El lenguaje de los pájaros no me es desconocido,
ni el susurro del viento entre los árboles,
ni el rumor de los arroyos.
Me sobrecoge el estruendo de la tempestad,
no tanto como el dolor de la viuda y el huérfano
al escuchar tañer la campana.
Entre todos los sonidos,
prefiero el de la esperanza
pero ese sonido, es mudo.
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