Había un montón de los más
bellos instrumentos musicales desparramados por el suelo, entre
almohadones de Damasco, alfombras de Irán y sedas de China, allí se
encontraban la Darbuka y el Mazhar, el Laúd y el Mijwiz, el Ney y la
Zurna, todos hechos de los más nobles materiales: cuero, madera,
metales...Los más exquisitos barnices y acabados, pero todos ellos
desesperadamente necesitados de la imperfección humana y de la rudeza de
las manos para sacarles de su lánguido estado, para extraer de ellos
sus mágicas notas y melodías para conjuntarlos y convertirlos en una
armónica orquesta.
Moraleja: ninguna perfección puede demostrarse sin su contrapartida
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