Calila y Dimna es el titulo final de una serie de traducciones de fábulas o cuentos antiquísimos que finaliza en el siglo XIII pero cuyos orígenes se remontan mucho más atrás. Los cuentos basados generalmente en conversaciones entre animales fueron traducidos del Árabe Kalila wa-Dimna, (de quien toma el título castellano) por orden del Rey Alfonso X El Sabio. A su vez anteriormente fueron traducidos del persa al árabe en el siglo VIII por Ibn al Muqaffa. La obra original profundiza sus raíces hasta el Pachtatantra del 300 A.C.y tiene una carga de sabiduría tan profunda como su origen.
Estos apuntes sólo corresponden a una fábula o cuento "La Paloma Collarada" en la que se narra la amistad entre la paloma un ratón y un cuervo.
¿Acaso no sabes que tanto lo bueno como lo malo son obra del destino? Otros más fuertes y más grandes que yo se han visto impotentes frente al destino. El Sol y la Luna se eclipsan si él lo decide.
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Quiero tu amistad.
Tú y yo no tenemos nada que ver. Es prudente quien procura lo que puede conseguir y deja lo que no tiene modo de conseguir. De otra forma es como querer ir en barco por tierra y sobre ruedas por el mar.
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En el mundo hay dos clases de personas con las que conviene relacionarse y de las que conviene ser amigo: capaces de sentir y capaces de dar. Las personas capaces de sentir son francas, las capaces de dar son cooperadoras y buscan ser útiles. Quienes entablan amistad por el provecho, son sin embargo, en su forma de dar y favorecer como el cazador que echa grano a los pájaros, que no busca con ello el bien de éstos, sino el suyo propio; y dar con el corazón es mejor que dar con la mano.
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Sufrí tanto que aborrecí el dinero y hasta oírlo mencionar. De tal modo que si lo mentaban me ponía a temblar de miedo. Luego reflexioné y concluí que el ansia y el anhelo son la causa de la mayor miseria en el mundo, pues sin cesar llevan a quien los siente de una cosa a otra y las cosas jamás se colman ni se acaban. Por eso el hombre mundano sufre siempre pesar, fatiga y desencanto.
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No hay entendimiento como la organización, ni piedad como el abstenerse de cosas ilícitas, ni prestigio como el buen carácter, ni riqueza como el contentarse; no hay cosa que más merezca perseverar ni más honre que la misericordia.
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Por experiencia he aprendido que lo único que hay que procurar en el mundo es aquello que aparta a uno de los pesares y procura de qué comer y beber, porque esto asegura la salud y el desahogo. De nada le vale al hombre que el mundo le otorgue cuanto contiene si no le da ese poco con que satisfacer la necesidad
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He visto que mantienes en el ánimo el recuerdo de la penuria, el infortunio y el exilio. ¡Arrójalo del corazón y comprende que las buenas palabras sólo están completas con las buenas obras! Porque de nada aprovecha al enfermo saber el tratamiento que conviene a su dolencia, sólo si lo consigue aliviar y sanar.
Lleva a la práctica tu opinión y no te apenes porque te falte el dinero, pues el hombre virtuoso honra sin necesidad de dinero, como el león, que atemoriza aunque esté echado.
No des importancia al exilio, porque el prudente nunca está exiliado y es igual que el león, que a ninguna parte va que no lleve su fuerza.
Si respetas tus compromisos el bien vendrá a buscarte de todas partes igual que el agua busca lo llano.
Se ha dicho que hay cosas que nunca son firmes ni permanecen; la sombra de las nubes, el crédito de los malos, el amor de las mujeres, la noticia del mentiroso y el mucho dinero. Por eso, quien es prudente no se apesadumbra por tener poco, pues su dinero es el entendimiento y cuanto allega por la calidad de su trabajo.
La inteligencia nada vale frente al destino.
A las personas se las conoce en la desgracia; al que es leal en el dar y el tomar; a la familia y a los hijos en la miseria; a los hermanos en las calamidades.
La persona de entendimiento no hace pequeño a ningún enemigo, porque quien menosprecia al enemigo se engaña y quien se engaña con respecto al enemigo sale malparado.
Extremar la habilidad, la afabilidad, la benevolencia y la serenidad es cosa tuya, porque el emisario ablanda los corazones si se comporta con comedimiento y los endurece si se comporta rudo.
Todo lo ardiente tiene algún contrario que lo apaga: para el fuego es el agua, para el veneno en antídoto, para la pena la resignación, para el amor la separación. Sin embargo el fuego del rencor nunca se extingue.
Me he excedido al hablar y con ello he acarreado la enemistad y el odio contra mí mismo y contra los míos.
Yo soy de las personas que saben hablar pero no obtener resultados loables.¿O acaso no es prueba de estupidez haberme atrevido a hablar de un asunto trascendente sobre el que no se me había pedido consejo y en el que mi opinión no contaba para nada? Y es que quien no sigue el ejemplo de las personas prudentes y expone su opinión sin afinarla bien ni considerarla, no obtiene satisfacciones de ella. Exactamente por eso no es bueno lo que me he granjeado hoy, que ha sido dar en la preocupación.
La victoria del momento garantiza la victoria final.
Al prudente toda paciencia le parece poca cuando se ve en algún caso tremendo o desagradable, del que teme desgracias para sí mismo o su gente, y lo soporta por el buen fin y el mucho bien que espera lograr con aquella. Por esto, nada le parece inconveniente ni abominable con tal de obtener lo que necesita; porque al término de todo disfrutará del resultado de la paciencia.
Nadie puede conseguir riquezas sin hacerse arrogante, seducir a las mujeres sin deshonrarse, comer demasiado sin enfermar, confiar en ministros imprudentes y quedar a salvo de la ruina. Pues se ha dicho: "Es imposible que el arrogante haga elogios sinceros, que el buen amigo calumnie, que el noble sea maleducado, que haya codicia en el piadoso, que no cometa errores el ambicioso, que el rey petulante y descuidado y con ministros débiles goce de un reino estable y una grey conforme".
Está dicho que el rey debe saber lo que pertenece a cada cosa, cuando hay que ser riguroso y cuando blando, cuando iracundo y cuando indulgente, cuando arrebatado y cuando impaciente, y cuidarse tanto del presente como del mañana en sus empresas.
Está dicho: El enfermo no sabe lo que es comer y dormir hasta que sana. Ni el hombre codicioso, que ha puesto todo su afán en tener todo el dinero y el poder en las manos, hasta que lo consigue. Ni el hombre acosado por su enemigo y temeroso de él mañana y tarde hasta que su corazón descansa de él. Porque quien al fin puede soltar de la mano la pesada carga que llevaba, descansa íntimamente. Y quien queda a salvo del enemigo, reposa.
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