27 ene 2015

El Ermitaño y las palomas

Se cuenta que un ermitaño sufí  vivía adorando al Señor en un monte, en el cual se habían refugiado también una pareja de palomas, El ermitaño dividía en dos partes su comida; guardaba la mitad para sí, y la otra mitad para los palomos. El asceta (que tenía el don de hablar con los pájaros, así como el de la predicción) les auguró una numerosa descendencia, y así ocurrió, pues no tardaron en acudir todas las palomas a refugiarse en el monte en el cual estaba el ermitaño.
La causa de que las aves corrieran a reunirse con el  sufí asceta  está en la creencia de lo mucho que también loan los palomos al Señor y en la forma:
 "¡Gloria al Creador de las criaturas, al Repartidor del alimento, al Constructor de los cielos y a Quien ha extendido la Tierra!" 
Aquella pareja de palomos, su descendencia y todas las aves que acudieron junto al sufí siguieron en la más dulce de las vidas hasta que murió; entonces los palomos al carecer de guía se dispersaron y se repartieron por ciudades, pueblos y montes.
Se cuenta que en su dispersión cantaban:
"El día de la separación ha destrozado mi corazón.
¡Destruya Dios el corazón del día de la separación!

Desearía que volviese el día de la reunión,
para referirle lo que hacen sufrir las penas de la separación.

Cuando cae una calamidad sobre una tierra, sus habitantes no tienen más remedio que marchar.

27 jun 2014

Poema árabe anónimo Sobre el Agradecimiento


I

Éste es el que ha extendido su justicia sobre todos los hombres;
quién ha organizado todos los países.
Le estoy agradecido por unos beneficios que son como preciosos collares.
Beso la punta de sus dedos, que no son tales,
sino las llaves que abren los dones.
II
...
Cada día te trae nuevas dichas y felicidades,
a despecho del envidioso.
¡Ojalá sean tus días claros!
¡Ojalá sean tenebrosos los de tus enemigos!

III

Si la casa hubiese sabido quién era el que la visitó,
se hubiese alegrado, hubiese sacado buenos auspicios
y hubiese besado el lugar en que puso el pie.
Diría en su lenguaje:
"¡Bien venidas las gentes nobles y generosas!"

IV

¡Oh tú que has devuelto la vida al reino que estaba carcomido!
Has vivificado la generosidad que permanecía muerta entre las gentes.
¡Sean tus esfuerzos siempre gratos a Dios!

Poemas anónimo árabes sobre la Pobreza



I

Me dicen que, gracias a mi saber, soy, entre los hombres,
como una noche de plenilunio.
Pido que dejen de hablar de mí:
nada vale la ciencia si no va acompañada del poder.
Si quisiese empeñar todos mis conocimientos, todos mis libros
y mi cálamo
por el sustento de un día,
no encontraría a nadie dispuesto a admitir tal prenda hasta el fin del mundo.
El pobre, la condición del pobre, la vida del pobre,
¡cuan dolorosos son!
En verano no consigue satisfacer sus necesidades,
y en invierno carece de abrigo.
Los perros le siguen cuando anda;
vilipendiado y despreciado,
siempre es un miserable.
Si se lamenta a alguien de su estado y quiere excusarse,
aquél nunca le perdonará.
Siendo ésta la vida del pobre,
lo mejor de ella  lo disfruta en la tumba.

II


La pobreza del hombre hace desaparecer su generosidad de la misma manera que el sol palidece en el momento de la puesta.
Si se oculta, la humanidad no lo recuerda;
si reaparece, en nada interviene.
Recorre los zocos procurando esconderse,
y a solas llora desconsolado.
¡Por Dios! cuando la miseria aflige al hombre,
este es un extraño para su propia familia.

Poemas árabes sobre el amor


I
Si llego a tener un socio cerca de aquél a quién amo,
me prohibiré el amar para que mi pasión me mate.
Me diré: "Muramos nobles, pues no es bueno amar al mismo tiempo que un rival".

II

Empujasteis mi corazón al amor,
pero vosotros permanecisteis indiferentes.
Mantuvisteis en vela mis párpados doloridos,
pero vosotros dormisteis.
Vuestra mansión está entre mi corazón y mi entendimiento;
aquél no os olvida ni oculta las lagrimas.
Me prometisteis que seríais felices,
pero en cuanto os apoderasteis de mi corazón, fuisteis traidores.
No os habéis compadecido ni os habéis enternecido por mi pasión.
¿Estáis seguros de estar a salvo del futuro?
Si muero os ruego, por Dios,
que escribáis sobre mi tumba:
"Esta era una amante".
El afligido caminante que conozca las penas del amor
se apiadará al pasar junto a la tumba del que ha amado.

III

He abandonado el amigo del corazón,
no por hastío, sino por una falta que exige el abandono.
Ha querido introducir un socio en nuestro amor,
cuando la fe de mi corazón desprecia la asociación.

IV

Visita a quién amas y no te preocupes de las palabras del envidioso;
éste no sirve de ayuda al enamorado.
El Misericordioso no ha creado nada que sea más hermoso de ver que una pareja de enamorados reunidos en un único lecho.
Abrazados, vestidos con la ropa de la satisfacción,
teniendo por almohadas muñecas y brazos.
Cuando los corazones están unidos por el amor,
los censores golpean sobre hierro frío.
Si hay una sola persona que te ama,
ya has conseguido tu fin:
vive sólo con ella.
V

¡Cuán buen nuncio me ha advertido de su llegada, trayéndome la mejor de las noticias!
Si le gustase la ropa usada,
le regalaría un corazón que quedó hecho pedazos en el momento de la despedida.

VI

¡Tanto he deseado la presencia de quién amo,
que al verlo he quedado parado, mudo y ciego!
He inclinado en honor suyo, la cabeza
y he intentado ocultar lo que por mí pasaba,
pero en vano.
Había preparado páginas enteras para alabarlo.
Pero cuando nos hemos reunido,
no he encontrado ni una palabra.

VII

Un pensamiento oculto, que no se divulga,
permanece guardado en el corazón,
sin darse a conocer.
¡Oh, tú, que haces palidecer a la radiante luna con tu belleza,
cuya faz supera la luminosidad de la mañana!
Tu esplendor es para mí una señal que nunca se extingue,
es un punto fijo que crece y se multiplica.
El ardor me consume
al mismo tiempo que tu faz es para mí un paraíso;
me muero de sed cuando tu saliva es el Kawtar

VIII

Mi mirada sirve de interprete a mi lengua
para que sepáis, para que os sea patente lo que mi corazón encierra.
Cuando nos encontramos,
mientras las lágrimas corrían, callé,
pero mi mirada hablaba de amor.
Ella me indicaba con la mirada lo que quería decir,
y yo con los dedos, la señalaba y comprendía.
Nuestras cejas eran suficientes para expresar nuestras necesidades.
Ambos estábamos callados mientras hablaba el amor.

IX

El Misericordioso no ha creado nada que sea más hermoso de ver
que una pareja de enamorados reunidos en un único lecho.
Abrazados, vestidos con la ropa de la satisfacción,
teniendo por almohadas muñecas y brazos.
Cuando los corazones están unidos por el amor,
los censores golpean sobre hierro frío.
Si hay una sola persona que te ama, ya has conseguido tu fin:
vive sólo con ella.

X

Paso al lado de la casa de Layla,
y beso sus paredes aquí y allá.
No es el cariño, que siento por la casa el que apena mi corazón,
sino el de aquella que la habitó.

XI

¡Tanto he deseado la presencia de quien amo,
que al verlo he quedado parado, mudo y ciego!
He inclinado en honor suyo, la cabeza
y he intentado ocultar lo que por mí pasaba,
pero en vano.
Había preparado páginas enteras para alabarlo.
Pero en cuanto nos hemos reunido, no he encontrado ni una palabra.

XII

Si hubiésemos sabido de vuestra llegada,
habríamos extendido como alfombra la sangre del corazón mezclada con el negro de los ojos.
Habríamos humillado nuestras mejillas para salir a vuestro encuentro;
habríamos hecho pasar el camino por encima de nuestros párpados.

XIII

Di a la hermosa con velo de seda:
La muerte es preferible al tormento que me infliges.
Concédeme la gracia de una visita en la que recupere la vida.
Acabo de poner la mano pidiendo tu favor.

XIV

Tiene una piel que parece seda;
su palabra es dulce, distinguida y elegante.
Dos ojos de los que Dios dijo: "Sed" y fueron,
hacen en los corazones el mismo efecto que el vino.

Cada noche su amor aumenta mi pasión.
¡Oh, consuelo de los días!
El tiempo de tu promesa parece que sea el Día del Juicio.

Sus cabellos son negros como la noche;
y en su frente, si ella se desvela, brilla la aurora.

XV

No me ha faltado la resolución,
pero en este asunto he sido desgraciado;
¿Cual será mi escapatoria?
Si pudiera ser capaz de apartar de mi el amor,
me libraría con mi fuerza y con mi esfuerzo.
Pero mi corazón se ha extraviado en las sendas del amor.
En Dios confío en mi aflicción.

XVI

Procura que la ofensa no hiera al corazón,
ya que tras la ruptura es muy difícil la reconciliación.
Los corazones, roto el afecto,
son como el vidrio,
que una vez roto no tiene arreglo.

XVII

Di a aquel que dice que el amor empieza como un acto de libre albedrío:
¡Mientes! -Está predestinado-.
Se inicia involuntariamente, y por ello no puede ser reprobado.
Así lo demuestran múltiples historias.
No adulterar constituye un camino recto
pero si lo prefieres , di que es un tormento penoso.
O dos golpes en las entrañas,
o un golpe,
o una gracia o una desgracia,
o una necesidad que tranquiliza, o que mata el alma,
vaya bien o vaya mal.
Mas, a pesar de todo, sus días son hermosos
y su boca siempre está sonriente;
las bocanadas de su perfume son agradables,
pone fin a todo lo que deshonra
y no entra jamás en el corazón del malvado y vil.








Poemas árabe sobre la maldad


I

¡ Maldita vieja aquella a la que el diablo contempla y al que ella le enseña los engaños en silencio!
Con su habilidad es capaz de conducir mil mulos descarriados con un sólo hilo de araña.
...
Es una vieja que tiene por naturaleza la brujería,
que considera lícito el pecado que jamás lo será.
Cuando niña meneó la cola; 
al ser joven, tiró piedras; 
al ser mujer fornicó,
y llegada a la vejez es alcahueta

II

Cuando tus ojos contemplen a un hombre con un apodo,
medita:
en él mismo encontrarás la razón de ese apodo.


III

Su ser se ha formado de distintos semen
y está compuesto de elementos corruptos.
No se puede vituperar a Dios
por reunir el mundo entero en un sólo ser

Poemas árabes sobre la belleza masculina (anónimo árabe)



I
versión A.
Por la noche observó los astros y se le presentó aquél joven que se cimbreaba en sus vestidos.
Saturno le había dado sus negras trenzas; el almizcle había adornado sus mejillas con un lunar.
Marte las había coloreado de rojo,
mientras Sagitario lanzaba flechas desde sus cejas.
Mercurio le había dado ingenio en exceso,
mientras que Suhá rechazaba  las miradas que le dirigían los censores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal horóscopo y la luna llena besó la tierra delante de aquella beldad.

versión B.
El astrólogo empezó a escrutar la noche
y encontró la figura de aquél esbelto joven que  se balanceaba con sus vestidos.
Géminis había esparcido en él granos de perlas que lucían en sus costados.
Marte le había dado el rojo de la mejilla,
mientras que Sagitario disparaba flechas desde sus pestañas.
De Mercurio le venía la agudeza de ingenio,
y Suha rechazaba las miradas indiscretas de sus detractores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal tema,
mientras que la luna llena besaba la tierra ante tanta beldad.

II
Si la casa hubiese sabido quién era el que la visitó,
se hubiese alegrado, hubiese sacado buenos auspicios
y hubiese besado el lugar en que puso el pie.
Diría en su lenguaje: "¡Bien venidas las gentes nobles y generosas!"

III

Sobresale en él la hermosura.
Bendígalo Dios (¡Ensalzado Sea!),
que es quien le ha modelado y dado forma.
Atesora en sí toda la belleza dispersa;
todo el género humano ha perdido la cabeza ante su hermosura.
La lozanía se ha inscrito en sus mejillas:
Doy fe de que, prescindiendo de él, la belleza no existe.

IV

Es un joven esbelto,
por cuya saliva desprecia el comensal la copa repleta y el porrón.
El efecto del vino, su color y su gusto están respectivamente:
en sus pupilas, en sus mejillas y en su saliva.
...
V

Si la propia belleza se presentase a competir con él,
bajaría avergonzada la cabeza.
Si se le preguntase:
"Belleza, ¿has visto algo parecido?"
Contestaría:
"Igual a éste, ninguno"

VI

Es una luna que ha alcanzado el límite de su belleza,
y el sol sale por las anémonas de sus mejillas.
Encierra en sí toda la hermosura, tanto,
que parece como si toda la belleza que existe en el mundo procediera de él.

VII

 El astrólogo empezó a escrutar la noche
y encontró la figura de aquel esbelto joven que se balanceaba e sus vestidos.
Géminis había esparcido en él granos de perlas rutilantes que lucían en sus costados.
Marte le había dado el rojo de la mejilla,
mientras que Sagitario disparaba flechas desde sus pestañas.
De Mercurio le venía la agudeza de ingenio,
y Suha rechazaba las miradas indiscretas de sus detractores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal tema,
mientras que la luna llena besaba la tierra ante tanta beldad.

VIII

Un pensamiento oculto, que no se divulga,
permanece guardado en el corazón,
sin darse a conocer.
¡Oh, tú, que haces palidecer a la radiante luna con tu belleza,
cuya faz supera la luminosidad de la mañana!
Tu esplendor es para mí una señal que nunca se extingue;
es un punto fijo que crece y se multiplica.
El ardor me consume
al mismo tiempo que tu faz es para mí el paraíso;
me muero de sed cuando tu saliva es el Kawtar.

IX

La luna y el sol se reunieron en el mismo signo:
ambos estaban en su mayor apogeo y esplendor.
Su beldad encendió el amor en todos los que les observaban.
¡Que belleza cuando se desató la alegría!
Por su hermosura y por su gracia se completan:
alma y corazón se sienten atraídos hacia ellos.
¡Bendito sea Dios!
Sus criaturas son una maravilla.
Dios al crearlas, hace lo que quiere.

X 

¿Quién presumirá de poder coger la rosa de sus mejillas
si está protegida por la punta de las lanzas?
No extiendas las manos hacia ellas,
pues frecuentemente se desencadena la guerra
y sólo por dirigir a él los ojos.

Tiene duro el corazón y delicado el talle;
¿Por qué no cambian entre sí estas cualidades?
Si la delicadeza de su talle residiese en su corazón,
jamás sería duro con el amante ni le maltrataría.

Tú que me censuras por mi amor,
ponte al lado de quien me excusa.
¿Quién ayudará a mi cuerpo que se consume?

La culpa la tienen mi corazón y mi vista;
si no fuera por ellos no estaría en esta situación.

XI

Le abracé y quedé embriagado de su aroma,
¡Cuán hermosa es esa rama alimentada por el céfiro!
Estoy borracho sin haber probado el vino,
y sigo embriagado por el licor de su saliva.
Toda la belleza es su prisionera;
por eso dispone de los corazones a su antojo.
¡Por Dios! Me será imposible olvidarlo mientras conserve la vida,
pero tampoco podré olvidarlo después.
Si vivo, viviré amándolo;
si muero por su amor, por su pasión,
¡que felicidad!

 XII

Ha nacido quien ha de suceder a José en belleza:
todos los amantes temen cuando él sale.
Párate conmigo y míralo:
verás en su mejilla el estandarte negro de los califas.

XIII

Tus ojos no han visto jamá, entre todo aquello que cae  bajo el alcance de la mirada,
nada que sea más bello:
Un lunar verde oscuro en una mejilla rosada,
y debajo de la negra pupila.

XIV

Admiro ese lunar que adora siempre el fuego de tu mejilla,
y que nunca se quema a pesar de ser incrédulo.
Mas extraño aún:
tu mirada es un profeta cuyos milagros se creen,
a pesar de que sólo se trata de embrujo.

XV

Me extraña que las gentes pregunten por la tierra en que brota el agua de la vida,
cuando yo la veo en la boca de un bello jovencito,
de dulces labios rojos, sobre los que despunta el negro bozo

XVI

El bozo ha escrito - ¡excelentes escritos! -
dos lineas de arrayán en sus mejillas.
El sol y la luna quedan perplejos cuando aparece,
y cuando se curva,
¡qué vergüenza para las ramas!

XVII

El bozo ha escrito -¡amar sobre perlas!-
dos lineas de azabache encima de una manzana.
La muerte reside en sus ojos cuando miran,
y la embriaguez nace de sus mejillas sin necesidad de vino.

XVIII

¿Que me ocurre a mí con el censor para que me trate tan duramente?
¿Como consolarse si tú eres una rama esbelta?
¡Oh, rostro que has robado mi corazón y te has replegado!
El amor udrí no puede apartarse de ti.
Su mirada turca hace en las entrañas lo que no hace el sable.
Me ha colocado encima la carga de la pasión
cuando apenas puedo llevar la camisa.
¡Tan debil estoy!
Lloro sangre por lo que dicen los censores:
"Los ojos de quien amas te amenazan como espada afilada".
¡Ojalá mi corazón fuese como el tuyo, y mi cuerpo se pareciese a tí en esbeltez!
Tú mi hermoso príncipe, tienes un vigilante severo y un chambelán injusto:
ambos me impiden llegar hasta ti.
Mintió aquél que dijo que toda la belleza se encontraba en José:
¡Cuantos Josés hay en tu belleza!
Procuro apartarme de ti, pues temo la mirada de los espias.
¡Cuanto me cuesta el apartarme!

26 jun 2014

Poemas árabes sobre la paciencia



I

Estoy perplejo, no cabe duda, con mis asuntos.
¡Por el Clemente! Me han llegado pesares que no sé de donde proceden.
Tendré paciencia para que las gentes sepan que fui sufrido con cosas mas amargas que la mirra.
¡Cuan hermosa es la bella paciencia que proviene de la fe!
Lo que el Señor destina a las criaturas, ocurre.
El más íntimo de mis secretos lo expresa mi rostro,
ya que lo más recóndito de mi pensamiento lo constituye tu secreto que yace en mi interior.

Si lo que yo encierro reposase en las montañas, las aplastaría;
si en el fuego, lo apagaría,
si en el viento, este no correría.

Si hay alguien que dice que el tiempo trae las alegrías,
es que deben de existir días más amargos que la hiel.

II

Si no esperase reunirme contigo,
la vida no tendría objeto para mí.
Juro que en mi corazón sólo cabe el amor que por ti siento,
Y Dios, mi Señor, conoce todos los secretos.

III


Ve despacio y no pierdas la paciencia con lo que quieres hacer;
sé considerado con los demás y encontrarás quién lo sea contigo.
No existe ninguna mano encima de la cual no se encuentre la de Dios,
ni tirano por encima del cual no haya otro.


IV

Ha intentado ser paciente,
pero sólo ha encontrado un corazón abandonado a la pasión.

V

Si no tiene la paciencia necesaria para guardar su secreto,
me parece que lo que más le conviene es la muerte.
VI

A aquél que me ha dicho que el consuelo no puede faltar,
le respondo enfadado:
¿Cuanto se hace esperar?
Me dice:
Llegará prono.
Respondo:
¡Oh, maravilla! ¿Quién me garantiza que viva aún?