18 may 2014

Naguib Mahfuz "Un filósofo muy joven" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Un Filósofo muy joven

(Pensamiento de un feto al final de los nueve meses)

A pesar de mis deseos, y sin ninguna llamada, me persigue una sensación de vejez. No sé como poder olvidar la proximidad del fin, la supremacía de la despedida. Un saludo a la larga vida que he pasado con seguridad y felicidad. Un saludo a los placeres de la vida en el mar de la ternura, el progreso y el conocimiento.
Ahora la voz eterna llama para partir. Despídete de tu bello mundo y ve hacia lo desconocido. ¿Y qué es lo desconocido, corazón, más que el fin? Deja a un lado las vanas esperanzas de ser llevado a otra vida. ¿Como, por qué, que razonamiento justifica su existencia? Lo único razonable es aquello por lo que mi corazón se entristece. La despedida. ¡Oh vida, de la cual he adquirido todo mi conocimiento! Luego se acaba, llevándose detrás una historia vacía de cualquier significado.

Naguib Mahfuz "La casa encantada o Conversación desde lejos" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Conversación desde lejos

En nuestra calle hay una casa encantada a la que nadie se acerca. Tiene la puerta y las ventanas cerradas y está entregada a los elementos del deterioro.
Paso por allí sin dar crédito a mis ojos, y pienso que no es más que una antigua leyenda.
Un día me sorprendió la lluvia al pasar por delante de la puerta. Me estaba mofando de ella, como de costumbre, cuando una suave voz me dijo:
-Si tienes alguna duda, pasa una noche en la casa y las pruebas vendrán a tí sin ningún medium.
Me quedé aterrado y se me hizo un nudo en la garganta. Recordé lo que había leído sobre el mundo de los espíritus. La voz continúo:
- Mantén la razón o te verás expuesto a nuestra cruel experiencia.
La lluvia caía con más fuerza y la voz enmudeció como si se hubiera disuelto.

17 may 2014

El libro del Destino - Poemas árabes anónimos -

Todo esto estaba escrito en El Libro del Destino


I
Deja que el destino haga lo que quiera, y acepta lo que haga el destino.
Ni te alegres ni te entristezcas por nada, pues nada es eterno.

Hemos andado los pasos que nos estaban prescritos,
pues a quién se le prescribe que ande, anda.
A quien le está prescrito morir en un lugar,
no morirá en ningún sitio como no sea ése.

II

A veces el ciego escapa a un foso en el que cae el mas vidente.
El ignorante salva el escollo de una palabra,
y en él perece el sabio más experto.
El creyente vive en la estrechez,
mientras nadan en la abundancia el incrédulo y el libertino.
El afán del hombre no es lo que impera,
sino lo que dispone el Todopoderoso.

III

No pidas al destino que se muestre justo con aquel al que oprime.
Jamás verás, amigo, que el destino sea justo.
Coge lo que te da la suerte, y apártate a un lado,
pues algo de amargo habré en ello,
aunque parezca que no.

IV

¡Por Dios, oh tumba! ¿Se han extinguido sus bellezas?
¿Se ha transformado aquella imagen regocijante?
¡Tumba!
Careces de jardín y te faltan los cielos,
¿Como, pues, puedes reunir las ramas y la luna?



V

Cada día te trae nuevas dichas y felicidades,
a despecho del envidioso.,
¡Ojalá sean tus días claros!
¡Ojalá sean tenebrosos los de tus enemigos!

VI

Si no esperase reunirme contigo,
la vida no tendría objeto para mí.
Juro que en mi corazón sólo cabe el amor que por ti siento,
y Dios, mi Señor, conoce todos los secretos

VII

El destino había jurado que mis sufrimientos jamás terminarían.
Has roto tu juramento.
¡Oh tiempo!, paga la expiación.
Me ha llegado la felicidad; el amado está a mi lado.
¡Vayamos en busca de la alegría!

VIII

A veces el ciego escapa a un foso en el que cae el más vidente.
El ignorante salva el escollo de una palabra,
y en él perece el sabio más experto.
El creyente vive en la estrechez,
mientras nadan en la abundancia el incrédulo y el libertino.
El afán del hombre no es lo que impera,
sino lo que dispone el Todopoderoso.

VIII

¡Por Dios! Hermano digno de confianza:
no era un ladrón; ni he sido descuidero,
¡oh el mejor de los hombres!
Las vicisitudes del tiempo me han herido de repente:
mis preocupaciones aumentan al mismo tiempo que la inquietud por mi bancarrota.
No he sido yo quien se ha perdido:
Dios ha disparado una flecha, y ha hecho caer de mi cabeza la diadema del reino.

IX

Cuando Dios dispone que algo suceda a un hombre,
aunque éste piense, oiga y vea,
le tapa los oídos, le ciega el corazón y le arranca el entendimiento,
de la misma manera que se arranca un cabello.
Y cuando se ha cumplido su voluntad,
le devuelve la razón para que reflexione.

X

El tiempo me ha hecho un temblón
¡Y de qué manera!
El tiempo tiene una fuerza irresistible.
Antes andaba sin fatiga
...Y ahora me fatigo sin andar.

XI

Has pensado que el tiempo es bueno porque te ha favorecido;
no has temido la desgracia que puede traer el destino.
Te has deslumbrado porque las noches  te han sido favorables:
pero en la tranquilidad de las noches se incuba la desgracia.

XII

Obrarán según su capricho durante mucho tiempo,
pero sus acciones quedarán anuladas.

XIII

Deja hacer al tiempo lo que quiera;
quédate satisfecho con la obra del destino

XIV

No conozco ningún medio que pueda reunirme con la persona amada
y así, poder eliminar mi pena.
La pasión mantiene al rojo el fuego de mi corazón;
su llama mantiene en el tormento al amante.

¡Oh tú que me censuras por lo que me ha ocurrido!
Si he tenido paciencia ha sido porque así lo decretó el destino.
He jurado por el amor que jamás me consolaré;
los juramentos de los amantes se observan con fidelidad.

¡Noche! Cuenta mi historia a los que explican cosas de amor,
y atestigua con tu ciencia, que en tu seno no he gozado del sueño.

XV

El tiempo tiene sus flujos y reflujos;
jamás dura una de sus situaciones entre los humanos.
Todas las cosas de este mundo tienen un plazo
y a todas las gentes les llega el vencimiento.

¡Pobre de mí!
¡Cuantas penas y terrores he de soportar en esta vida!
Dios nos hizo felices en aquellos días en que me veía honrado,
pero en uno de sus repliegues estaba oculta la humillación!

Mis propósitos se han visto frustrados,
mis esperanzas destruidas,
todos los vínculos se han roto con el alejamiento.

¡Oh, tú que pasas junto a la casa en que yo moraba!
Dile que mis lágrimas corren a mares.

XVI

¿Hay piedad para una mujer tan noble que ha caído en la desgracia?
Ella llora a lágrima viva y clama:
"¿No hay modo de escapar de esta desgracia?"

XVII

El destino había jurado  que mis penas no cesarían.
¡Has faltado a tu juramento, Oh tiempo!
¡Paga la indemnización!
La felicidad es completa y el amigo está a mi lado.
¡Corre a buscar toda clase de alegría!
Jamás creí que el cuello del amado fuese un paraíso;
hasta haber encontrado el Kawtar en sus labios rojos.

XVIII

Ha ocurrido lo que yo temía que pasase:
Todos volvemos a Dios.

XIX

Lo que no ha de suceder, nunca sucederá por más argucias que se empleen.
Lo que ha de suceder, sucederá.
Lo que ha de suceder ocurre en el momento señalado,
mientras que el que esto ignora vive engañado.

XX

¡Dios proteja a quien me ha anunciado vuestra llegada!
¡Me ha traído la mejor noticia que yo pudiera oír!
Ya que él se contenta con un objeto usado,
le he de entregar un corazón que se laceró el día de la despedida.


Naguib Mahfuz "Misericordia" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Misericordia

La casa era vieja, al igual que el matrimonio: él tenía sesenta y tantos y ella más de setenta. Les había unido el amor hacía treinta años, y luego les había abandonado junto con el resto de sus esperanzas.
Si no hubiera sido por su estrecha situación, el pájaro habría huido de la jaula. Siempre estaba afligido por el ansia que sentía de vida, mientras que ella sufría por exceso de timidez.
Él mantenía sus sueños despiertos comprando lotería, albergando vagas esperanzas. Cada vez que compraba un billete, murmuraba: "Misericordia, Señor". El corazón de la mujer palpitaba de terror y también murmuraba: "Misericordia, Señor".

Naguib Mahfuz "Imágenes vivas" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Imágenes vivas

En esta fotografía antigua están reunidos los miembros de mi familia y en esta otra los viejos amigos.
Las estuve mirando durante largo rato hasta sumergirme en los recuerdos. Todas las caras estaban radiantes, tranquilas y hablaban con la vida. No había la más ligera señal de lo que ocultaba lo desconocido.
Ahora todos han muerto, no queda ni uno solo.
¿Quién puede asegurar que la felicidad fue una realidad viva y no un sueño o una ilusión?

Naguib Mahfuz "Un poco antes del alba" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Ambas mujeres estaban sentadas a la turca en el sofá, charlando amistosamente. La viuda tenía setenta años y su suegra ochenta y cinco. Habían olvidado el largo periodo de tiempo en que estaban llenas de celos, rencor y odio. El difunto había logrado impartir justicia entre la gente, pero había sido incapaz de establecer justicia entre su madre y su esposa. Ni siquiera había podido mantenerse al margen.
Cuando el hombre se fue para siempre, por primera vez las dos mujeres estuvieron de acuerdo en algo: la profunda tristeza que sentían por él.
La vejez ha templado la terquedad y ha abierto las ventanas a la brisa de la sabiduría.
Ahora la suegra reza por la viuda y le desea de todo corazón salud y larga vida. La viuda por su parte, le pide a Dios que alargue la vida de la otra para que no la deje sola y desamparada.

Naguib Mahfuz "Olvido" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Olvido

¿Quien es ese anciano que sale de su casa todas las mañanas para caminar todo lo que puede?
Es el sheij, el profesor de árabe, que está jubilado desde hace más de veinte años.
Cuando se cansa, se sienta en la acera o en el muro de piedra del jardín de cualquier casa, se apoya en su bastón y se seca el sudor con el borde de su amplia galabeya.
El barrio le conoce y la gente le quiere, pero es raro que alguien lo salude, por su frágil memoria y su sensibilidad . Ha olvidado a los parientes, a los vecinos, a los alumnos y las reglas de la gramática.