Miró fascinado hacia la niebla,
y la niebla se enamoró de él.
Ahora sus ojos son azulados y opacos,
y sentado a la puerta de la mezquita,
siente el éxtasis del enamorado,
solo roto por el ruido de la limosna
al caer en su escudilla.
y la niebla se enamoró de él.
Ahora sus ojos son azulados y opacos,
y sentado a la puerta de la mezquita,
siente el éxtasis del enamorado,
solo roto por el ruido de la limosna
al caer en su escudilla.
F.López
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