27 jun 2014

Poemas árabe sobre la maldad


I

¡ Maldita vieja aquella a la que el diablo contempla y al que ella le enseña los engaños en silencio!
Con su habilidad es capaz de conducir mil mulos descarriados con un sólo hilo de araña.
...
Es una vieja que tiene por naturaleza la brujería,
que considera lícito el pecado que jamás lo será.
Cuando niña meneó la cola; 
al ser joven, tiró piedras; 
al ser mujer fornicó,
y llegada a la vejez es alcahueta

II

Cuando tus ojos contemplen a un hombre con un apodo,
medita:
en él mismo encontrarás la razón de ese apodo.


III

Su ser se ha formado de distintos semen
y está compuesto de elementos corruptos.
No se puede vituperar a Dios
por reunir el mundo entero en un sólo ser

Poemas árabes sobre la belleza masculina (anónimo árabe)



I
versión A.
Por la noche observó los astros y se le presentó aquél joven que se cimbreaba en sus vestidos.
Saturno le había dado sus negras trenzas; el almizcle había adornado sus mejillas con un lunar.
Marte las había coloreado de rojo,
mientras Sagitario lanzaba flechas desde sus cejas.
Mercurio le había dado ingenio en exceso,
mientras que Suhá rechazaba  las miradas que le dirigían los censores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal horóscopo y la luna llena besó la tierra delante de aquella beldad.

versión B.
El astrólogo empezó a escrutar la noche
y encontró la figura de aquél esbelto joven que  se balanceaba con sus vestidos.
Géminis había esparcido en él granos de perlas que lucían en sus costados.
Marte le había dado el rojo de la mejilla,
mientras que Sagitario disparaba flechas desde sus pestañas.
De Mercurio le venía la agudeza de ingenio,
y Suha rechazaba las miradas indiscretas de sus detractores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal tema,
mientras que la luna llena besaba la tierra ante tanta beldad.

II
Si la casa hubiese sabido quién era el que la visitó,
se hubiese alegrado, hubiese sacado buenos auspicios
y hubiese besado el lugar en que puso el pie.
Diría en su lenguaje: "¡Bien venidas las gentes nobles y generosas!"

III

Sobresale en él la hermosura.
Bendígalo Dios (¡Ensalzado Sea!),
que es quien le ha modelado y dado forma.
Atesora en sí toda la belleza dispersa;
todo el género humano ha perdido la cabeza ante su hermosura.
La lozanía se ha inscrito en sus mejillas:
Doy fe de que, prescindiendo de él, la belleza no existe.

IV

Es un joven esbelto,
por cuya saliva desprecia el comensal la copa repleta y el porrón.
El efecto del vino, su color y su gusto están respectivamente:
en sus pupilas, en sus mejillas y en su saliva.
...
V

Si la propia belleza se presentase a competir con él,
bajaría avergonzada la cabeza.
Si se le preguntase:
"Belleza, ¿has visto algo parecido?"
Contestaría:
"Igual a éste, ninguno"

VI

Es una luna que ha alcanzado el límite de su belleza,
y el sol sale por las anémonas de sus mejillas.
Encierra en sí toda la hermosura, tanto,
que parece como si toda la belleza que existe en el mundo procediera de él.

VII

 El astrólogo empezó a escrutar la noche
y encontró la figura de aquel esbelto joven que se balanceaba e sus vestidos.
Géminis había esparcido en él granos de perlas rutilantes que lucían en sus costados.
Marte le había dado el rojo de la mejilla,
mientras que Sagitario disparaba flechas desde sus pestañas.
De Mercurio le venía la agudeza de ingenio,
y Suha rechazaba las miradas indiscretas de sus detractores.
El astrólogo quedó perplejo ante tal tema,
mientras que la luna llena besaba la tierra ante tanta beldad.

VIII

Un pensamiento oculto, que no se divulga,
permanece guardado en el corazón,
sin darse a conocer.
¡Oh, tú, que haces palidecer a la radiante luna con tu belleza,
cuya faz supera la luminosidad de la mañana!
Tu esplendor es para mí una señal que nunca se extingue;
es un punto fijo que crece y se multiplica.
El ardor me consume
al mismo tiempo que tu faz es para mí el paraíso;
me muero de sed cuando tu saliva es el Kawtar.

IX

La luna y el sol se reunieron en el mismo signo:
ambos estaban en su mayor apogeo y esplendor.
Su beldad encendió el amor en todos los que les observaban.
¡Que belleza cuando se desató la alegría!
Por su hermosura y por su gracia se completan:
alma y corazón se sienten atraídos hacia ellos.
¡Bendito sea Dios!
Sus criaturas son una maravilla.
Dios al crearlas, hace lo que quiere.

X 

¿Quién presumirá de poder coger la rosa de sus mejillas
si está protegida por la punta de las lanzas?
No extiendas las manos hacia ellas,
pues frecuentemente se desencadena la guerra
y sólo por dirigir a él los ojos.

Tiene duro el corazón y delicado el talle;
¿Por qué no cambian entre sí estas cualidades?
Si la delicadeza de su talle residiese en su corazón,
jamás sería duro con el amante ni le maltrataría.

Tú que me censuras por mi amor,
ponte al lado de quien me excusa.
¿Quién ayudará a mi cuerpo que se consume?

La culpa la tienen mi corazón y mi vista;
si no fuera por ellos no estaría en esta situación.

XI

Le abracé y quedé embriagado de su aroma,
¡Cuán hermosa es esa rama alimentada por el céfiro!
Estoy borracho sin haber probado el vino,
y sigo embriagado por el licor de su saliva.
Toda la belleza es su prisionera;
por eso dispone de los corazones a su antojo.
¡Por Dios! Me será imposible olvidarlo mientras conserve la vida,
pero tampoco podré olvidarlo después.
Si vivo, viviré amándolo;
si muero por su amor, por su pasión,
¡que felicidad!

 XII

Ha nacido quien ha de suceder a José en belleza:
todos los amantes temen cuando él sale.
Párate conmigo y míralo:
verás en su mejilla el estandarte negro de los califas.

XIII

Tus ojos no han visto jamá, entre todo aquello que cae  bajo el alcance de la mirada,
nada que sea más bello:
Un lunar verde oscuro en una mejilla rosada,
y debajo de la negra pupila.

XIV

Admiro ese lunar que adora siempre el fuego de tu mejilla,
y que nunca se quema a pesar de ser incrédulo.
Mas extraño aún:
tu mirada es un profeta cuyos milagros se creen,
a pesar de que sólo se trata de embrujo.

XV

Me extraña que las gentes pregunten por la tierra en que brota el agua de la vida,
cuando yo la veo en la boca de un bello jovencito,
de dulces labios rojos, sobre los que despunta el negro bozo

XVI

El bozo ha escrito - ¡excelentes escritos! -
dos lineas de arrayán en sus mejillas.
El sol y la luna quedan perplejos cuando aparece,
y cuando se curva,
¡qué vergüenza para las ramas!

XVII

El bozo ha escrito -¡amar sobre perlas!-
dos lineas de azabache encima de una manzana.
La muerte reside en sus ojos cuando miran,
y la embriaguez nace de sus mejillas sin necesidad de vino.

XVIII

¿Que me ocurre a mí con el censor para que me trate tan duramente?
¿Como consolarse si tú eres una rama esbelta?
¡Oh, rostro que has robado mi corazón y te has replegado!
El amor udrí no puede apartarse de ti.
Su mirada turca hace en las entrañas lo que no hace el sable.
Me ha colocado encima la carga de la pasión
cuando apenas puedo llevar la camisa.
¡Tan debil estoy!
Lloro sangre por lo que dicen los censores:
"Los ojos de quien amas te amenazan como espada afilada".
¡Ojalá mi corazón fuese como el tuyo, y mi cuerpo se pareciese a tí en esbeltez!
Tú mi hermoso príncipe, tienes un vigilante severo y un chambelán injusto:
ambos me impiden llegar hasta ti.
Mintió aquél que dijo que toda la belleza se encontraba en José:
¡Cuantos Josés hay en tu belleza!
Procuro apartarme de ti, pues temo la mirada de los espias.
¡Cuanto me cuesta el apartarme!

26 jun 2014

Poemas árabes sobre la paciencia



I

Estoy perplejo, no cabe duda, con mis asuntos.
¡Por el Clemente! Me han llegado pesares que no sé de donde proceden.
Tendré paciencia para que las gentes sepan que fui sufrido con cosas mas amargas que la mirra.
¡Cuan hermosa es la bella paciencia que proviene de la fe!
Lo que el Señor destina a las criaturas, ocurre.
El más íntimo de mis secretos lo expresa mi rostro,
ya que lo más recóndito de mi pensamiento lo constituye tu secreto que yace en mi interior.

Si lo que yo encierro reposase en las montañas, las aplastaría;
si en el fuego, lo apagaría,
si en el viento, este no correría.

Si hay alguien que dice que el tiempo trae las alegrías,
es que deben de existir días más amargos que la hiel.

II

Si no esperase reunirme contigo,
la vida no tendría objeto para mí.
Juro que en mi corazón sólo cabe el amor que por ti siento,
Y Dios, mi Señor, conoce todos los secretos.

III


Ve despacio y no pierdas la paciencia con lo que quieres hacer;
sé considerado con los demás y encontrarás quién lo sea contigo.
No existe ninguna mano encima de la cual no se encuentre la de Dios,
ni tirano por encima del cual no haya otro.


IV

Ha intentado ser paciente,
pero sólo ha encontrado un corazón abandonado a la pasión.

V

Si no tiene la paciencia necesaria para guardar su secreto,
me parece que lo que más le conviene es la muerte.
VI

A aquél que me ha dicho que el consuelo no puede faltar,
le respondo enfadado:
¿Cuanto se hace esperar?
Me dice:
Llegará prono.
Respondo:
¡Oh, maravilla! ¿Quién me garantiza que viva aún?

Poemas árabes sobre la separación y la ausencia



I

Si me tratases con justicia no me matarías,
la sentencia de separación no es justa.
Me has cargado con el peso de la pasión
cuando soy tan débil que no puedo soportar ni el de la camisa.
No me asombra el hecho de morir,
pero si me extraña de cómo mi cuerpo,
después de vos, puede reconocerse aún.
II

Me habéis abandonado al preferir la compañía de otro;
lo habéis demostrado al alejaros.
Nos no hemos obrado así.
Os abandonaremos como vos nos habéis abandonado;
nos consolaremos de vuestra falta
de la misma manera que vos lo habéis hecho de la nuestra.
Volveremos a amar, ya que vos os habéis inclinado por otros;
sois los responsables de la ruptura del vínculo
y no nos.
III

Despertaron el amor en mi seno y se fueron;
su morada se fijó lejos de mí.
El día en que se marcharon, mi razón también se fue.
El sueño y la resignación me abandonaron.
Se alejaron y la alegría me abandonó;
carezco de tranquilidad y de reposo.
Al separarse hicieron correr las lágrimas de mis ojos,
tan copiosas que podrían llenar los mares.
El día en que se apodera de mí la nostalgia de volverlo a ver,
el día en que aumenta mi deseo por él y el ansia de la espera,
en ese día su imagen está representada en lo más recóndito de mi corazón
por la pasión, la nostalgia y el recuerdo.
¡Oh, tú, cuya mención me es habitual!
¡Oh, tú, cuyo amor es la razón de mi vida!
¡Amado mío! ¿Hasta cuando esta tardanza sin fin?
¿Cuanto durará aún esta separación y este desvío?

IV

Después de haber permanecido un día con su noche en Damasco,
el tiempo juró que no la olvidaría.
Pasamos la noche mientras el ala de la tiniebla nocturna holgazaneaba,
y la aurora avanzaba cual un haz de cabellos grises.
El rocío, sobre las ramas, semejaba perlas
hechas caer por un soplo del céfiro.
Los pájaros leían,
la alberca era el papel,
el viento escribía
y las nubes puntuaban.

V

Pasó por el lado de la casa, la casa de Layla,
y besó sus paredes aquí y allá.
No es el cariño que siento por la casa el que apena mi corazón,
sino el de aquél que la habitó.
VI

Pido noticias de vos al sol en cuanto sale;
interrogo al relámpago en cuanto brilla.
El deseo de veros me estruja una y otra vez entre sus manos,
pero no me lamento por el sufrimiento.
¡Amigos! Ha pasado mucho tiempo,
y mi corazón ha quedado hecho pedazos.
Si se realizase mi deseo de volverlo a ver,
ocurrirían entre ambos las mejores cosas.
No creáis que me he distraído con otros,
porque el corazón es incapaz de albergar el cariño de los demás.

VII

¡Oh, tú que buscas la separación!
¡Ten paciencia con tu argucia!
¡Basta con la pasión!
Ten paciencia, pues el tiempo hace de traidor
y el fín de toda buena compañía  consiste en la separación.

VIII

Veo sus huellas y experimento una viva emoción:
derramo lagrimas encima de sus moradas.
Ruego a Quién me ha alejado de vuestro lado,
que un día me conceda el regresar.

IX

Pido noticias de vos al sol en cuanto sale;
interrogo al relámpago en cuanto brilla.
El deseo de veros me oprime una y otra vez entre sus manos,
pero no me lamento por el sufrimiento.
¡Amigos! Ha pasado mucho tiempo,
y mi corazón ha quedado hecho pedazos.
Si se realizase mi deseo de volverlo a ver,
ocurrirían entre ambos las mejores cosas.
No creáis que me he distraído con otros,
porque mi corazón es incapaz de albergar el cariño de los demás.

X

¡Por Dios, oh tumba!
¿Se han extinguido tus bellezas?
¿Se ha transformado aquella imagen regocijante?
¡Tumba! Careces de jardín y te faltan los cielos.
¿Como, pues, puedes reunir las ramas y la luna?

XI

¡Cuán buen nuncio me ha advertido de su llegada, 
trayéndome la mejor de las noticias!
Si le gustase la ropa usada, 
le regalaría un corazón que quedó hecho pedazos en el momento de la despedida.

XII

He llorado mucho tiempo a causa de nuestra separación.
Las lagrimas han brotado copiosamente de mis párpados.
Hice voto de que si el Señor me reunía con mi amado,
no volvería a pronunciar la palabra "separación".
La alegría me ha embargado hasta tal extremo,
que el exceso de regocijo me ha hecho llorar.

XIII

¡ Deteneos un momento antes de partir !
¡ Miradme una vez más para consolar a un corazón
al que la separación va a matar!
Si el concederme eso os causa dolor,
dejadme con mi pasión
y no os preocupéis.

XIV

Estamos separados en vez de estar juntos.
Os separasteis y nos separamos.
El amor que por vos sentimos nos ha impedido recuperar la salud;
nuestros ojos no se han secado.

El enemigo, enojado porque nos escanciábamos la copa del amor,
ha procurado romperla y el destino ha dicho: Así sea.
No tememos que nos mate en vuestra mansión;
tememos que nos difamen.

XV

Si os apartáis de mí, 
sabed que vuestro puesto está en mi corazón,
entre las costillas y las entrañas.
Pido al Clemente que nos vuelva a reunir.
Éste es un favor que Dios concede a quién quiere.

XVI 

El día de la separación se despidió de mí llorando del dolor que le causaba la partida.
Preguntó:
"¿Que harás cuando yo esté lejos?"
Respondí:
"Pregúntalo al Eterno".

XVII

¡Amigos míos!
He perdido el sueño;
mis penas han aumentado al alejarme de la patria.
Tenía un padre que me quería,
pero me abandonó para irse a vivir a la tumba.
Después me han ocurrido cosas que me han desgarrado el corazón.

XVIII

El alejamiento de la amada me ha debilitado y me ha dejado inerme;
las vicisitudes del tiempo han transformado en enemigos a los que antes eran amigos.
¡Gentes!
¿No hay entre vosotros un alma piadosa que tenga compasión de mí y atienda mi llamada?
La agonía y la muerte me parecen soportables,
puesto que he apartado de mí toda esperanza de vida.

¡Dios mío!
En nombre del que está en la vía recta,
del albriciador, del elegido, del que es un mar de generosidad y el mejor de los intercesores:
Te pido que me salves, que perdones mis errores y pongas fin a mis penas y tormentos.

XVIII

El corazón del enamorado está a punto de despedazarse.
¿Hasta cuándo durará este desvío?
¿Hasta cuándo?
¡Oh, tú, que te apartas de mí sin que yo haya faltado!
Las gacelas acostumbran escuchar.
Separación, desvío creciente y pasión
son tres cosas que no puede soportar el amante.

XIX

No te dejes llevar por la separación, pues esta tiene un sabor amargo.
El sol está amarillo en el momento de la puesta, por el dolor que la separación le produce.

XX

Me despedí de ella:
Con la mano derecha enjugaba mis lágrimas
y con la izquierda la estrechaba y la abrazaba.
Me preguntó:
"¿No te avergüenzas?"
Contesté:
El día de la separación es el del deshonor de los amantes.

 XXI

Las penas del amor han abrumado con exceso mis fuerzas;
por eso me encuentro agotado.
¡Emigrantes! ¡ Tened compasión de mi pena !
Después de vuestra partida se han apiadado de mí hasta los maldicientes.
No me impidáis que dirija una sola mirada que me ayude a soportar mi pena y mi pasión.
He pedido a mi corazón que tuviera paciencia por vuestro alejamiento.
Y me ha contestado:
" Tú eres quien la ha de tener, pues la paciencia no está entre mis costumbres.

XXII

¿Que he de decir para quejarme de las penas del alejamiento?
Si morimos de deseo ¿Cual es el remedio?
¿Encontraríamos un mensajero capaz de hablar en nuestro lugar?
Las quejas del amante no admiten mensajero.
Podríamos tener paciencia, pero ya no nos queda.
Después de tanto tiempo lejos de los amados.

XXIII

Marcharon y desaparecieron de mi vista,
pero siempre tendrán un lugar en mi corazón.
Su belleza se ha alejado de mí;
mi vida no encuentra más dulzuras y la pasión me extenúa.
Si Dios dispone que nos volvamos a reunír,
he de referir las penas del amor en un largo relato.

XXIV

Dios te proteja donde quiera que te encuentres,
¡Oh viajero que siempre estás presente en mi corazón!

Dios esté contigo donde quiera que vayas
y te proteja de las vicisitudes del tiempo y de la desgracia.
Te has marchado y mis ojos se han enturbiado tan pronto te perdí de vista;
mis lágrimas han resbalado en gran cantidad.

¡Ojalá supiera en qué región, en qué tierra, en qué casa y con qué gentes estás!

Si bebes el agua de la vida, fresca y pura, las lágrimas constituyen mi bebida.
Si tú consigues conciliar el sueño, yo tengo una brasa de insomnio entre el lecho y mi costado.

Todo me es fácil de soportar, excepto tu alejamiento;
lo demás no tiene importancia.

XXV

¿Por qué el sueño ha abandonado mis ojos?
¿Has sido tú quién ha enseñado el insomnio a mi vista?
¿Por qué tu recuerdo alimenta el fuego en mi corazón?
¿Todos los enamorados han de recordar así el amor?

¡Que bellos fueron nuestros días!
Han pasado y no he podido gozar de las dulzuras como me prometía.

Imploro al viento (el viento es el que de nuevo reúne a los enamorados);
"A tí se queja un amante que tiene pocos valedores;
las penas de la separación son capaces de hender las piedras."

XXVI

El amor ha consumido mi cuerpo de tristeza desde el día de la separación.
El estar medio  moribundo basta para mi cuerpo extenuado;
si note dirigiese la palabra, no me reconocerías


XXVII

Su imagen está siempre conmigo, nunca se ausenta.
Le he concedido el lugar de honor en mi corazón.
Si no fuese porque espero su retorno, no viviría ni un instante más;
si no fuese por su imagen que se me aparece en sueños, no pegaría ojo.

XXIX

¡Amigo mio! ¡Cuanto tardas!
Yo aguardo con impaciencia aunque ningún mensajero me trae noticias
Los días de la unión son breves
¡ojalá los breves fuesen los días de la separación!

Cogedme de la mano y tened piedad por la pasión que ha consumido mi cuerpo
a pesar de haber tenido paciencia.
Si me pedís que me consuele os respondo:
¡Por Dios! No me he de consolar hasta el momento de la resurrección!

XXX - Ibn Zaydún- de la qasida muniyya


¡Ay,qué cerca estuvimos y hoy que lejos!
Al tiempo delicioso de las citas
la desunión durísima sucede.
Nos separó la suerte,
 y no hay rocío, que humedezca,
resecas de deseo, mis ardientes entrañas;
pero, en cambio, de llanto mis pupilas se saturan.
Al vernos escanciar copa de amores despechados,
los émulos hacían votos por nuestro mal,
y la fortuna, (así se cumpla) decretó impasible.
Quién decirle podrá,
que aquellas horas que me hacían reír alegremente,
ahora me hacen llorar porqué está lejos.
¡Oh, eterno paraíso, cuyo río,
cuyo loto dulcísimo he trocado
por fruta del infierno y pus hediondo!

XXXI

Las lágrimas han inundado mis párpados
de tanto como he sentido nuestra separación.
He hecho voto de que si el tiempo volvía a reunirnos,
no volvería a pronunciar mi lengua la palabra "separación".
La alegría me embarga hasta el extremo de que,
por lo mucha que es, me hace llorar.
¡Oh, ojos! Las lágrimas ya son para vosotros una costumbre tal
que lloráis de alegría y de tristeza.

XXXII

La separación es larga, y la pena del sufrimiento son constantes.
Las lagrimas ¡Oh, amado!, llenan mis pupilas.
Me despedí del corazón el día de la partida;
me he quedado solo; sin corazón y sin esperanza.
¡Amigo mio! quédate a mi lado para que yo me despida de aquel
cuya palabra cura las enfermedades.

XXXIII

No hay por qué censurar al amigo:
la censura  sólo lo excita.
Has dicho una cosa justa, pero él no la escucha.
A Dios recomiendo la protección en el valle,
de una luna que me pertenece y que escapa de las esferas.
Me he despedido de ella,
pero hubiera preferido que todas las alegrías de la vida se hubiesen despedido de mí,
a tener que apartarme de su lado.
Sólo ha intercedido por mí una mañana, 
en el día de la separación, cuando nuestras lagrimas corrían a mares.
Digo la verdad cuando afirmo,
que el vestido de la disculpa se ha roto al separarme de ella,
por más que yo procuro remendarlo.
Mi cuerpo no consigue el descanso ni tan siquiera en la cama.
Lo mismo le pasa a ella, después de mi marcha.

XXXIV

Ojalá estés seguro doquiera que te encuentres,
¡oh tú, que has emprendido el viaje quedándote en mi corazón!
¡Protéjate Dios doquiera que te instales!
¡Sálvete de las vicisitudes del destino y de las desdichas!
Te marchaste, y al alejarte, mis ojos han quedado desconsolados;
mis lágrimas fluyen a borbotones.
¡Ojalá supiera  en que tierra, en que morada te has instalado,
junto a qué y en que familia!
Si tú bebes agua pura y límpida,
yo abrevo en las lagrimas de mis ojos.
Todo me es soportable, salvo estar separado de ti.


XXXV

Se ha levantado un viento cálido que atiza la pasión con su soplo.
¡Oh, céfiro! ¡Acércate a nosotros!
Todo el que ama tiene su suerte y su parte.
Si pudiéramos, te abrazaríamos como el amante estrecha el cuerpo de su amada.
Dios me ha privado, al arrebatarme la faz de mi amado, de  la vida y el bienestar.
¡Ojalá supiera si su corazón es igual al mio, que se licua con la llama y el calor de la pasión?

XXXVI

¡Oh, tú que buscas la separación!
¡Poco a poco!
No te dejes engañar por los abrazos.
¡Poco a poco!
Porque el tiempo, es, por naturaleza traidor,
y toda amistad acaba con la separación.

XXXVII

¡Quién supiera si después de nuestra separación va a llegar la unión!
¿Me quejaría ante vosotros de mis penas de amor?
Os recuerdo mientras la noche transcurre,
y me hacéis velar mientras las gentes duermen

XXXVIII

Te escribo, ¡Oh mi deseo!, explicándote los dolores que me causa la separación
El primero que anoto es el fuego de mi corazón.
El segundo, mi pasión y mi deseo.
El tercero, el transcurso de mi vida y mi paciencia;
El cuarto, toda la pasión que resta.
El quinto: ¿Cuando te verán mis ojos?
Y el sexto: ¿Cual será el día del encuentro?
Te escribo mientras las lágrimas corren; el llanto no tiene fin.
No desesperes del favor divino; tal vez algún día me reúna contigo.


Poemas árabes sobre la diáspora


I
Si temes una opresión, huye con tu vida: deja que la casa solloce por quién la construyó.
Puedes encontrar una tierra que valga tanto como otra, pero jamás encontrarás una vida que equivalga a otra.
Me maravillo de quién vive en un país en el que se le veja, cuando la tierra de Dios es tan amplia.
Aquél que está predestinado a morir en un lugar no morirá en otro distinto.
...
II
¡Emprende el viaje!
¡Algo encontrarás a cambio de lo que abandonas!
¡Conságrate al trabajo!
Las dulzuras de la vida residen en él.
Él permanece fijo
en un sitio que no es motivo de vanagloria para quien es listo y cultivado;
abandona tu patria y destiérrate.
He observado que el agua estancada se descompone;
pero si se trata de agua corriente, siempre es buena;
sólo si no corre es mala.
Si la luna no se moviese, no la contemplaría en cada instante el ojo del observador.
El león, si no abandonase la guarida, no cazaría;
la flecha, si no partiese del arco, no haría blanco.
El lingote de orno no vale más que el polvo cuando está abandonado en un lugar;
el áloe, en donde crece, no es más que un leño.
Si éste cambia de lugar, aumenta de valor;
pero si se queda en su origen, no asciende de rango.

III
...
Veo sus huellas y experimento una viva emoción:
derramo lágrimas encima de sus moradas.
Ruego a Quién me ha alejado de vuestro lado,
que un día me conceda el regresar.

IV

Te conjuro a que digas al Nilo, en mi nombre, 
que no he podido aplacar mi sed ardiente con las aguas del Éufrates.
¡Cuantas personas queridas quedaron en Egipto!
Espero que ello sea un mérito.

V

¡Salva tu vida si temes perderla!
¡Deja que la casa se derrumbe sobre quien la construyó!
Puedes encontrar un país que sea tan bueno como éste,
pero no hallarás un alma distinta de la que tienes




21 may 2014

Naguib Mahfuz "Escuchar es obedecer" (de su Asda´al sira al-dhatiyya)

Escuchar es obedecer

El sheij Abd Rabbi al Taih refirió:
Le dije con humildad y sin apartar los ojos de su cara:
- Nunca había visto a nadie con una magnificencia así.
- Gracias a Dios, Señor del Universo - respondió sonriendo -
- Me gustaría saber quién eres, señor.
Él dijo con tranquilidad, como recordando:
"Yo soy el que te despertaba antes de salir el sol".
- Yo le escuchaba con atención. Continúo:
"Soy el que te ayudaba a vencer la pereza para que empezaras a trabajar".
- Pensé profundamente en lo que había dicho. El prosiguió:
"Soy quién te ha incitado el deseo de conocimiento".
- Sí, sí - exclamé-.
"Y la belleza de la existencia. Yo era quién te guiaba a sus fuentes.
- Siempre estaré en deuda contigo.
Reinó un tenso silencio. Presintiendo que me iba a pedir algo, dije:
- Estoy a tu disposición.
Él respondió con gran calma:
 "He venido para poner en mi trabajo el punto final".

18 may 2014

Poemas árabes sobre la amistad - Anónimo de las 1001 noches (del relato el primer Saaluk)




I
Te coloqué como fuerte coraza para que me protegieses de las flechas de mis enemigos, y ahora eres su punta.
Esperaba que en cualquier desgracia que sufriese mi diestra, tu serías mi siniestra.
Deja a un lado lo que de mí dicen  los que censuran; deja que sea el enemigo quien me arroje sus flechas.
Si no me defiendes del ataque del enemigo, permanece neutral; ni en favor ni en contra.
¡Cuantos amigos hay que se toman por escudo -y escudos son- ¡pero del enemigo!
Crees que van a ser flechas certeras y sólo hacen blanco en tu corazón.
Se justifican diciendo: "Nuestros corazones son puros" de todo afecto por mí.
Añaden: "Haremos todo lo que podamos" dicen verdad; lo harán para perderme.

¡Cuantos amigos hay que se toman por escudo y escudos son, pero del enemigo!
Crees que van a ser flechas certeras y sólo hacen blanco en tu corazón.
Se justifican diciendo: "Nuestros corazones son puros". Dicen verdad, están "puros"
de todo afecto por mí.
Añaden: "Haremos todo lo que podamos".
Dicen verdad: lo harán para perderme.

II

Si hubiésemos sabido que ibas a venir,
hubiésemos puesto tapices trenzados con la sangre del corazón
o con el negro de los ojos.
Hubiésemos tapizado nuestras mejillas 
y hubiésemos salido a tu encuentro para que llegases por encima de los pájaros.

III

Cuando quiero echar de lado a un amigo;
no necesito excusas para apartarlo.

IV

El vaso transparente y el límpido vino, se confunden y parecen una sola cosa.
Parece que solo existe el vino, y que la copa falta
o que es una copa sin vino.

V

Un amigo malo es peor que una serpiente maligna,
juro por la esencia pura del Dios eterno.

Un compañero malo os lleva hacia el infierno;
buscad un compañero bueno para que tengáis éxito.