rama alimentada por el céfiro!
Estoy borracho sin haber probado el vino,
y sigo embriagado por el licor de su saliva.
Toda la belleza es su prisionera;
por eso dispone de los corazones a su antojo.
¡Por Dios! Me será imposible olvidarlo mientras conserve la vida,
pero tampoco podré olvidarlo después.
Si vivo, viviré amándolo;
si muero por su amor, por su pasión,
¡que felicidad!
XII
Ha nacido quien ha de suceder a José en belleza:
todos los amantes temen cuando él sale.
Párate conmigo y míralo:
verás en su mejilla el estandarte negro de los califas.
XIII
Tus ojos no han visto jamá, entre todo aquello que cae bajo el alcance de la mirada,
nada que sea más bello:
Un lunar verde oscuro en una mejilla rosada,
y debajo de la negra pupila.
XIV
Admiro ese lunar que adora siempre el fuego de tu mejilla,
y que nunca se quema a pesar de ser incrédulo.
Mas extraño aún:
tu mirada es un profeta cuyos milagros se creen,
a pesar de que sólo se trata de embrujo.
VIII
Un pensamiento oculto, que no se divulga,
permanece guardado en el corazón,
sin darse a conocer.
¡Oh, tú, que haces palidecer a la radiante luna con tu belleza,
cuya faz supera la luminosidad de la mañana!
Tu esplendor es para mí una señal que nunca se extingue;
es un punto fijo que crece y se multiplica.
El ardor me consume
al mismo tiempo que tu faz es para mí el paraíso;
me muero de sed cuando tu saliva es el Kawtar.
IX
La luna y el sol se reunieron en el mismo signo:
ambos estaban en su mayor apogeo y esplendor.
Su beldad encendió el amor en todos los que les observaban.
¡Que belleza cuando se desató la alegría!
Por su hermosura y por su gracia se completan:
alma y corazón se sienten atraídos hacia ellos.
¡Bendito sea Dios!
Sus criaturas son una maravilla.
Dios al crearlas, hace lo que quiere.
X
¿Quién presumirá de poder coger la rosa de sus mejillas
si está protegida por la punta de las lanzas?
No extiendas las manos hacia ellas,
pues frecuentemente se desencadena la guerra
y sólo por dirigir a él los ojos.
Tiene duro el corazón y delicado el talle;
¿Por qué no cambian entre sí estas cualidades?
Si la delicadeza de su talle residiese en su corazón,
jamás sería duro con el amante ni le maltrataría.
Tú que me censuras por mi amor,
ponte al lado de quien me excusa.
¿Quién ayudará a mi cuerpo que se consume?
La culpa la tienen mi corazón y mi vista;
si no fuera por ellos no estaría en esta situación.
XI
Le abracé y quedé embriagado de su aroma,
¡Cuán hermosa es esa rama alimentada por el céfiro!
Estoy borracho sin haber probado el vino,
y sigo embriagado por el licor de su saliva.
Toda la belleza es su prisionera;
por eso dispone de los corazones a su antojo.
¡Por Dios! Me será imposible olvidarlo mientras conserve la vida,
pero tampoco podré olvidarlo después.
Si vivo, viviré amándolo;
si muero por su amor, por su pasión,
¡que felicidad!
XII
Ha nacido quien ha de suceder a José en belleza:
todos los amantes temen cuando él sale.
Párate conmigo y míralo:
verás en su mejilla el estandarte negro de los califas.
XIII
Tus ojos no han visto jamá, entre todo aquello que cae bajo el alcance de la mirada,
nada que sea más bello:
Un lunar verde oscuro en una mejilla rosada,
y debajo de la negra pupila.
XIV
Admiro ese lunar que adora siempre el fuego de tu mejilla,
y que nunca se quema a pesar de ser incrédulo.
Mas extraño aún:
tu mirada es un profeta cuyos milagros se creen,
a pesar de que sólo se trata de embrujo.
XV
Me extraña que las gentes pregunten por la tierra en que brota el agua de la vida,
cuando yo la veo en la boca de un bello jovencito,
de dulces labios rojos, sobre los que despunta el negro bozo
XVI
XVI
El bozo ha escrito - ¡excelentes escritos! -
dos lineas de arrayán en sus mejillas.
El sol y la luna quedan perplejos cuando aparece,
y cuando se curva,
¡qué vergüenza para las ramas!
XVII
El bozo ha escrito -¡amar sobre perlas!-
dos lineas de azabache encima de una manzana.
La muerte reside en sus ojos cuando miran,
y la embriaguez nace de sus mejillas sin necesidad de vino.
XVIII
¿Que me ocurre a mí con el censor para que me trate tan duramente?
¿Como consolarse si tú eres una rama esbelta?
¡Oh, rostro que has robado mi corazón y te has replegado!
El amor udrí no puede apartarse de ti.
Su mirada turca hace en las entrañas lo que no hace el sable.
Me ha colocado encima la carga de la pasión
cuando apenas puedo llevar la camisa.
¡Tan debil estoy!
Lloro sangre por lo que dicen los censores:
"Los ojos de quien amas te amenazan como espada afilada".
¡Ojalá mi corazón fuese como el tuyo, y mi cuerpo se pareciese a tí en esbeltez!
Tú mi hermoso príncipe, tienes un vigilante severo y un chambelán injusto:
ambos me impiden llegar hasta ti.
Mintió aquél que dijo que toda la belleza se encontraba en José:
¡Cuantos Josés hay en tu belleza!
Procuro apartarme de ti, pues temo la mirada de los espias.
¡Cuanto me cuesta el apartarme!
XVIII
¿Que me ocurre a mí con el censor para que me trate tan duramente?
¿Como consolarse si tú eres una rama esbelta?
¡Oh, rostro que has robado mi corazón y te has replegado!
El amor udrí no puede apartarse de ti.
Su mirada turca hace en las entrañas lo que no hace el sable.
Me ha colocado encima la carga de la pasión
cuando apenas puedo llevar la camisa.
¡Tan debil estoy!
Lloro sangre por lo que dicen los censores:
"Los ojos de quien amas te amenazan como espada afilada".
¡Ojalá mi corazón fuese como el tuyo, y mi cuerpo se pareciese a tí en esbeltez!
Tú mi hermoso príncipe, tienes un vigilante severo y un chambelán injusto:
ambos me impiden llegar hasta ti.
Mintió aquél que dijo que toda la belleza se encontraba en José:
¡Cuantos Josés hay en tu belleza!
Procuro apartarme de ti, pues temo la mirada de los espias.
¡Cuanto me cuesta el apartarme!

No hay comentarios:
Publicar un comentario