La esclava cogió el laúd, lo acordó poniendo tensas las cuerdas y acompañándose con él, cantó estos versos con una voz dulce, más suave que el céfiro y más agradable que el néctar.
Dios perdone a tus ojos toda la sangre que han vertido
y todas las flechas que han lanzado tus miradas.
Canto a un enamorado incapaz de apiadarse o tener clemencia
y que maltrata a quien le ama.
¡Feliz sea el ojo, que por ti se ha desvelado!
¡Bendito sea el corazón que está enamorado de ti!
Puedes atreverte a matarme: eres mi dueño
y con mi propia vida redimo de su sentencia al juez
El sabor de la separación es amargo.
pero ¿se puede soportar?
Tres cosas me han ocurrido:
estar alejada, separada y abandonada.
Amo a un galán que, con su beldad, me ha cautivado,
pero la separación es amarga.
Dios perdone a tus ojos toda la sangre que han vertido
y todas las flechas que han lanzado tus miradas.
Canto a un enamorado incapaz de apiadarse o tener clemencia
y que maltrata a quien le ama.
¡Feliz sea el ojo, que por ti se ha desvelado!
¡Bendito sea el corazón que está enamorado de ti!
Puedes atreverte a matarme: eres mi dueño
y con mi propia vida redimo de su sentencia al juez
II
pero ¿se puede soportar?
Tres cosas me han ocurrido:
estar alejada, separada y abandonada.
Amo a un galán que, con su beldad, me ha cautivado,
pero la separación es amarga.
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