Adivinanza
El habitante de la tumba tiene el alimento junto a la cabeza;
cuando prueba dicha comida habla.
Se pone de pie y anda hablando o callado,
pero después vuelve a la tumba de la que se le había hecho levantar.
En vida no merece honores; muerto no hay quien le llore.
Se trata de la pluma, la tumba es el estuche; el alimento la tinta del tintero a su cabecera.
La Kábala considera por el valor numérico de la palabra "pluma" notzhá (151) que equivale al de cosecha, recoleción "asif" (151), que a cada uno de nuestros vuelos o desplazamientos mentales le corresponde un nivel de cielo, al mismo tiempo que un oasis de luz interior o "naveh", que la pluma, y en potencia , ya contenía.
En la Edad Media y anteriormente tanto para escribir La Torah como El Corán, se empleaban indistintamente cañas o plumas, dependiendo de la época del año.
Cuento
Abu Salim un conocido sufí de Almería, fue a visitar a Rabí Yehuda Adalín de Granada, porque le habían llegado rumores de que, en su enseñanza, este siempre decía que "Cada ser humano trae consigo algo nuevo al mundo, algo totalmente renovador" .
Nuestro maestro Ibn Khaldum - dijo el sufí de Almería- sostuvo que lo ciclos se repiten, que la Historia es recurrente y que los seres humanos cometemos una y otra vez el mismo error. Si es verdaderamente así, ¿A qué novedad te refieres tú? ¿Que traemos a este viejo y gastado universo?
Rabí Yehuda Adalin poseía una herboristería en el mercado de la ciudad, y entre otras mercancías trabajaba, compraba y vendía plumas de oca y tenía reputación de excelente calígrafo, por lo menos eso decían en la corte. Corría el año 1085 de la Hegira y la reciente luna de la primavera brillaba en un cielo aún resplandeciente cuando aún no se había puesto el sol.
- Considera esta pluma - le confesó Yehuda Adalin a su visitante, mostrándole el cáñamo en el que trabajaba-, considérala en el cuerpo del ave que la poseyó. Era ligera y fina como todas, y tan blanca que avergonzaba a las nubes. -Como sabes, las ocas están entre nosotros, sobre la tierra del Creador desde tiempo inmemorial, por lo que es probable que esta pluma no haya cambiado nada desde que salió, segregada por un sueño impecable de la mente de su Hacedor. Sin embargo, las direcciones de su vuelo mientras formó parte del ala, el color de las tardes que atravesó, la fineza de sus bárbulas y la flexibilidad de su raquis bajo la lluvia la hicieron distintas de todas las demás. Es cierto que formas idénticas vienen una y otra vez al mundo, pero su historia y movimientos difieren.
-No te entiendo- suspiró el sufí de Almería.
-Toma - le dijo el judío - , lanza la pluma al aire tú primero y luego lo haré yo.
Abú Salim arrojó la blanca pluma de oca hacia arriba y la observó caer girando sobre su eje como un remolino de luz sólida. Un instante después la lanzó el Rabí y la pluma cayó de modo diferente, aunque también parecido.
-La novedad no está en la caída sino en el vuelo- comentó Rabi Yehuda Adalin -. Más aún ; la novedad está en el arrojo con que imprime su trayectoria en el aire. Así también son nuestras vidas.
Caer, caeremos todos, pero está en nuestras manos hacerlo con sencillez o estrépito, para bien del suelo o mal del firmamento. Tómala - Agregó Yehuda Adalin, tendiéndole la pluma - veía envejecer mis manos y ahora ha nacido para tí.
-Te escribiré con ella desde Almería - dijo el sufí con una sonrisa - para hablarte del mar que no has visto.
-Y yo te contestaré desde Granada - respondió el Rabí- para recordarte los aromas que ya has olido.